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Varias madres y esposas de víctimas lloran antes del inicio de la ceremonia fúnebre que se realiza cada 11 de julio desde 2003.

Varias madres y esposas de víctimas lloran antes del inicio de la ceremonia fúnebre que se realiza cada 11 de julio desde 2003. © Gervasio Sánchez

Justicia para las víctimas de Srebrenica

10 de junio de 2021 – Texto y fotografías: Gervasio Sánchez, fotógrafo y periodista especializado en conflictos armados y colaborador del Heraldo de Aragón. Socio de Amnistía Internacional desde enero de 1983.

La ratificación de la condena de cadena perpetua por genocidio y crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia para el general serbobosnio Ratko Mladic, conocido como "el carnicero de Bosnia", es un gran triunfo de la justicia universal y un recordatorio de que los crímenes de lesa humanidad no prescriben y siempre deben ser perseguidos aunque hayan pasado décadas.

Uno de los mayores criminales de los Balcanes, que actuaba sin piedad ante sus víctimas y se pavoneaba en público de la violencia de sus adláteres, pasará el resto de su vida encarcelado después de haberse escondido durante 16 años de la justicia hasta que fue arrestado en 2011.

Ocurre apenas un mes antes de que se cumplan 26 años del inicio de la conocida como matanza de Srebrenica, una pequeña localidad del este de Bosnia-Herzegovina, ante la inoperancia total, la inanición, el cinismo y la hipocresía de los máximas autoridades políticas y diplomáticas europeas de la época, tan responsables de la tragedia como los asesinos encabezados por el general Mladic.

Todo empezó el 11 de julio de 1995, tres años y tres meses después de iniciarse la guerra de Bosnia-Herzegovina, la más larga y mortífera de las cinco que desintegraron la antigua Yugoslavia hace ahora 30 años.

Decenas de miles de desplazados se habían refugiado en el enclave de Srebrenica protegido por la ONU por orden de las resoluciones 819, 824 y 836, dictadas por el Consejo de Seguridad, entre 16 de abril y el 4 de junio de 1993.

La población fue obligada a abandonar sus casas y a dirigirse a pie a la fábrica de Potocari, a unos cinco kilómetros de Srebrenica, donde se encontraba el cuartel general del batallón militar holandés desplegado para hacer cumplir el mandato internacional y evitar el asalto de las fuerzas serbobosnias.

Los soldados serbiobosnios firmaron imágenes propagandísticas, ofrecieron chocolatinas a los niños y empezaron a separar a hombres en edad militar de mujeres y niños. Entre las imágenes más obscenas destacan aquellas que muestran al general Ratko Mladic acariciando los rostros de menores bosnios y brindando con el teniente coronel holandés Thomas Karremans.

Entre 8.372 víctimas, entre ellos algunos centenares de niños y un puñado de mujeres, según cifras oficiales de la Comisión Internacional de Búsqueda de Personas Desaparecidas (ICMP), y 10.500, dato barajado por la organización Madres de Srebrenica, desaparecieron durante los días posteriores a aquel aciago 11 de julio de 1995.

El acuerdo de paz de Dayton, firmado en diciembre de 1995, ordenó la búsqueda de los 30.000 desaparecidos del conflicto armado, su identificación y la entrega de los restos a sus familiares en un gran proyecto que ya dura un cuarto de siglo.

Dos mujeres velan y lloran entre centenares de ataúdes que contienen los restos de las víctimas identificadas en una gran nave del Memorial Centre Potocari, a cinco kilómetros de Srebrenica.
Dos mujeres velan y lloran entre centenares de ataúdes que contienen los restos de las víctimas identificadas en una gran nave del Memorial Centre Potocari, a cinco kilómetros de Srebrenica. © Gervasio Sánchez

La ICMP creó un banco de sangre en el que se acumulan noventa mil muestras de ADN de familiares de las decenas de miles de personas desaparecidas. Al mismo tiempo empezó la búsqueda de las fosas clandestinas donde fueron enterradas las víctimas después de ser asesinadas.

Algunas fosas fueron removidas por los propios verdugos después de la guerra y los restos desperdigados en fosas secundarias con el fin de obstaculizar la investigación y destruir pruebas de los crímenes. Centenares de esqueletos han sido encontrados fraccionados y diseminados en diferentes lugares. Unos 500 cuerpos identificados no han podido ser entregados a los familiares a la espera de ser completados.

Los miles de cuerpos exhumados fueron guardados en grandes naves en ciudades bosnias como Tuzla y Sanski Most. Gracias a estas pruebas de ADN y programas de alta tecnología, 15.000 personas han sido identificadas desde noviembre de 2001.

La identidad de otras 3.000 fue posible utilizando métodos tradicionales. Otros restos jamás podrán ser identificados porque toda la familia fue aniquilada y no existen muestras de ADN o por la mala conservación de los huesos.

