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Israel y los Territorios Palestinos Ocupados: Nuevos datos de ataques ilegítimos de Israel en Gaza que causan un sinnúmero de víctimas civiles en un contexto de riesgo real de genocidio

Niños palestinos miran los restos de escombros en Rafah, al sur de la Franja de Gaza © MOHAMMED ABED/AFP via Getty Images
  • Al menos 95 civiles —casi la mitad niños y niñas— murieron en cuatro ataques ilegítimos en Rafá.
  • Los ataques tuvieron lugar en una gobernación del sur supuestamente “segura”.
  • Los cuatro son probablemente ataques directos contra la población civil y contra bienes de carácter civil y deben ser investigados como crímenes de guerra.

Nuevos datos de ataques letales ilegítimos en la Franja de Gaza ocupada, reunidos por Amnistía Internacional, demuestran que las fuerzas israelíes siguen vulnerando el derecho internacional humanitario y aniquilando familias enteras con total impunidad.

La organización ha llevado a cabo una investigación sobre cuatro ataques israelíes, tres en diciembre de 2023, tras el final de la pausa humanitaria, y uno en enero de 2024, que causaron la muerte de al menos 95 civiles, de ellos 42 niños y niñas, en Rafá, la gobernación más meridional de Gaza y supuestamente la zona “más segura” de la Franja, pero donde las fuerzas israelíes se están preparando actualmente para una operación terrestre.

En los cuatro ataques, la organización no encontró ningún indicio de que los edificios de viviendas afectados pudieran considerarse objetivos militares legítimos, ni de que las personas que estaban en los edificios fueran objetivos militares, lo que hace temer que estos bombardeos fueran ataques directos contra civiles y bienes de carácter civil y, por tanto, deben ser investigados como crímenes de guerra.

Aun en el caso de que la intención de las fuerzas israelíes hubiera sido de atacar objetivos militares legítimos en las proximidades, es evidente que estos ataques no distinguieron entre objetivos militares y bienes de carácter civil y, por tanto, serían indiscriminados. Los ataques indiscriminados que matan y hieren a civiles son crímenes de guerra. Los datos reunidos por Amnistía Internacional también indican que las fuerzas armadas israelíes no avisaron de forma efectiva, o de hecho de ninguna manera —como mínimo a todas las personas que vivían en los lugares afectados— antes de lanzar los ataques.

“Familias enteras fueron aniquiladas en los ataques israelíes incluso después de haber buscado refugio en zonas promovidas como seguras y sin ningún aviso previo por parte de las autoridades israelíes. Estos ataques ilustran la constante en curso de violación descarada del derecho internacional por las fuerzas israelíes, lo que contradice las afirmaciones de las autoridades israelíes de que sus fuerzas están tomando las máximas precauciones para reducir al mínimo los daños a la población civil”, ha afirmado Erika Guevara Rosas, directora general de Investigación, Incidencia, Política y Campañas de Amnistía Internacional.

Familias enteras fueron aniquiladas en los ataques israelíes incluso después de haber buscado refugio en zonas promovidas como seguras y sin ningún aviso previo por parte de las autoridades israelíes

Erika Guevara Rosas, directora general de Investigación, Incidencia, Política y Campañas de Amnistía Internacional.

Tres de los ataques se llevaron a cabo de noche, cuando era probable que la población civil residente, incluidas las familias desplazadas de otras zonas, estuviera, y de hecho estaba, en la cama dentro de sus viviendas.

Entre las personas que murieron en estos ataques ilegítimos había una bebé que aún no había cumplido tres semanas, un destacado médico de 69 años jubilado, un periodista que acogió en su casa a familias desplazadas y una madre que compartía una cama con su hija de 23 años. Los testimonios compartidos por afligidos supervivientes deben servir para recordar que estos crímenes en Gaza son una mancha en la conciencia colectiva del mundo”, ha declarado Erika Guevara Rosas.

“Tras el fundamental fallo provisional de la Corte Internacional de Justicia, según el cual el riesgo de genocidio es real e inminente, los horrendos detalles de estos casos refuerzan la urgencia de que todos los Estados presionen por un alto el fuego inmediato y sostenido, que es la manera más eficaz de implementar las medidas provisionales ordenadas por la Corte. También subrayan la importancia de que se imponga un embargo integral de armas a todas las partes en el conflicto.”

