Actuamos por los derechos humanos
en todo el mundo
Una fan del Barça en el partido de la Supercopa entre el Barcelona y el Atlético de Madrid en Arabia Saudí

Una fan del Barça en el partido de la Supercopa entre el Barcelona y el Atlético de Madrid en Arabia Saudí. © AP Photo/Amr Nabil

Blog

Copa Maradona: cuando el dinero regatea a los principios

Carlos de las Heras (@carlisevic), responsable de deporte y derechos humanos en Amnistía Internacional,

El pasado mes de octubre, el F.C. Barcelona actualizaba sus estatutos y reconocía la importancia del club como herramienta de mejora de los derechos humanos a través del deporte.

En concreto, en el artículo 3 de los mencionados estatutos, se afirma que “el Club velará por la protección y promoción de la Declaración Universal de los Derechos Humanos recogida en la Carta Internacional de los Derechos Humanos proclamada por las Naciones Unidas. El Club, en sus actuaciones, tanto de carácter público como privado, velará por la igualdad de derechos y la dignidad de todas las personas”.

Es muy positivo que un club de la importancia y la historia del F.C. Barcelona tenga un gesto hacia la defensa de los derechos humanos. Se trata, sin duda, de algo pionero en un ámbito, el deportivo, en el que cada vez vemos más gestos de este estilo. Desde luego, el deporte y el fútbol en concreto, no puede permanecer ajeno a estas cuestiones y merece que le demos la bienvenida a la lucha en defensa de “la igualdad de derechos y la dignidad de todas las personas”.

Estatutos del Fútbol Club Barcelona

Estatutos del Fútbol Club Barcelona. © FCB

Sin embargo, el F.C. Barcelona viajó hasta Riad, Arabia Saudí, para enfrentarse a Boca Juniors en la Copa Maradona, un partido de homenaje al futbolista argentino, fallecido hace poco más de un año, en lo que fue la primera vez que ambos clubs, en los que jugó Maradona, se enfrentaron en este país. Fuimos testigos del encuentro entre dos de los clubs más grandes de la historia del fútbol mundial y asistimos a un espectáculo, sin duda alguna, emocionante.

No es la primera vez que en Arabia Saudí se celebra un gran evento deportivo. A principios de 2020, la Supercopa española de Fútbol viajó al país saudí para celebrar la edición de 2019. Entre el 8 y el 12 de enero, el propio F.C. Barcelona, junto al Real Madrid, Atlético de Madrid y Valencia C.F., jugaron este torneo que acabó coronando al Real Madrid como campeón. Esta edición de la Supercopa vino marcada por las críticas a la Federación Española de Fútbol, organizadora del torneo, y cuyo presidente, Luis Rubiales calificó como la “Supercopa de la Igualdad”. Para que fuera así, el torneo estaría abierto para las mujeres, que, por ejemplo, podrían acceder al estadio de Yeda en las mismas condiciones que los hombres. Así fue, las gradas fueron un reflejo de una aparente igualdad que asombró al mundo. Pero, una vez entregado el trofeo y apagados los focos, las mujeres volvieron al ostracismo. Tan solo tres días después, tuvieron que volver a contemplar los partidos en áreas especiales y restringidas de los estadios. La “Supercopa de la Igualdad” no pareció durar mucho.

La Copa Maradona

Y ahora, llegó la Copa Maradona. Un paso más de la Visión 2030 de Arabia Saudí, el ambicioso programa que las autoridades saudíes, lideradas por el Príncipe heredero, Mohamed bin Salman, para que el país tenga menos dependencia del petróleo y diversifique su economía. Si no tuviéramos otra información, podríamos pensar que Arabia Saudí se encuentra inmersa en un importante proceso de transformación, apertura y modernización. Sin embargo, desde el nombramiento de Mohammed bin Salman, hemos tenido pocas razones para creer que los gestos de apertura sean algo más que un hábil ejercicio de relaciones públicas.

 Mohammed bin Salman

Mohammed bin Salman. © FETHI BELAID/AFP/Getty Image

De hecho, el historial de derechos humanos de Arabia Saudí sigue siendo aterrador desde que el príncipe heredero asumió oficialmente el cargo, en junio de 2017. En 2020, tras un breve paréntesis durante la celebración de la Cumbre del G20, la situación no ha hecho más que empeorar. El Tribunal Penal Especializado —tristemente famoso tribunal antiterrorista del país— reanudó los juicios, con la consecuente imposición de penas de prisión en juicios manifiestamente injustos. En varios casos, personas que ya habían cumplido largas penas de prisión por su activismo pacífico fueron arrestadas y condenadas otra vez en nuevas causas o vieron aumentadas sus condenas.

Si bien en 2020 las autoridades anunciaron el final del uso de la pena de muerte contra personas menores de 18 años en el momento de cometerse el delito en casos no relacionados con la ley antiterrorista, en 2021 las ejecuciones han vuelto a aumentar: entre enero y julio de 2021, al menos 40 personas fueron ejecutadas, más que las 27 de todo el año anterior.

Mención aparte merecen los derechos de las mujeres. A día de hoy, continúa la discriminación de las mujeres y las niñas, tanto en la ley como en la práctica. El sistema de tutela masculina sigue limitando sus vidas, en aspectos como por ejemplo el matrimonio, el divorcio y la herencia. Además, las mujeres siguen sin recibir protección suficiente frente a la violencia sexual y otras formas de violencia.

Mujeres como Samar Badawi o Nassima al-Sada, además de la conocida Loujain al-Hathloul, habrían podido asistir a los partidos de la Supercopa en 2020. Habría podido ser así, de no ser porque estaban en prisión precisamente por defender la igualdad. Hoy están en libertad, pero aún se enfrentan a sanciones como, por ejemplo, la prohibición de salir del país o de hablar con medios extranjeros.

No sabemos si el F.C. Barcelona habrá incluido en las condiciones del contrato alguna clausula relativa a los derechos humanos. Nos tememos que no, que las cuestiones económicas, una vez más, primarán sobre los derechos humanos y que estos, seguirán luciendo en el artículo 3 de los estatutos del club, esperando que las palabras se conviertan en hechos.

Contenidos relacionados