
Desfile del Orgullo en Nueva York el 26 de junio de 2022. © Giada Papini Rampelotto/EuropaNewswire

Desfile del Orgullo en Nueva York el 26 de junio de 2022. © Giada Papini Rampelotto/EuropaNewswire
Las personas LGBTIQ+ siguen enfrentándose a obstáculos, exclusión y ataques contra sus derechos en muchos lugares del mundo. Aunque se han producido avances importantes en ámbitos como el matrimonio igualitario o el reconocimiento legal de las personas trans, millones de personas continúan viendo limitada su libertad y su acceso a derechos básicos.
La diversidad afectivo-sexual y de género forma parte de todas las sociedades y culturas. En esta página respondemos algunas de las preguntas más frecuentes sobre diversidad sexual, derechos LGBTIQ+ y el trabajo de Amnistía Internacional en defensa de la igualdad y los derechos humanos.
“¿Y si el lugar donde naciste determinara si tu amor merece protección o castigo? ¿Y si cruzar una frontera significara pasar de tener derechos reconocidos a enfrentarte a la discriminación, la censura o incluso la cárcel?”
La diversidad sexual y de género es una cuestión de derechos humanos porque todas las personas tienen derecho a vivir libres de discriminación, violencia y persecución, independientemente de su orientación sexual, identidad o expresión de género. Sin embargo, en muchos países las personas LGBTIQ+ siguen enfrentándose a agresiones, discursos de odio, criminalización, leyes discriminatorias, censura o barreras para acceder a derechos básicos como la salud, la educación, el empleo o la justicia.
Los Estados tienen la obligación de garantizar la igualdad ante la ley y proteger a todas las personas frente a la violencia y la discriminación.

“ Hemos hablado con personas LGBTI a quienes han apuñalado, propinado patadas, quemado con colillas y amenazado de muerte por su identidad de género o su orientación sexual.
Las siglas LGBTIQ+ agrupan distintas orientaciones sexuales, identidades y expresiones de género. Hacen referencia a lesbianas, gays, bisexuales, personas trans, intersexuales y queer. El símbolo “+” se utiliza para incluir otras identidades, expresiones y experiencias que forman parte de la diversidad sexual y de género, como las personas asexuales, no binarias o de género fluido. Aunque cada una de estas letras representa realidades distintas, todas comparten la reivindicación del derecho a vivir con libertad, dignidad e igualdad, sin discriminación por la orientación sexual, la identidad o la expresión de género, o las características sexuales.


TE PRESENTAMOS NUESTRO BOLETÍN "DISVERSAS PERO NO DISPERSAS"
¡DESCÁRGATELOS TODOS!La identidad de género es la vivencia interna e individual que cada persona tiene sobre su propio género, independientemente del sexo asignado al nacer. La orientación sexual se refiere a la atracción afectiva, emocional o sexual hacia otras personas. La expresión de género, en cambio, tiene que ver con la manera en que cada persona expresa su género a través de su aspecto, comportamiento o forma de relacionarse. Aunque estos conceptos están relacionados, no significan lo mismo ni son equivalentes al sexo asignado al nacer.

Las personas trans reclaman poder vivir con seguridad, dignidad e igualdad, sin sufrir discriminación por su identidad o expresión de género. Entre otras demandas, reivindican el acceso al reconocimiento legal de su identidad, a una atención sanitaria respetuosa e inclusiva, a la educación y al empleo sin discriminación, a la protección frente a la violencia y los delitos de odio y la participación en la vida social y política en igualdad de condiciones.
Sin embargo, muchas personas trans siguen enfrentándose a importantes obstáculos en su vida cotidiana. La transfobia, la exclusión social, el acoso, las dificultades para acceder al empleo o la vivienda, la falta de atención sanitaria adecuada y las barreras administrativas afectan gravemente a sus derechos y a su bienestar. La impunidad frente a los ataques y delitos de odio hace que muchas agresiones queden sin denunciar ni sancionar. Las mujeres trans y las personas trans racializadas o en situación de pobreza suelen estar especialmente expuestas a la violencia y la discriminación.

