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© Raquel Martínez

Razones por las que el mundo necesita el feminismo

Fotografías Raquel Martínez, 

Cuando me preguntan por qué soy feminista, se amontonan los motivos en mi cabeza y descienden hasta mi garganta como si quisieran salir todos a la vez. Son demasiados y lo primero que pienso es: “¿de cuánto tiempo dispones?”

Pero muy dentro, por encima de la discriminación por ser mujer, se me despierta el instinto más primitivo de protección al pensar en mi hija. Solo tiene tres años y, según algunos estudios está a sólo otros tres de creer que los niños son más brillantes que ella. A solo tres de subestimar su propio género y limitar sus aspiraciones por culpa de una educación basada en principios sexistas y estereotipos. Y esto es solo el comienzo. ¡Mal empezamos!

NO es NO

Ser feminista no significa que pensemos que las mujeres merecemos derechos especiales; significa que sabemos que merecemos los mismos. Defender la igualdad no implica menospreciar o castigar a los hombres. El feminismo no habla de superioridad, ni discrimina al otro género, simplemente combate las desigualdades que sufren las mujeres por el mero hecho de serlo. No se lucha por ser “más”, se lucha por ser igual.

En este contexto, no todos los hombres son machistas, pero lo es el sistema y es imposible escapar de él. Ellos también sufren suposiciones y expectativas basadas en su género que les condiciona a vivir y a actuar de cierta manera, pero no es comparable. Las mujeres estamos hartas de ser juzgadas y criticadas por la manera en que nos vestimos o comportamos. Por la forma en la que hablamos o trabajamos. Cansadas de que nuestra palabra valga menos o nada, cansadas de la desigualdad, de cobrar menos, de trabajar más. Estamos hartas de empleos informales y precarios, de los techos de cristal, de tener que demostrar nuestra capacidad, nuestras habilidades, nuestra seguridad. Cansadas de que nos maten, de que nos acosen, de que nos violen. Cansadas de ser nazis por defender la igualdad.

La sociedad nos enseña a no ser violadas en vez de a no violar

Nos están matando

En el mundo, 137 mujeres mueren a manos de su pareja o de un miembro de su familia cada día. En España, ya son 14 las mujeres asesinadas en lo que va de año. Un total de 1.047 desde 2003. Nos están matando. Y no es un decir.

También hay violencia sexual. En el mundo, una de cada tres mujeres ha sido víctima de violencia física o sexual. Y el 55% de las mujeres de la Unión Europea han experimentado acoso sexual en, al menos, una ocasión desde que cumplieron los 15 años.

Lo diré de otra manera: las mujeres de entre 15 y 44 años tienen más riesgo de sufrir violencia de género que de sufrir un accidente de tráfico o enfermedades como el cáncer o la malaria. ¿Cómo te quedas?

Por suerte se están llevando a cabo diferentes campañas de concienciación sobre este tema, pero aún queda mucho por hacer.

El movimiento #MeToo unió a miles de mujeres que alguna vez se habían sentido acosadas y #Cuéntalo agrupó cientos de miles de experiencias personales sobre agresiones sexuales. Muchos eslóganes se hicieron virales como “No es No” o “Sólo SÍ es SÍ”, ¡Hermana, yo sí te creo!, ¡Ni una más! ¡Ni una menos!... Y se hizo historia con las huelgas feministas y la asistencia masiva a las manifestaciones que se celebraron en todo el mundo. Fue toda una demostración de fuerza y de intenciones.

Nadie preguntó cómo vestía mi agresor

Pero Naciones Unidas lo ha vuelto a recordar: ningún país ha alcanzado la igualdad de género y las disparidades, la exclusión, el machismo en sus distintas intensidades y vertientes siguen dando lugar a diferencias tan injustas como que llamen un 30% menos a las mujeres para una entrevista de trabajo o que tengamos que trabajar más para ganar lo mismo.

La brecha salarial es un hecho en España (y en el mundo). Según un informe de CCOO, las mujeres ganan un 30% menos de media que los hombres. ¿Y por qué? Por motivos como la feminización de los trabajos peor remunerados o los complementos salariales. La nocturnidad, la disponibilidad de tiempo... son “licencias”, por ejemplo, que muchas mujeres con hijos o mayores a su cargo no se pueden permitir. Según los datos del Instituto Nacional de Estadística, nosotras dedicamos 12,5 horas más a las actividades del hogar y la familia cada semana. ¡Ponte a sumar! ¡O mejor no! No te va a gustar.

El hombre no se ve igual de afectado en su carrera laboral al tener hijos. No los despiden ni los marginan. Tampoco piden excedencias ni aceptan trabajos temporales o parciales por este motivo. Son las mujeres quienes se encargan, en su gran mayoría, de hijos y mayores. Al final, si sumamos de aquí y de allá, una mujer necesita trabajar de media 84 días más al año que un hombre para cobrar el mismo salario. Y no lo digo yo. Lo dice un estudio de UGT. Y hay muchos más. Todos apuntan en la misma dirección.

Más allá del dinero, a la gente le preocupa la escasa representación que tienen las mujeres en las esferas de poder. A mí también. Los techos de cristal son las barreras que se consideran “invisibles” y por las cuales una mujer no puede acceder a puestos de responsabilidad por cuestiones machistas.

Yo soy y seré lo que yo quiera ser

Y no hemos abordado todavía nuestro derecho a decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra maternidad. Nuestra manera de vivir la sexualidad, nuestra identidad. Tampoco las cosas del día a día como tener miedo a caminar solas, a que no respeten nuestro “no”, a ser tratadas como trofeos o desechos, a que nos cosifiquen o hipersexualicen, a que nos consideren el sexo débil y culpabilicen en los casos de violencia de género y sexual, a que nos intenten controlar, acallar, someter, a que nos piropeen por la calle como si fuésemos un objeto que admirar o poseer...

El mundo necesita una sociedad igualitaria, libre de violencia machista, donde las mujeres puedan vivir sin miedo, con igualdad de oportunidades, con los mismos derechos, corresponsabilidad de tareas y cuidados, y una justicia y educación sin sesgo de género. Todas las personas merecemos el mismo respeto, los mismos derechos, la misma igualdad. Se acabaron las excusas.

Debemos avanzar.

#LetsTalkAboutYes: Por una cultura del consentimiento ¡Hablemos del Sí!

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