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Un niño pasa con su bicicleta por un edificio destruido en la ciudad sitiada de Douma, provincia oriental de Guta, Siria, el 12 de marzo de 2018. © Samer Bouidani/picture-alliance/dpa/AP Images

Siria, siete años de infierno

Por Yolanda Vega (@YolandaVegaF), responsable de Países en Amnistía Internacional,

Entre 400.000 y 500.000 personas muertas, muchas más heridas.
Más de 11.000.000 de personas desplazadas dentro y fuera de Siria.
Más de 75.000 personas detenidas y desaparecidas a manos del gobierno sirio.
Más de 8.000 personas secuestradas por grupos armados de oposición y por el grupo armado autodenominado Estado Islámico.

Son las escalofriantes cifras de un conflicto que cumple siete años sin que haya indicios de un final cercano. Al contrario. Desde hace semanas se ha intensificado en algunas zonas como la región de Guta Oriental donde 400.000 civiles tratan de sobrevivir en medio de las bombas y sometidas a un asedio cruel por parte del gobierno sirio que les impide acceder a alimentos y medicinas. También en Afrín, donde fuerzas armadas turcas y, en menor medida, fuerzas kurdas, están realizando ataques indiscriminados matando a decenas de civiles.

Son los escenarios actuales de un conflicto que se ha caracterizado por el absoluto desprecio de todas las partes al imperativo legal de distinguir entre combatientes y civiles. En Siria se han cometido y se siguen cometiendo crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad en completa impunidad.

El conflicto de Siria estalló el 15 de marzo de 2011 después de que el gobierno de Bachar al Assad reprimiese brutalmente las manifestaciones que recorrían todo el país alentadas por la Primavera Árabe.


Un niño sostiene una pancarta durante una protesta en solidaridad con Guta frente a la embajada rusa en Beirut, Líbano, el domingo 25 de febrero de 2018. © AP Photo/Bilal Hussein

¿Qué ha pasado en estos siete años?

Civiles en el punto de mira

Las fuerzas gubernamentales sirias y sus aliados atacan regularmente a civiles y bienes de carácter civil como hospitales y mercados. En varios ocasiones, han utilizado agentes químicos y bombas de racimo, prohibidas internacionalmente. En cuanto al grupo armado autodenominado Estado Islámico, ha asediado a civiles y ha llevado a cabo ataques indiscriminados o que deliberadamente tenían como objeto a civiles. Otros grupos armados de oposición han lanzado ataques de carácter indiscriminado y han asediado zonas habitadas en su mayoría por civiles. También los países que participan en el conflicto, como Rusia, Estados Unidos y Turquía han llevado a cabo ataques que han causado la muerte de numerosos civiles.

Poblaciones asediadas, sin alimentos ni medicinas

Otra táctica utilizada sobre todo por el gobierno sirio y sus aliados y, en menor medida, por los grupos armados de oposición, es someter a asedio a la población civil, impidiéndole acceder a alimentos, medicinas y otros bienes de primera necesidad. El último caso es el de Guta Oriental, pero antes ha habido otras como Alepo, Daraya, Al Waer, Madaya, Kefraya y Foua.

Después de sufrir durante semanas, meses o años asedios y bombardeos, poblaciones enteras no han tenido más opción que marcharse o morir al aplicarse los llamados acuerdos de “reconciliación” entre las partes en conflicto.

Miles de desaparecidos

Alrededor de 75.000 personas han sido detenidas por las fuerzas de seguridad del gobierno y han desaparecido en una maraña de centros de detención. Otras muchas han sido encarceladas por haberse atrevido a hablar sobre la situación en Siria o por ser sospechosas de oponerse al régimen. Abogados, médicos, periodistas han sido encarcelados simplemente por haber hecho su trabajo.
Sus familiares siguen buscándolos sin saber si están vivos o muertos.

Fadwa Mahmoud ha descrito la agonía de no conocer la suerte o el paradero de su esposo, Abdulaziz Al Kheir, y de su hijo, Maher Tahan, desde el 20 de septiembre de 2012.

Torturas, exterminio, ejecuciones extrajudiciales, moneda corriente

La tortura no es algo nuevo en Siria. Desde hace varias décadas, las fuerzas gubernamentales recurren a ella para aplastar a la disidencia. Pero desde 2011, la violencia contra los detenidos ha aumentado tanto en cantidad como en brutalidad. Tan sólo en la prisión militar de Saydnaya, miles de personas supuestamente críticas con el régimen han sido ejecutadas extrajudicialmente en ahorcamientos masivos rodeados del máximo secreto. Además, más de 17.000 reclusos han muerto exterminados tras sufrir reiteradas torturas y ser privados sistemáticamente de comida, agua, medicamentos y atención médica. Es inconcebible que estas prácticas en gran escala y sistemáticas no hayan sido autorizadas en los máximos niveles del gobierno sirio.

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