La intersexualidad hace referencia a las personas que nacen con características sexuales, como cromosomas, hormonas, genitales o anatomía reproductiva, que no encajan en las definiciones tradicionales de cuerpo masculino o femenino. Es una variación natural del cuerpo humano y no tiene relación con la orientación sexual ni con la identidad de género: las personas intersexuales pueden tener muchas identidades y orientaciones distintas.
Muchas personas intersexuales y organizaciones de derechos humanos denuncian prácticas médicas innecesarias y no consentidas realizadas durante la infancia para modificar sus cuerpos. También reclaman el derecho a la integridad física y corporal, al consentimiento libre e informado, a no sufrir discriminación y a recibir información y atención médica respetuosa.

El género no binario es una identidad de género que no encaja exclusivamente en las categorías tradicionales de hombre o mujer. Las personas no binarias pueden identificarse con ambos géneros, con ninguno o situarse fuera de esas categorías, y cada persona vive y expresa su identidad de manera diferente. La identidad de género es independiente de la orientación sexual: las personas no binarias pueden tener cualquier orientación.
Aunque cada vez existe mayor visibilidad y reconocimiento social, muchas personas no binarias siguen enfrentándose a discriminación, incomprensión o dificultades para que su identidad sea reconocida legal y socialmente. En muchos países, los documentos oficiales y numerosos espacios públicos continúan funcionando bajo un modelo estrictamente binario de género.

Queer es un término que se utiliza para describir identidades y orientaciones sexuales o de género que no encajan en las normas tradicionales sobre cómo “deberían” ser el género o la sexualidad. Aunque durante años se usó como insulto contra las personas LGBTIQ+, muchas personas y movimientos lo han reapropiado como una forma de reivindicar la diversidad, cuestionar los prejuicios y defender la libertad de ser y expresarse.
Hoy, queer puede tener distintos significados según cada persona o contexto. Para algunas personas, es una identidad concreta; para otras, una manera amplia de expresar que no se identifican con categorías cerradas sobre género o sexualidad. En el ámbito académico y activista, el término ha sido clave para visibilizar experiencias diversas y defender el derecho de todas las personas a vivir su identidad con libertad, dignidad y sin discriminación.

“Las marchas del Orgullo tienen que ver con los derechos humanos: empoderan a las personas LGBTI para reivindicar los derechos y las libertades que se les niegan, así como el espacio público del que a menudo se las excluye.”
Amnistía Internacional
La educación en diversidad sexual y de género ayuda a combatir prejuicios, prevenir la discriminación y construir espacios más seguros e inclusivos para todas las personas. Hablar de diversidad en escuelas, familias y otros entornos educativos contribuye a reducir el acoso, los discursos de odio y la violencia contra las personas LGBTIQ+.
Además, la educación basada en derechos humanos permite que niños, niñas y adolescentes crezcan con mayor libertad y respeto hacia la diversidad. También ayuda a que las personas LGBTIQ+ puedan sentirse reconocidas, protegidas y acompañadas, especialmente durante la infancia y la adolescencia.
Diversos organismos internacionales han señalado que garantizar una educación inclusiva y libre de discriminación es una obligación de los Estados y una herramienta fundamental para avanzar hacia la igualdad.

Las personas LGBTIQ+ siguen sufriendo discriminación, violencia y violaciones de derechos humanos en muchos países por su orientación sexual, identidad o expresión de género. Muchas sufren rechazo familiar, agresiones físicas, amenazas, acoso, delitos de odio, violencia sexual, ataques en redes sociales, censura y discursos de odio que limitan sus derechos y su participación en igualdad de condiciones.
Las relaciones entre personas del mismo sexo siguen estando criminalizadas y pueden castigarse con penas de prisión e incluso la pena de muerte. Además, gobiernos y grupos políticos impulsan leyes discriminatorias que restringen la libertad de expresión, prohíben la educación en diversidad sexual o atacan los derechos de las personas trans y otras personas LGBTIQ+. En algunos países, la violencia es ejercida o tolerada por el propio Estado: detenciones arbitrarias, torturas en custodia policial y persecución judicial son algunas formas documentadas.
La violencia puede darse en espacios públicos, centros educativos, lugares de trabajo o dentro de las propias familias. Las personas trans, especialmente las mujeres trans racializadas y quienes viven en situación de pobreza o exclusión, suelen estar expuestas a los niveles más altos de violencia y discriminación. Los datos muestran que son víctimas de una parte desproporcionada de asesinatos y crímenes de odio en todo el mundo.