Amnistía Internacional visitó los lugares que habían sufrido los cuatro ataques, tomó fotografías y vídeos de la destrucción y entrevistó a un total de 18 personas, 14 de ellas supervivientes y 4 familiares que participaron en las operaciones de rescate. El Laboratorio de Pruebas del Programa de Respuesta a las Crisis de la organización analizó imágenes de satélite, fotografías y vídeos para geolocalizar y verificar los atraques y la destrucción resultante.

La organización también examinó el diario de la guerra publicado por la página oficial de las fuerzas armadas israelíes y no encontró referencia alguna a ninguno de los cuatro ataques. Amnistía Internacional envió a las autoridades israelíes preguntas relacionadas con los ataques los días 19 y 30 de enero de 2024. En el momento de publicar este comunicado no se había recibido respuesta.

“Los pequeños cuerpos de hijos estaban hechos pedazos”: El ataque de la familia Harb
El 12 de diciembre de 2023, a las 3:02 a.m., un ataque israelí impactó directamente en dos casas pertenecientes a la familia Harb en el barrio de Al Zuhour, en Rafá, y mató a 25 civiles: 10 niños y niñas, 9 hombres y 6 mujeres, una de ellas embarazada de 8 meses. Al menos otras 17 personas más resultaron heridas. El ataque destruyó por completo las dos casas y causó graves daños en tres viviendas colindantes donde se produjeron algunas de las víctimas.
Islam Harb, de 30 años, que perdió a 3 de sus 4 hijos en el ataque —sus hijas gemelas de 5 años, Jude y Maria, y un hijo de 6 meses, Ammar— describió a Amnistía Internacional el aterrador momento del ataque:

“Oí una enorme explosión. No recuerdo haber visto nada, sólo oí una explosión muy fuerte y perdí el conocimiento. Me desperté en el hospital; lo primero que recuerdo es que pregunté por mis hijos. Sólo Leen, de 4 años, sobrevivió; mi familia estuvo 7 días intentando sacar a los muertos de los escombros. El cuerpo de mi hermano Khalil [de 25 años] se encontró a 200 metros de la casa debido a la potencia del ataque, destrozado. Los pequeños cuerpos de hijos estaban hechos pedazos”.

Me desperté en el hospital; lo primero que recuerdo es que pregunté por mis hijos. Sólo Leen, de 4 años, sobrevivió; mi familia estuvo 7 días intentando sacar a los muertos de los escombros.

Islam Harb, de 30 años, perdió a 3 de sus 4 hijos en el ataque: sus hijas gemelas de 5 años, Jude y Maria, y un hijo de 6 meses, Ammar

Islam dijo a Amnistía Internacional que los miembros de su familia no tenían ni idea de por qué sus casas se habían visto afectadas y que no se les avisó de antemano del ataque. Su madre, Inaam, de 52 años; sus hermanas, Abir, de 23, y Najwa, de 26; y sus hermanos, Mohammed Al Hadi, de 22, y Zein Al Abidine, de 15, fueron algunas de las víctimas mortales del ataque.

Islam dijo que la familia alojaba a familiares desplazados que se habían visto obligados a salir de la ciudad de Gaza por orden de las fuerzas armadas israelíes, y agregó que eran parientes cercanos cuyos antecedentes conocían bien y que no tenían ninguna afiliación política.

Una hermana superviviente, Ahlam Harb, de 34 años, a la que tuvieron que amputar un dedo de una mano como consecuencia del ataque, dijo a Amnistía Internacional:

“Es un milagro que esté viva y hablando con ustedes. Tengo un dolor constante, sobre todo en los pulmones, aún me cuesta respirar. [...] He perdido a mi madre. Mi hermana Najwa, su esposo y todos sus hijos murieron. Abir, mi hermana más cercana, la persona más querida para mí, también murió. Su pérdida me ha destrozado. A mi hermano Mohammed Al sólo se le reconocía por el cabello; no quedó nada de mi hermano Khalil excepto su mano. [...] A mis hijos los rescataron vivos de debajo de los escombros. Los miro y no puedo creer que sigan vivos.

