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La credibilidad de la ONU, en juego en medio de crecientes ataques contra civiles

Fuerzas de la MINUSCA en la República Centroafricana (MINUSCA). Foto de la ONU / Nektarios Markogiannis

La misión de paz de la ONU en la República Centroafricana debe adoptar medidas contundentes para proteger a la población civil en medio de la creciente oleada de ataques sectarios en las regiones centrales del país, ha declarado Amnistía Internacional tras visitar algunas de las zonas más afectadas.

Pese al despliegue de una nueva misión de paz de la ONU el 15 de septiembre, decenas de civiles, varios menores entre ellos, han perdido la vida y miles más han sido desplazados en las últimas semanas.

Mientras la capital, Bangui, sufre una nueva ola de violencia desde principios de octubre, los habitantes de las regiones centrales de la República Centroafricana se han visto afectados especialmente por la intensificación del conflicto entre diferentes grupos armados.

“Si la misión de paz de la ONU quiere tener credibilidad, debe adoptar medidas más enérgicas para proteger efectivamente a la población civil de todos los abusos que está sufriendo”, afirmó Stephen Cockburn, director adjunto del Programa Regional para África Occidental y Central de Amnistía Internacional.

Los ataques de Seleka, los antibalaka y los combatientes armados peul en las regiones centrales del país hacen que la situación sea sumamente inestable y peligrosa. Si no se adoptan medidas urgentes, podría degenerar en el tipo de violencia sectaria incontrolada que vimos a principios de año en la región occidental.”

En una visita realizada a la regiones centrales de la República Centroafricana, Amnistía Internacional documentó ataques recientes contra la población civil en las localidades de Dekoa y Bambari, así como en varios pueblos de las proximidades de Bambari, como Yamalé, Batobadja, Matchika, Tchimangueré, Gbakomalékpa y Baguela. En esta zona, en los últimos meses, las fuerzas de Seleka, integradas sobre todo por musulmanes, escindidas ahora en al menos dos grupos armados, se enfrentan a las milicias antibalakas, compuestas principalmente por cristianos y animistas.

Todas las partes —Seleka, antibalakas y peuls armados (miembros del grupo étnico peul, muchos de los cuales pertenecen a un grupo escindido de Seleka)— atacan sistemáticamente a los civiles que consideran partidarios de la parte contraria.

 

Dekoa

El 10 de octubre, un ataque de Seleka en, y en torno a, la localidad de Dekoa, a 260 km al norte de Bangui, se saldó con la muerte de 14 civiles. Entre los muertos en la jornada de violencia había tres mujeres y cuatro niños. Nueve de las víctimas fueron asesinadas en el recinto de la iglesia católica, cinco de ellas fueron cuando trataban de esconderse en la sala del principal edificio residencial del recinto.

Las cinco víctimas restantes murieron más tarde a manos de las fuerzas de Seleka que huían al bosque. Además, las fuerzas de Seleka se llevaron a otros dos civiles como rehenes para usarlos como “guías”, de los que no se ha vuelto a tener noticias.

Sin embargo, las fuerzas militares francesas llegaron al recinto de la iglesia poco después de que comenzara el ataque y se enfrentaron a las fuerzas de Seleka en un combate prolongado en el que murieron al menos seis combatientes de Seleka, entre ellos el “coronel” que dirigía el ataque. Un número menor de miembros de las fuerzas de paz de la ONU ayudó también a detener la matanza.

“Las fuerzas francesas, con la ayuda de las fuerzas de paz de la ONU, impidieron que se cometiera una masacre a gran escala en Dekoa”, afirmó Stephen Cockburn.

 

Bambari

En las últimas semanas se han producido numerosos ataques en, y alrededor de, la localidad de Bambari, a 308 km al noreste de Bangui, y el ritmo de los ataques parece estar aumentando.

El 29 de septiembre, los combatientes antibalakas mataron a Abdou Salam Zaiko, un civil musulmán, a quien se le había averiado el coche. Según los informes, durante el ataque murieron al menos otros dos pasajeros musulmanes. Las tensiones aumentaron enormemente cuando llevaron el cuerpo mutilado de Zaiko a Bambari, su ciudad natal.

