La región seguía estando en primera línea de la erosión global del respeto a los derechos humanos universales y los marcos de justicia internacional. Rusia continuó liderando esta tendencia al persistir en su agresión a Ucrania y cometer otros crímenes de derecho internacional en ese país, como ataques indiscriminados contra civiles y contra infraestructuras esenciales. La mayor parte del sufrimiento recayó en la población civil.
En este contexto, los derechos humanos se utilizaron cada vez más como objeto de transacción. Bielorrusia consiguió una reducción de las sanciones de Estados Unidos a cambio de la liberación de personas presas, y en Ucrania y otros lugares se antepuso la obtención de minerales raros y recursos energéticos a las vidas humanas. Se celebró la primera cumbre Unión Europea-Asia Central en un contexto de incumplimiento sistemático de los compromisos internacionales en materia de derechos humanos en toda Asia Central. A pesar del pésimo historial de Azerbaiyán en materia de derechos humanos, la Unión Europea y otros actores internacionales intensificaron su cooperación energética con ese país para disponer de una alternativa al petróleo y el gas rusos.
La sociedad civil fue sometida a una presión implacable. Un número creciente de activistas, periodistas y organizaciones fueron calificados de “terroristas”, “extremistas”, “indeseables” o “agentes extranjeros” y obligados a exiliarse o a cesar en sus actividades. El clima de miedo y la reducción del apoyo internacional a los derechos humanos, marcada por la medida sin precedentes de Estados Unidos de retirar la ayuda exterior, diezmaron las organizaciones de la sociedad civil y redujeron de manera significativa la información sobre los derechos humanos.
Otros ejemplos de reducción drástica del respeto a los derechos humanos incluyeron el intento de Kirguistán de volver a introducir la pena de muerte a pesar de las prohibiciones constitucionales e internacionales. Georgia adoptó sin restricciones prácticas autoritarias y medidas represivas sistémicas contra la disidencia.
La libertad de religión o de creencias, el Estado de derecho y los derechos de las personas refugiadas y migrantes no fueron excepción al deterioro general de los derechos humanos, y su declive fue generalizado en toda la región. La tortura y otros malos tratos seguían siendo endémicos. Persistía la violencia por motivos de género. El crecimiento de la producción y el consumo de combustibles fósiles puso de manifiesto el desprecio de los gobiernos hacia sus obligaciones en materia climática.
Violaciones del derecho internacional humanitario
Continuó implacable la guerra de agresión contra Ucrania iniciada cuatro años antes por Rusia, que intensificó sus ataques aéreos contra infraestructuras civiles esenciales. Su práctica generalizada de la desaparición forzada y la tortura, y sus ataques con drones, dirigidos al parecer contra civiles, constituían crímenes de lesa humanidad. Rusia atacó infraestructuras energéticas prácticamente a diario en los meses de invierno, dejando a millones de personas sin calefacción ni electricidad con temperaturas bajo cero. Los ataques de Ucrania contra instalaciones energéticas de Rusia provocaron apagones. Varios ataques ucranianos contra objetivos en territorio ruso causaron víctimas y dañaron infraestructuras civiles.
En los territorios que ocupaban, las autoridades rusas sometían a civiles a desaparición forzada y tortura sistemáticas. Además, Rusia tomó medidas para borrar la identidad ucraniana, entre otras cosas a través de su plan de estudios obligatorio en las escuelas. Cometiendo una violación flagrante de las leyes de la guerra, impulsó legislación para privar de sus propiedades y de otros derechos a las personas que residían en los territorios anexionados ilegalmente en 2022 si éstas se negaban a adquirir la nacionalidad rusa.
Armenia y Azerbaiyán no avanzaron en la rendición de cuentas por las presuntas violaciones de derechos humanos cometidas durante el conflicto relacionado con Nagorno Karabaj.
Todas las denuncias de crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad deben investigarse de manera imparcial e independiente, incluso en virtud del principio de jurisdicción universal.
Libertad de expresión
El asedio al derecho a la libertad de expresión era cada vez mayor en toda la región, donde las voces críticas eran sistemáticamente calificadas de “extremistas”, “traidoras” y “agentes extranjeros”, obligadas a exiliarse, encarceladas por cargos de motivación política o sometidas a tortura y otros malos tratos y a la prohibición de viajar.
En Azerbaiyán, más de 300 personas que se habían mostrado críticas con las autoridades estaban en prisión por cargos falsos y decenas tenían prohibido viajar, y los medios de comunicación independientes que quedaban se vieron obligados a cerrar. En Georgia, los medios independientes se enfrentaban a toda una diversidad de formas de represión, incluidas campañas de desprestigio, multas e investigaciones penales.