Abir ya había sido entrevistada por Amnistía Internacional tras la muerte de su prometido y la madre de éste en un ataque aéreo israelí durante una ofensiva de tres días en Gaza en agosto de 2022.

Declaraciones de testigos y pruebas fotográficas reunidas en el lugar del ataque indican que las casas recibieron más de un impacto, por lo que había al menos dos cráteres. Israel no dio ninguna explicación del incidente.

Amnistía Internacional visitó el lugar del ataque en dos ocasiones y examinó la lista de personas fallecidas y heridas. La organización no encontró ninguna prueba de que hubiera objetivos militares en la zona ni de que ninguna de las personas presentes en los edificios en el momento del ataque fueran objetivos militares legítimos, lo que suscita graves temores de que el ataque contra las viviendas de la familia Harb fuera un ataque directo contra la población civil y contra bienes de carácter civil, que debe investigarse como crimen de guerra.

“Vinimos a Rafá en busca de seguridad”: El ataque de la familia Shehada
El 14 de diciembre de 2023, hacia las 11:45 a.m., un ataque israelí impactó en una casa de tres plantas en el barrio de Brazil, en Rafá, propiedad de Abdallah Shehada, y la destruyó por completo. Este cirujano jubilado de 69 años, exdirector del hospital Abu Yousef Al Najjar, perdió la vida junto con al menos otros 29 civiles: 11 niños y niñas, 7 hombres y 11 mujeres. Al menos otras 10 personas resultaron heridas.

La víctima de más edad del ataque fue Hamdi Abu Daff, un hombre de 86 años desplazado, y la más joven Ayla Nasman, de 3 meses.

El hijo de Abdallah Shehada, Yousef, cirujano de 36 años en el Hospital Europeo de Jan Yunis, que también perdió a su hermano Yahia, estudiante de tecnologías de la información, de 29 años, dijo que había salido de la casa una hora antes del ataque.

“Era la casa de un médico que había dedicado su vida a ayudar a la gente, una casa donde buscaban refugio personas desplazadas. [...] Estuvimos días intentando sacar los cuerpos de los escombros, personas que sólo querían estar a salvo”, dijo. “Conocemos a todas las personas que estaban en el edificio.”
Al menos dos de las personas desplazadas que estaban en el edificio tenían permiso de trabajo en Israel, por lo que habían sido sometidas a un riguroso examen por las autoridades israelíes.

Ahmad Nasman, de 30 años, fisioterapeuta, perdió a su esposa Oula, de 29, también fisioterapeuta, y a los tres hijos de la pareja: Arwa, de 5 años; Karam, de 4 años, y Ayla, de 3 meses. Sus padres, Hassan, de 63 años, y Omaya, de 58, también murieron, al igual que su hermana Aya, de 28 años.

Ahmad dijo a Amnistía Internacional que un mes después de que sus padres se trasladaran al domicilio de Abdallah Shehada, él hizo lo mismo junto con su esposa y sus hijos a mediados de noviembre. Hicieron un penoso viaje desde la ciudad de Gaza hasta Rafá en una carreta tirada por caballos a través del denominado “corredor de seguridad”, al que calificó de “corredor del infierno”. La terrible experiencia aterrorizó a sus hijos, que vieron cómo los soldados israelíes efectuaban registros corporales sin ropa.

El día del ataque, Ahmad estaba en un mercado cercano y regresó rápidamente tras oír la explosión; cuando llegó, la casa estaba en llamas. “Todo estaba completamente destruido. [...] Sólo había ruinas, humo y piedras”, dijo.

Tardó cuatro días en recuperar el cuerpo de su hijita Ayla de los escombros; sólo se la podía reconocer por la ropa que vestía. La explosión decapitó a su hija de 5 años, Arwa.Cuando comenzó la guerra, sólo tenía una misión en mi vida, proteger a mis hijos. Ojalá hubiera estado con ellos cuando la casa sufrió el ataque”, dijo. “Mi cuerpo ha sobrevivido, pero mi espíritu murió con mis hijos, quedó aplastado con ellos bajo los escombros.