El 1 de octubre, en un ataque aparentemente de represalia, un grupo mixto de combatientes de Seleka y jóvenes armados atacó un campamento para personas desplazadas de Bambari, causando la muerte de cinco civiles y heridas a varios más.

El asesinato de Zaiko y de algunos de los pasajeros de su coche fue uno de una serie de incidentes en los que las milicias antibalaka han atacado a musulmanes de Bambari.

El 8 de octubre, siete pasajeros musulmanes que viajaban en un coche propiedad de un civil, Saidu Daouda, fueron asesinados por combatientes antibalaka tras una emboscada en la carretera. Los atacantes permitieron huir a todos los pasajeros cristianos del vehículo y a una mujer musulmana.

Tomaron a un grupo de personas, cristianos y musulmanes, y dejaron marcharse a los cristianos, incluido el conductor. Mataron a todos los hombres musulmanes capturados. Desnudaron los cadáveres para humillarlos y los cortaron en trozos, amputándoles las manos y los pies”, dijo Saidu a Amnistía Internacional.

Los musulmanes de Bambari subrayaron que debido a los ataques ya no podían viajar fuera de la ciudad. “PK 5 [cinco kilómetros desde el centro de la ciudad] es más o menos el límite para nosotros”, explicó uno de ellos. “Aquí estamos como prisioneros.”

Otros ataques han ido dirigidos contra los peuls, un gran grupo de pastores nómadas. A finales de septiembre, seis miembros de una familia peul murieron en un ataque de los antibalakas contra un campamento peul cerca de Bambari. Entre las víctimas había dos niños y una mujer. Uno de los supervivientes —emparentado con los fallecidos— contó así lo sucedido:

“Los antibalakas invadieron primero un grupo de tres chozas situado en el límite del campamento, perteneciente a Bodo. Todos estábamos ya en alerta máxima y cuando oímos que estaban atacando a su familia, el resto logramos huir. Al día siguiente volvimos al campamento y encontramos todos los cuerpos. Algunas personas estaban casi decapitadas; a otra le habían amputado los pies. Los enterramos en una fosa común.”

Atacantes peuls armados han sido responsables de una serie de ataques recientes contra algunos pueblos de las proximidades de Bambari, como Yamalé, Batobadja, Matchika, Tchimangueré, Gbakomalékpa y Baguela. No se sabe aún el número de personas que han perdido la vida en estos ataques, pues según los informes algunos de los cadáveres están expuestos en zonas remotas a las que es arriesgado acceder.

 

Obligados a huir

Los recientes actos de violencia han desencadenado una nueva oleada de desplazamientos en la zona. Miles de personas han huido de sus casas, y la mayoría se ha refugiado en la iglesia de Notre Dame des Victoires, en el límite occidental de Bambari. Otras han se han dirigido a pie hasta Grimari, a 80 km al este de Bambari.

El 26 de octubre, un investigador de Amnistía Internacional encontró a varios grupos de civiles cansados que huían de los pueblos de Yamalé y Malépu, por miedo a sufrir más violencia, y que se dirigían a Grimari.

“Tanto Bambari como Dekoa son ahora pueblos fantasmas, llenos de casas vacías, comercios cerrados y edificios abandonados. Las fuerzas internacionales presentes en el país deben aumentar sus esfuerzos para proteger a los civiles y garantizar que pueden regresar a sus hogares y vivir sin peligro”, concluyó Stephen Cockburn.

 

Información complementaria

La Misión Multidimensional Integrada de Estabilización de las Naciones Unidas en la República Centroafricana (MINUSCA), desplegada el 15 de septiembre de 2014, no ha podido detener o prevenir aún la mayoría de estos abusos. Las fuerzas internacionales están al límite —en parte porque todavía no se han incorporado a la MINUSCA varios miles de efectivos previstos— y no han podido impedir el aumento de la violencia en la región central del país.

Aquí puedes consultar el informe completo

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