Bielorrusia amplió su “lista de personas implicadas en actividades extremistas” hasta incluir al menos 6.127 y prohibió cualquier organización vinculada de algún modo con quienes figuraban en esa lista.
Kirguistán calificó de “extremistas” a destacados medios de comunicación independientes, lo que significaba que cualquier promoción o difusión de sus materiales podía dar lugar a procesamiento. Moldavia continuó suspendiendo sin supervisión judicial licencias de canales de televisión prorrusos.
En Rusia, quienes se oponían a la guerra contra Ucrania o expresaban otras opiniones disidentes eran objeto de graves sanciones, incluidas largas penas de prisión. La censura, omnipresente en la vida pública, dio lugar a la prohibición de música, libros y películas de autores calificados de “agentes extranjeros” o de “terroristas y extremistas”.
Libertad de reunión pacífica
Se intensificó la represión del derecho de reunión pacífica, y quienes intentaban ejercerlo eran objeto de enjuiciamiento, prisión, y tortura y otros malos tratos.
La protesta abierta seguía siendo reprimida en la mayoría de los países de la región y, por tanto, era infrecuente. En Bielorrusia, Tayikistán y Turkmenistán, las concentraciones prácticamente no existían y quienes se manifestaban pacíficamente se enfrentaban a graves sanciones. Las autoridades bielorrusas intentaron sancionar a personas que participaban en protestas en el extranjero.
Las autoridades de Georgia respondieron a las manifestaciones diarias que seguían celebrándose desde finales de 2024 penalizando actividades pacíficas como taparse la cara u ocupar las aceras. La policía empleó contra manifestantes fuerza ilícita, como palizas, gas lacrimógeno, balas de goma y cañones de agua que, según informes, contenía sustancias colorantes tóxicas. Se actuó sistemáticamente contra activistas, periodistas y simpatizantes de la oposición mediante registros, arrestos y penas de cárcel sólo por ejercer sus derechos humanos.
Aun así, en Rusia, donde la protesta había sido reprimida con dureza, persistieron las pequeñas concentraciones para protestar por asuntos localmente pertinentes, y en Ucrania no cesaron las protestas multitudinarias contra la corrupción a pesar de las restricciones de la ley marcial.
Libertad de asociación
Los gobiernos reprimieron e hicieron peligrar aún más el entorno operativo de la sociedad civil a través de legislación represiva, criminalizando la participación pública e imponiendo restricciones económicas draconianas. Los graves recortes de la ayuda exterior complicaron la situación y obligaron a decenas de ONG a cerrar o a reducir drásticamente su actividad.
Azerbaiyán reabrió una causa de 2014 contra varias ONG, llevó a cabo redadas y actuó contra sindicatos y grupos de base. Bielorrusia penalizó la participación en actividades de ONG clausuradas por la fuerza, suspendidas o no registradas. Georgia aprobó legislación contra “agentes extranjeros” y congeló las cuentas bancarias de varias ONG con el argumento de que habían participado en actos de “sabotaje” al proporcionar artículos médicos y otra ayuda a manifestantes en 2024.
El presidente de Kazajistán acusó a “supuestas organizaciones de derechos humanos, blogueros y periodistas” de recibir financiación del extranjero para fomentar dinámicas negativas y culpar a las autoridades. Rusia continuó instrumentalizando la legislación sobre “agentes extranjeros” y “organizaciones indeseables” para poner trabas a la sociedad civil, estigmatizando y encarcelando a sus activistas. Otras 95 organizaciones, entre ellas Amnistía Internacional y Human Rights Watch, fueron declaradas “indeseables”.
Los gobiernos deben abolir todas las leyes y prácticas que obstaculicen el ejercicio del derecho a la libertad de expresión, de asociación y de reunión pacífica, y dejar de utilizar excusas para reprimir la disidencia y acallar el debate sobre su historial en materia de derechos humanos.
Juicios injustos
Los juicios justos eran cada vez más escasos debido a la instrumentalización de los sistemas de justicia para perseguir la disidencia. Aumentó el número de personas declaradas culpables in absentia de cargos como “terrorismo” y “extremismo”.
Azerbaiyán encarceló a decenas de periodistas y activistas por cargos falsos y tras juicios injustos, y al final del año había cerca de 30 trabajadores y trabajadoras de medios de comunicación en prisión o en detención prolongada en espera de juicio. En Bielorrusia aumentó el número de personas condenadas por motivos políticos, a pesar de algunas liberaciones anticipadas a cambio del alivio de las sanciones.