Cuando comenzó la guerra, sólo tenía una misión en mi vida, proteger a mis hijos. Ojalá hubiera estado con ellos cuando la casa sufrió el ataque. Mi cuerpo ha sobrevivido, pero mi espíritu murió con mis hijos, quedó aplastado con ellos bajo los escombros.

Ahmad Nasman, de 30 años, fisioterapeuta, perdió a su esposa Oula, de 29, también fisioterapeuta, y a los tres hijos de la pareja: Arwa, de 5 años; Karam, de 4 años, y Ayla, de 3 meses. Sus padres, Hassan, de 63 años, y Omaya, de 58, también murieron, al igual que su hermana Aya, de 28 años.

Un superviviente, que habló con la condición de que se mantuviera su anonimato, describió la experiencia de estar casi ocho horas atrapado debajo de los escombros con una pierna fracturada, sólo podía mover un brazo. Su esposa y su hijo de corta edad murieron en el ataque. Esta persona dijo a Amnistía Internacional que estaba junto a la puerta principal tras haber salido para hornear pan en leña cuando súbitamente se vio lanzado por el aire, se golpeó contra un muro y perdió el conocimiento:

“Comencé a chillar, a pedir a gritos que alguien me ayudara, estaba bajo los escombros [...] en algo parecido a un sótano muy, muy estrecho. [...] Podía ver que había personas intentando rescatarme. Grité durante dos horas, había mucho ruido en aquel lugar, podía oír el ruido de bulldozers.”

Thaer al Haddad, de 27 años, fue rescatado inmediatamente de debajo de los escombros, pero sus padres, Salama, de 48 años, y Maysara, de 47, y su esposa Aya, de 28, murieron en el ataque. Thaer dijo a Amnistía Internacional: “El doctor es un hombre muy prudente, y todas las personas que estaban dentro del edificio eran miembros de su familia o amigos cercanos. [...]  Vinimos a Rafá en busca de seguridad, pensábamos que el sur era más seguro.”

La investigación de Amnistía Internacional no encontró ningún indicio de que un objetivo militar estuviera presente dentro de la casa o en sus inmediaciones, ni de que fuera un objetivo militar, lo que plantea graves temores de que este ataque —del que Israel aún no ha proporcionado información alguna— fuera también un ataque directo contra la población civil y contra bienes de carácter civil.

“Todos estábamos durmiendo”: La familia Zu’rub
El 19 de diciembre de 2023, hacia la 1:30 a.m., un ataque israelí impactó en la casa de dos plantas de Omar Zu’rub, en el oeste de Rafá, y mató a 22 civiles: 11 niños y niñas, 7 hombres y 4 mujeres. La víctima de más edad del ataque, Omar Zu’rub, tenía 75 años, y la más joven, su sobrina nieta Al Amira Aisha, menos de 3 semanas y aún no había sido inscrita en el registro civil. La casa quedó completamente destruida y al menos tres casa colindantes sufrieron graves daños.

Amnistía Internacional pudo confirmar la identidad de al menos 16 personas que resultaron heridas, pero es probable que varias decenas sufrieran heridas, según testigos, ya que una de las casas que sufrieron graves desperfectos albergaba a hasta 70 personas.

Murieron todas las personas que dormían en el primer piso de la casa completamente destruida: Omar Zu’rub, de 75 años, su esposa Rowaida, de 70, y el hijo de ambos, Mahmoud, de 36. La esposa de Mahmoud, Mervat, de 35 años, también murió junto con los cuatro hijos de la pareja: Farah, de 16 años; Omar, de 14; Mohammed, de 13; y Dima, de un año.

El otro hijo de Omar, Mamdouh, funcionario de 39 años, estaba con su familia en el piso superior. Murió junto con su hija Roua, que acababa de cumplir 16 años.

La esposa de Mamdouh, Malak Al Shaer, dijo a Amnistía Internacional que todos estaban durmiendo; cuando ella se despertó estaba debajo de los escombros.