En abril de 2003 se abrió el Memorial Centre Potocari, un cementerio situado a escasos metros de donde se produjo la separación traumática de los varones en julio de 1995 y enfrente del antiguo cuartel general del batallón holandés.

Un esqueleto es ordenado en los laboratorios de la Comisión Internacional de Búsqueda de Personas Desaparacidas en la ciudad de Tuzla. Un trozo de hueso es utilizado para las pruebas de ADN.
Un esqueleto es ordenado en los laboratorios de la Comisión Internacional de Búsqueda de Personas Desaparacidas en la ciudad de Tuzla. Un trozo de hueso es utilizado para las pruebas de ADN. © Gervasio Sánchez

Las primeras 603 víctimas, entre las que destacaban dos adolescentes de 15 años y un anciano de 76 años, fueron enterradas en dos funerales masivos. El camposanto fue habilitado para enterrar a 10.000 bosnios, la totalidad de los ejecutados durante la matanza de Srebrenica.

El número de entierros individuales ya ha superado los 7.000, incluidos los de una decena de mujeres, un único católico, Rudolf Hren, enterrado en 2010 y el más joven, un bebé de un mes, en 2013.

En los acuerdos de paz de Dayton se establecieron dos entidades para gobernar el país. Srebrenica quedó bajo el mandato del gobierno serbio de Bosnia. Tanto su policía como su ayuntamiento son serbios. Algunos centenares de musulmanes sobrevivientes regresaron a partir de 2000, la mayoría al carecer de otro lugar donde vivir y a riesgo de cruzarse en la calle con personas que participaron en la masacre de sus seres queridos.

Cada año la empresa que dirige el cementerio de Visoko, el más moderno de Bosnia-Herzegovina con predios especiales para enterrar a personas de todas las confesiones y que incluye una parte reservada a los ateos, se encarga de amortajar los cuerpos y su traslado a Potocari.

Varios camiones transportan cada 9 de julio los ataúdes desde Visoko hasta Potocari. Es un largo viaje con paradas en Sarajevo, la capital bosnia que sufrió un brutal cerco de tres años y medio y Pale, la capital de los criminales y radicales serbios que dirigieron la matanza.

El embalaje es un sencillo ataúd de madera donde colocan los huesos, las ropas y las pertenencias de la persona identificada envueltas en un sudario blanco. Cada ataúd es cubierto por un tapete verde, el color del Islam.

Varios hombres trasladan los ataúdes a la gran explanada del cementerio de Potocari. Después de una misa funeral será enterrados.
Varios hombres trasladan los ataúdes a la gran explanada del cementerio de Potocari. Después de una misa funeral será enterrados. © Gervasio Sánchez

El convoy fúnebre es acompañado cada año por familiares, motoristas y periodistas y atraviesa toda la entidad serbia hasta llegar a su destino final. Hasta hace pocos años eran habituales los incidentes a pesar del fuerte dispositivo de seguridad. Los vehículos que transportaban a los familiares eran atacados con piedras y en alguna ocasión se ha encontrado explosivos cerca del gran cementerio.

En marzo de 2000 dio inició el juicio contra el general Radislav Krstic, el comandante en jefe de la unidad militar conocida como “Los lobos del Drina”. La mayoría de sus 15.000 soldados participaron en la matanza. El fallo de La Haya contra Krstic, condenado a 46 años de cárcel, supuso la primera condena por genocidio en la historia de Europa.

En 2010 fueron detenidos ocho policías serbios después de que el tribunal de La Haya y dos televisiones de Belgrado presentasen un video en el que se mostraba la ejecución de seis musulmanes maniatados.

En abril de 2015 la Cámara de Apelaciones del Tribunal Penal Internacional confirmó la cadena perpetua por genocidio y crímenes contra la humanidad en Srebrenica para el ex general Zdravko Tolimir, el lugarteniente del jefe militar serbobosnio Ratko Mladic.

Coincidiendo con esta sentencia, las autoridades de Serbia detuvieron a ocho antiguos miembros de una unidad especial de la policía serbiobosnia sospechosos de participar en el traslado de un millar de musulmanes en 15 autobuses desde Srebrenica hasta la localidad cercana de Kravica, y de asesinarlos con disparos a quemarropa y granadas.

La ONU tardó cuatro años en admitir su culpa en lo que definió como “uno de los más grandes y dolorosos errores de toda su historia” y describió lo ocurrido como el peor crimen en Europa desde 1945, fecha en que concluyó la Segunda Guerra Mundial.

En el Memorial Center de Potocari, muy cerca de Srebrenica, en un gran mural se han inscrito todos los nombres de los asesinados y desaparecidos. Hay decenas de personas con los mismos apellidos
En el Memorial Center de Potocari, muy cerca de Srebrenica, en un gran mural se han inscrito todos los nombres de los asesinados y desaparecidos. Hay decenas de personas con los mismos apellidos. © Gervasio Sánchez