“En demasiados lugares del mundo, ser quien eres o amar a quien amas sigue siendo motivo de persecución, cárcel o violencia. Para millones de personas LGBTIQ+, la igualdad y la seguridad continúan siendo una promesa incumplida”
Actualmente, en más de 60 países, las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo siguen estando criminalizadas. En al menos siete países, estas leyes castigan las relaciones entre personas del mismo sexo con la pena de muerte, y en otros cinco la contemplan en su legislación, aunque no haya constancia reciente de ejecuciones.
La criminalización de la homosexualidad vulnera derechos humanos fundamentales como la libertad, la igualdad, la privacidad o la protección frente a la discriminación. En los últimos años, además, han proliferado leyes anti-LGBTIQ+ que, sin criminalizar directamente, restringen la libertad de expresión, prohíben la educación en diversidad o limitan el acceso a derechos básicos, contribuyendo al aumento de la violencia, el miedo y el estigma contra las personas de este colectivo.

En muchos países, las personas LGBTIQ+ se ven obligadas a huir de su país porque corren riesgo de detención, violencia, criminalización o crímenes de odio debido a su orientación sexual, identidad o expresión de género. Pueden ser perseguidas tanto por autoridades estatales como por actores no estatales, como grupos armados, pandillas o incluso sus propias familias, y no encontrar protección efectiva en su país.
Cuando cruzan una frontera, tienen derecho a solicitar asilo si sufren persecución por estos motivos, pero eso no garantiza automáticamente su seguridad. Incluso en los países de acogida, muchas personas LGBTIQ+ refugiadas y solicitantes de asilo siguen enfrentándose a discriminación, violencia, falta de protección adecuada o dificultades para acceder a vivienda, empleo, salud y procedimientos de asilo seguros y respetuosos con sus derechos.
Por eso, diversos organismos internacionales han instado a los Estados a reconocer la persecución por motivos de orientación sexual, identidad y expresión de género como fundamento de protección internacional, a garantizar sistemas de asilo inclusivos y a proteger a estas personas en todas las fases del desplazamiento forzado.

“Para muchas personas LGBTIQ+, huir es la única forma de sobrevivir cuando su identidad o a quién aman las convierte en blanco de persecución”.
Aunque en muchos países se han producido avances importantes en derechos LGBTIQ+, como el matrimonio igualitario o el reconocimiento legal de las personas trans, la discriminación y la violencia no han desaparecido. En los últimos años, además, han aumentado en distintos lugares del mundo los discursos de odio, las campañas de desinformación y las leyes y políticas que atacan los derechos de estas personas o limitan su visibilidad en el espacio público.
En algunos países, gobiernos y grupos políticos utilizan la diversidad sexual y de género como herramienta de confrontación política o para restringir derechos y libertades. Aunque existan leyes que reconocen ciertos derechos, a menudo no se aplican de forma efectiva y la impunidad frente a los delitos de odio sigue siendo un problema grave. Esto puede traducirse en censura, persecución de activistas, agresiones, prohibiciones sobre educación en diversidad o ataques contra las personas trans y otras personas LGBTIQ+.