“No podía abrir los ojos porque estaban llenos de cristales, metralla y arena. Todo mi cuerpo estaba debajo de los escombros, sólo era visible un pie, los rescatadores tal vez tardaron 20 minutos en sacarme”, dijo.

No podía abrir los ojos porque estaban llenos de cristales, metralla y arena. Todo mi cuerpo estaba debajo de los escombros, sólo era visible un pie, los rescatadores tal vez tardaron 20 minutos en sacarme

Malak Al Shaer se despertó estaba debajo de los escombros

Malak sufrió graves quemaduras, algunas en la cara, y tiene problemas de visión debido a la metralla alojada en sus ojos, pero le dieron de alta en el hospital al cabo de dos semanas, ya que el derrumbe del sistema de atención de la salud de Gaza ha dejado a los hospitales del sur abrumados y con graves carencias en cuanto a material.

En una de las casas colindantes afectadas, de dos plantas y propiedad del periodista Adel Zu’rub, vivían más de 70 personas de la familia Al Lada que habían huido de Tal Al Hawa, en la ciudad de Gaza, durante la segunda semana de la ofensiva. El ataque mató a Adel y a nueve miembros de la familia Al Lada.

Un superviviente, Aref Al Lada’a, de 52 años, dijo a Amnistía Internacional: “Las paredes, piedras, hormigón, cristales comenzaron a caer sobre nosotros. Las paredes y las columnas se derrumbaron sobre nosotros debido a la potencia del ataque.”

Mohamed Zu’rub, cuya casa también resultó dañada en el ataque, dijo a la organización que el ataque afectó a un bloque de viviendas, lleno de familias. Dijo: “A veces sigo sin poder saber si fue real o una pesadilla. Mi sobrino tiene una hija, que aún no ha cumplido tres semanas, su otro hijo, aún no tiene 2 años. [...] ¿Pueden imaginar los cuerpos de estos niños aplastados bajo los escombros?”

La investigación de Amnistía Internacional no encontró pruebas de que ninguna de las personas que estaban en la casa que se vio directamente afectada estuviera afiliada a un grupo armado. La investigación de la organización tampoco encontró ningún indicio de que hubiera objetivos militares dentro de la casas o en sus inmediaciones, lo que plantea serios temores de que el ataque, que Israel no ha explicado todavía, fue un ataque directo contra la población civil y contra bienes de carácter civil y debe investigarse como crimen de guerra.

“Todos son civiles”: El ataque de la familia Nofal
El 9 de enero de 2024, poco antes de las 11 p.m., un ataque israelí afectó a las dos plantas superiores del edificio de cinco plantas de la familia Nofal, situado en Tal Al Sultan, un barrio a cuyos residentes las fuerzas armadas de Israel habían ordenado en repetidas ocasiones que se dirigieran.

El ataque causó la muerte de 18 civiles: 10 niños y niñas, 4 hombres y 4 mujeres. Al menos otras 8 personas resultaron heridas. De las personas que murieron, 16 estaban en los pisos cuarto y quinto de las viviendas de la familia Nofal. Las otras 2 —un hombre y un niño— eran de la familia vecina Awadallah, cuya vivienda construida con zinc se derrumbó bajo los escombros de la casa de la familia Nofal.

Nidal Nofal, de 47 años, enfermera que vive en la planta baja, dijo a Amnistía Internacional que familiares de Jan Yunis vivían con ella siguiendo las instrucciones de las fuerzas armadas israelís de viajar a Rafá:

“El mapa que enviaron [las fuerzas israelíes] mencionaba específicamente Tal Al Sultan como uno de los barrios seguros. Minutos antes de las 11 p.m., mi hijo gritó que había oído un ataque. [...] Cuando abrí la puerta y miré hacia fuera, vi fragmentos de cristales por todas partes.”

Personas expertas en armas de Amnistía Internacional examinaron fotografías de fragmentos de artefactos recuperados de los escombros y los identificaron como una bomba GBU-39 de pequeño diámetro, un arma de precisión guiada provista de una ojiva más pequeña, lo que explica los daños selectivos en las plantas superiores específicamente. La fabrica en Estados Unidos la empresa Boeing.