En Georgia, la detención arbitraria y el encarcelamiento de manifestantes, periodistas y figuras de la oposición tras juicios injustos eran prácticas habituales en el contexto de la represión de la disidencia. En Kirguistán, los cargos falsos contra destacados periodistas independientes, que trabajaban en medios de comunicación como Kloop y Temirov Live, representaron un duro revés para la labor informativa independiente en el país. En Kazajistán y Turkmenistán, voces disidentes fueron a prisión.
En Rusia, la judicatura continuó imponiendo duras condenas por cargos de motivación política que a menudo eran manifiestamente absurdos. En Tayikistán se impusieron largas penas de prisión a figuras políticas de la oposición y exautoridades en juicios a puerta cerrada y seguía sin darse respuesta oficial al llamamiento de 12 organizaciones internacionales de derechos humanos en favor de la liberación del abogado de derechos humanos Buzurghmehr Yorov, encarcelado arbitrariamente desde 2015.
Las autoridades deben garantizar el derecho a un juicio justo y abstenerse de hacer un uso indebido del sistema de justicia para perseguir la disidencia.
Tortura y otros malos tratos
La tortura y otros malos tratos seguían siendo endémicos en la región. La impunidad por estos delitos también seguía siendo generalizada y las investigaciones sobre violencia policial eran excepcionales e ineficaces.
Salieron a la luz numerosos informes sobre ejecuciones extrajudiciales y tortura a prisioneros de guerra ucranianos a manos de las fuerzas rusas. En las prisiones rusas, los abusos incluían frecuentes encierros en celdas de castigo, así como negación de asistencia médica y de contacto con el mundo exterior.
En Azerbaiyán eran habituales la tortura y otros malos tratos bajo custodia, que incluían reclusión en régimen de aislamiento, privación de asistencia médica, violencia, traslados punitivos y uso prolongado de esposas y grilletes. Según informes, al menos dos víctimas de enjuiciamiento por motivos políticos murieron bajo custodia en Bielorrusia, y al menos siete en Tayikistán, entre ellas cinco activistas pamiris.
En Georgia era habitual que agentes enmascarados golpearan a las personas detenidas durante el arresto y bajo custodia. En Kazajistán no se abordaron las numerosas denuncias de tortura tras las manifestaciones multitudinarias de 2022, y en Kirguistán se disolvió el organismo estatal de prevención de la tortura a pesar de las advertencias de la ONU en contra de tal medida.
En Uzbekistán persistían los motivos de preocupación en relación con la tortura y otros malos tratos. En Bielorrusia y Turkmenistán seguía siendo habitual la detención en régimen de aislamiento o incomunicación, que en muchos casos constituía desaparición forzada.
Los gobiernos deben actuar con urgencia para poner fin a la tortura y otros malos tratos y llevar ante la justicia a todas las personas que puedan haber incurrido en responsabilidad penal para que sean sometidas a un juicio justo.
Derechos de lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales
Se observó una reducción constante del respeto de los derechos de las personas LGBTIQ+, y los ataques directos contra éstos eran frecuentes. No existía una legislación integral contra la discriminación en la región, mientras que cobraba impulso la narrativa oficial de que los derechos de las personas LGBTIQ+ iban en contra de los “valores tradicionales”.
Una noticia positiva fue que en Ucrania un tribunal reconoció por primera vez a una pareja homosexual como familia de hecho, y el apoyo popular a la igualdad de derechos para las personas LGBTIQ+ parecía crecer de forma constante.
En Moldavia, las autoridades de facto de la Transnistria ocupada por Rusia promulgaron legislación anti-LGBTIQ+ sobre “propaganda”, y en Kazajistán se aprobaron disposiciones análogas. En Uzbekistán y Turkmenistán, las relaciones sexuales entre varones seguían estando tipificadas como delito.
Los gobiernos deben derogar toda legislación, política y práctica que discrimine a las personas LGBTIQ+, lo que incluye despenalizar las relaciones sexuales consentidas entre personas del mismo sexo y eliminar los obstáculos jurídicos para el matrimonio igualitario.
Violencia por motivos de género
La violencia de género seguía estando muy extendida. En Georgia, la continua retórica misógina y sexista de altos cargos públicos iba acompañada de abusos por motivos de género contra mujeres manifestantes, incluidas amenazas de agresión sexual y degradantes registros corporales integrales sin ropa. El Parlamento de Rusia no consideró promulgar legislación sobre violencia de género en el ámbito familiar pese a que su adopción contaba con un fuerte respaldo público. En Tayikistán, el número de casos de violencia de género intrafamiliar aumentó un 15% respecto al año anterior.