“Detrás de muchos delitos de odio hay discursos que deshumanizan y señalan a las personas LGBTIQ+ como amenaza”.
El matrimonio igualitario es el reconocimiento legal del matrimonio entre personas del mismo sexo en igualdad de condiciones que las parejas heterosexuales. Este derecho permite acceder a las mismas protecciones legales, sociales y familiares relacionadas con el matrimonio, como la filiación y la adopción conjunta, la herencia, la residencia o la nacionalidad, las pensiones o la toma de decisiones médicas en situaciones de emergencia.
Para Amnistía Internacional, negar el acceso al matrimonio por la orientación sexual de una persona es una forma de discriminación y una vulneración del derecho a la igualdad ante la ley y a casarse y formar una familia, tal como reconocen la Declaración Universal de Derechos Humanos y otros estándares internacionales de derechos humanos.
Además, el matrimonio igualitario tiene un impacto real en otros derechos, como el acceso a la salud, la educación o las pensiones, y envía un mensaje claro de igualdad frente a la discriminación.
Aunque cada vez más países han aprobado el matrimonio igualitario, solo alrededor de 38 países lo reconocen actualmente y la mayoría del mundo sigue sin garantizar este derecho a las parejas del mismo sexo.


La autodeterminación de género es el derecho de cada persona a definir y expresar su identidad de género sin necesidad de diagnósticos médicos, tratamientos obligatorios o decisiones judiciales. Este principio reconoce que las personas trans deben poder cambiar su nombre y género legal de forma rápida, accesible y respetuosa con sus derechos humanos. En lugar de modelos patologizantes, se apuesta por procedimientos basados en la voluntad libre e informada de la propia persona.
Para muchas personas trans, contar con documentos que reflejen su identidad de género es fundamental para acceder a derechos básicos y evitar situaciones de discriminación, violencia o exclusión en ámbitos como la educación, el empleo, la salud o la vivienda. Cuando el género legal no coincide con la identidad y la expresión de género, cada gestión administrativa puede convertirse en una “salida del armario” forzada que aumenta el riesgo de discriminación, rechazo y violencia.
Diversos organismos internacionales de derechos humanos han pedido a los Estados que eliminen los requisitos médicos o patologizantes para el reconocimiento legal de la identidad de género y garanticen procedimientos basados en la autodeterminación.

“Nadie debería tener que someterse a diagnósticos médicos, tratamientos o procesos judiciales para que su identidad de género sea reconocida y respetada por la ley”.
Las llamadas “terapias de conversión” son prácticas que intentan cambiar, reprimir o negar la orientación sexual, la identidad o la expresión de género de una persona. Aunque a veces se presentan como tratamientos médicos, psicológicos o espirituales, no tienen base científica y han sido rechazadas por organismos internacionales de derechos humanos y asociaciones profesionales de salud por los graves daños que pueden provocar.
Estas prácticas vulneran derechos humanos fundamentales como la dignidad, la integridad física y mental, la salud o la libertad personal. En muchos casos implican humillaciones, aislamiento, amenazas o presión familiar y social, y suelen dirigirse especialmente contra personas LGBTIQ+ jóvenes o en situación de vulnerabilidad. Por ello, distintos organismos internacionales han reclamado su prohibición y la protección de las víctimas.