Como en los demás ataques, las autoridades israelíes no han explicado los motivos de este ataque. La investigación de Amnistía Internacional, incluido el examen de una lista de los nombres de rodas las personas que estaban en las plantas atacadas y de las que murieron o resultaron heridas en el ataque, no encontró indicios de que ninguna de las personas que estaban en el edificio fueran objetivos militares legítimos, lo que hace que este ataque sea un probable ataque directo contra la población civil y contra bienes de carácter civil, o posiblemente un ataque indiscriminado como consecuencia de no haber tomado todas las precauciones posibles para evitar causar muertes o heridas entre la población civil, lo que incluye asegurarse de que cualquier persona que fuera atacada era un combatiente, no un civil.

“La investigación de Amnistía Internacional ofrece indicios claros de los terribles estragos de los ataques incesantes e ilegítimos de Israel en Gaza. Cuando han transcurrido cuatro meses desde que comenzó la ofensiva de Israel, más de 28.000 personas palestinas han muerto y más de 60.000 han resultado heridas en medio de una catástrofe humanitaria sin precedentes. Ante la espantosa magnitud de la muerte y la destrucción, todos los Estados tienen la obligación inequívoca de actuar para impedir el genocidio, pero Estados clave no han hecho un llamamiento claro a un alto el fuego y siguen alimentando crímenes de guerra al suministrar armas a Israel”, ha afirmado Erika Guevara Rosas.

La investigación de Amnistía Internacional ofrece indicios claros de los terribles estragos de los ataques incesantes e ilegítimos de Israel en Gaza. Ante la espantosa magnitud de la muerte y la destrucción, todos los Estados tienen la obligación inequívoca de actuar para impedir el genocidio

Erika Guevara Rosas

“Las familias de varias víctimas han dicho que la lucha por algún grado de justicia es lo único que las mantiene motivadas a pesar de sus pérdidas, y hacen hincapié en la importancia de combatir la prolongada impunidad por crímenes de guerra y otros crímenes de derecho internacional cometidos por las fuerzas israelíes. Esto incluye la necesidad urgente de que la Fiscalía de la Corte Penal Internacional acelere la investigación en curso sobre los indicios de crímenes de guerra y otros crímenes atroces cometidos por todas las partes.

Información complementaria
Además de estos cuatro ataques, Amnistía Internacional ha documentado varios casos más en los que las fuerzas israelíes llevaron a cabo ataques ilegítimos que causaron muertes y heridas entre la población civil desde el 7 de octubre de 2023. Los incesantes bombardeos tienen lugar en el marco del asedio impuesto a Gaza; la privación deliberada de acceso a agua y alimentos que ha contribuido al hambre extrema y a plantear el riesgo de hambruna; y la destrucción de centros educativos y de salud y otras infraestructuras esenciales.

Las sucesivas oleadas de desplazamiento masivo han convertido Rafá en la zona más superpoblada de Gaza, donde más de un millón de personas, la inmensa mayoría de ellas desplazadas, viven en terribles condiciones, incluso en tiendas y escuelas improvisadas. La población de la gobernación se ha multiplicado por 5 con respecto a la población de antes de la guerra. Si las fuerzas israelíes lanzan una operación terrestre en Rafá, es muy probable que las repercusiones sean catastróficas para las personas desplazadas, que no tienen adonde ir, y para todo el sistema de ayuda humanitaria, que ya está al límite de su capacidad.

El 7 de octubre de 2023, Hamás y otros grupos armados lanzaron cohetes indiscriminados y enviaron combatientes al sur de Israel y cometieron crímenes de guerra como homicidios masivos deliberados de civiles y la toma de rehenes. Según las autoridades israelíes, Hamás y otros grupos armados en Gaza mataron al menos a 1.139 personas y tomaron como rehenes a más de 200, en su mayoría civiles, entre las que había 33 niños y niñas. Hasta el 1 de diciembre de 2023 habían sido liberados 113 rehenes en poder de Hamás y otros grupos armados en Gaza y 240 personas palestinas detenidas y presas en cárceles israelíes como parte de un acuerdo durante una “pausa humanitaria” que comenzó el 24 de noviembre y finalizó el 1 de diciembre.

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