Los gobiernos deben combatir con urgencia todas las formas de violencia de género y abordar sus causas fundamentales.
Libertad de religión o de creencias
Se denunciaron tácticas represivas que limitaban la libertad de religión o de creencias en toda la región, como la imposición de restrictivos requisitos de registro y el uso indebido de la legislación antiextremista en contra de minorías religiosas.
Bielorrusia tomó medidas poco transparentes para eliminar del registro a organizaciones religiosas y prohibió toda actividad religiosa no registrada; el clero no afín a las autoridades se enfrentaba a persecución constante en el país. Kirguistán promulgó una ley restrictiva que coartaba la actividad religiosa no registrada, prohibía determinada indumentaria religiosa y declaraba ilegal la iglesia adventista por “extremista”. Rusia continuó enjuiciando y encarcelando arbitrariamente a miembros de la confesión Testigos de Jehová y actuando contra otras comunidades religiosas. Mecanismos expertos de la ONU criticaron las últimas medidas adoptadas por Ucrania para disolver la iglesia ortodoxa ucraniana, acusada de vinculación a Rusia, por “equiparar filiación religiosa con amenazas a la seguridad nacional”.
Los gobiernos deben adoptar medidas eficaces para implementar reformas de las leyes y políticas con el fin de proteger, promover y garantizar plenamente la libertad de religión o de creencias, sin discriminación ni persecución.
Derechos de las personas refugiadas, migrantes e internamente desplazadas
Millones de personas continuaron sufriendo desplazamiento forzado, principalmente en Ucrania. Armenia tenía dificultades para proporcionar alojamiento y medios de vida a las más de 100.000 personas desplazadas de Nagorno Karabaj. Bielorrusia seguía forzando a personas refugiadas y migrantes a cruzar sus fronteras con la Unión Europea, según informes empleando la violencia física contra ellas. Rusia impuso para la matriculación de los niños y niñas migrantes en la escuela unos requisitos —una prueba lingüística obligatoria y demostrar la legalidad de su entrada en el país— que dejaban fuera del sistema educativo a la mayoría de ellos. Las autoridades de Tayikistán tomaron medidas para expulsar del país a personas refugiadas afganas.
Los gobiernos deben garantizar que todas las personas que huyan de la persecución y de violaciones de derechos humanos tienen acceso a seguridad y a protección internacional, y que ninguna es objeto de devolución a un lugar donde correría un peligro real sufrir abusos graves contra sus derechos humanos.
Derecho a un medioambiente saludable
La guerra de Rusia provocó graves daños ambientales dentro y fuera del país: su agresión a Ucrania siguió comportando graves consecuencias para el medioambiente y sus ataques militares continuaron amenazando la seguridad nuclear. La represión de la sociedad civil tanto en Rusia como en Bielorrusia obligó a exiliarse a activistas contra el cambio climático independientes.
Los compromisos para combatir el cambio climático se incumplieron o debilitaron aún más, en un contexto en el que los países aumentaban la dependencia de los combustibles fósiles y su extracción. Kazajistán aumentó su dependencia del carbón y pareció retractarse de sus compromisos con una transición verde. Su presidente atacó públicamente la agenda medioambiental y manifestó que el cambio climático “parecía ser un fraude masivo”. Las aspiraciones climáticas de Moldavia se enfrentaron a problemas de financiación. Uzbekistán declaró 2025 el año de la “economía verde” pero mantuvo unos niveles graves de contaminación del aire, como Bielorrusia y otros países.
El agua seguía siendo un recurso escaso para muchas personas, especialmente en Asia Central. El acceso a agua apta para el consumo era un grave problema en Tayikistán, donde, según datos oficiales, el 85% de la población —incluida la práctica totalidad de los habitantes de zonas rurales— no tenía sistema de alcantarillado. En Turkmenistán, la mala gestión del agua ponía en peligro la seguridad alimentaria. En la región ucraniana de Donetsk, ocupada por Rusia, las autoridades de facto no podían hacer frente a la crisis del agua.
Los países de Europa Oriental y Asia Central con volúmenes elevados de emisiones deben tomar la iniciativa en la mitigación climática, lo que incluye detener la expansión de la producción de combustibles fósiles. Los gobiernos deben adoptar medidas inmediatas para proteger a personas y comunidades de los peligros y efectos del cambio climático.