A continuación os ofrecemos una recopilación de algunos términos sobre la diversidad de género vinculados al trabajo con personas lesbianas, gays, bisexuales, transgénero e intersexuales (LGBTIQ+).
Una persona que se encuentra emocional, afectiva y/o sexualmente atraída tanto por personas que percibe como de su mismo género o como del género opuesto. Asimismo, también se considera bisexualidad la atracción hacia individuos independientemente de su género. Esta atracción no tiene por qué estar dividida proporcionalmente entre los distintos géneros, es decir, indicando el mismo nivel de atracción hacia cada uno.
Término utilizado para referirse a las identidades de género de aquellas personas cuyo género coincide con el sexo asignado al nacer y, en general, con las expectativas sociales de cómo han de ser y comportarse los hombres y las mujeres.
Una orientación sexual que describe a una persona –en el mundo hispanohablante, a diferencia de en el anglosajón, se refiere generalmente a hombres– que se siente atraída emocional, afectiva y/o sexualmente hacia las personas que percibe como de su propio género.
No es sinónimo de “hombres y mujeres”. Socialmente, el género y los roles de género están definidos por convenciones y otras fuerzas sociales, económicas, políticas y culturales que hacen referencia a las expectativas de una sociedad con respecto a sus individuos según el sexo asignado al nacer. Por tanto, el género es un concepto ideológico y cultural, cuyo significado no se halla determinado por la biología. El género no debe confundirse con la “identidad de género” ni con la “expresión de género”.
La expresión de género se refiere a la presentación individual del género de cada uno a través de la apariencia física –lo que incluye la vestimenta, accesorios y estética individual–, los gestos, la forma de hablar, los patrones de comportamiento, el nombre y otras formas de referencia personal. La expresión de género no tiene por qué corresponderse con la identidad de género de esa persona o con los tradicionales roles de género de una determinada sociedad.
Es una persona que se siente atraída emocional, afectiva y/o sexualmente por personas que percibe como de su mismo género. Este término está considerado en algunos países de forma estigmatizante, dado que en el pasado ha sido utilizado para denominar a un tipo de enfermedad mental.
Vivencia interna e individual del género tal como la persona lo siente profundamente, que puede o no coincidir con el género socialmente atribuido al sexo que se le asignó al nacer. La identidad de género puede no corresponderse con ningún género, con más de uno, con el femenino, con el masculino o con otro género. “Identidad de género” es completamente distinto a la “orientación sexual”.
La intersexualidad es un concepto utilizado para referirse a aquellas personas cuyas características sexuales no se corresponden con los estándares existentes atribuidos a la tradicional anatomía reproductiva o sexual de hombres y mujeres. Entre esas características pueden incluirse características sexuales primarias, como los genitales internos y externos, los órganos reproductores, las hormonas y los cromosomas sexuales o características sexuales secundarias, como el vello corporal o la menstruación, que se hacen patentes en la pubertad.
Las personas intersexuales nacen con variaciones en sus características anatómicas, hormonales y/o genéticas que socialmente no se consideran ni totalmente femeninas ni totalmente masculinas; pudiendo presentar una combinación de ambas o ninguna. Existen muchas formas de intersexualidad; se trata de un espectro o un término general, más que de una categoría única.
Una orientación sexual que describe a una mujer que se siente atraída emocional, afectiva y/o sexualmente por otras personas que percibe como mujeres.
La orientación sexual se refiere a la posibilidad de cada persona de sentir (o no) una atracción emocional, afectiva y sexual por personas de un género diferente al suyo, de su mismo género, o de distintos géneros (orientación heterosexual, homosexua, bisexual o asexual), así como a la capacidad de mantener relaciones íntimas y/o sexuales con estas personas. Los términos que usan las personas y aquellos con los que se identifican en el terreno de la sexualidad pueden variar ampliamente de una cultura a otra.
Es un término paraguas que se refiere a las personas cuya identidad de género y/o expresión de género no coincide con las expectativas convencionales relativas al género y al sexo que se les asignó al nacer. Este concepto engloba, aunque de forma no excluyente, a personas que se identifican como transgénero, transexuales, travestis, género queer, agénero, género fluido, variantes de género, no conformes con el género, o con cualquier otra identidad de género que no cumpla con las expectativas sociales y culturales con respecto al mismo. Algunas personas trans o transgénero se identifican como mujeres u hombres; otras perciben su identidad de género como un continuo entre ambas o como una identidad más allá del binario.
En algunos casos, una persona trans optará por pasar por una transición para alcanzar una sensación de confort/comodidad con su cuerpo y su identidad de género. La transición puede implicar transición social, legal y/o médica. La identidad trans es un tipo de identidad de género, y no tiene que ver con la orientación sexual (las personas transgénero pueden tener una orientación heterosexual, homosexual o bisexual).
¡No te vayas!
Queremos contarte algo
España está a la cabeza en leyes que protegen a las personas LGBTIQ+ y debemos seguir así, no queremos acercarnos a países como Hungría o Polonia, donde las personas LGBTIQ+ sufren discriminación. Ante los discursos de odio y los intentos de algunos partidos políticos por invisibilizar los derechos LGBTIQ+, nuestra respuesta es contundente: ni un paso atrás.