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Detención de un representante de Amnistía Internacional y hostigamiento de activistas de derechos humanos

Amnistía Internacional ha expresado hoy su profunda inquietud por la seguridad de varios defensores de los derechos humanos en Sudán, a raíz de la detención de varias personas –entre ellas un representante de Amnistía Internacional– que asistían como delegadas a un foro de organizaciones no gubernamentales (ONG) celebrado en Jartum.

 

“Se trataba de una reunión transparente, cuya celebración ya conocían las autoridades, de personas que trabajan para lograr la paz y la justicia en la región. Detener y acosar a defensores de los derechos humanos constituye una clara infracción de las obligaciones de Sudán en virtud de las normas internacionales y regionales, como el Acta Constituyente de la Unión Africana. Los actos del gobierno han menoscabado la credibilidad y la autoridad de la Unión Africana justo cuando sus miembros están reunidos en la capital sudanesa” ha manifestado Kolawole Olaniyan, director del Programa Regional de Amnistía Internacional para África.

 

“Los hechos de la pasada noche ponen de manifiesto un preocupante aumento de las medidas represivas contra las personas dedicadas a la defensa de los derechos humanos por parte de las autoridades sudanesas, y tememos que vuelvan a producirse. Hacemos un llamamiento al gobierno de Sudán para que ponga fin de inmediato a todo acto de hostigamiento contra activistas de derechos humanos en el país.”

 

El foro de ONG había congregado a organizaciones no gubernamentales nacionales e internacionales, dos representantes de las Naciones Unidas y varios representantes de la Comisión Europea. El evento se estaba celebrando simultáneamente a la reunión de la Unión Africana con el propósito de debatir los asuntos relacionados con la paz y la justicia que afectan a la región.

 

A las 5.55 (hora local) de la tarde de ayer, miembros de las fuerzas de seguridad vestidos de civil irrumpieron en el edificio donde se estaba celebrando el foro de ONG. Los agentes de seguridad –cuyo número se elevó de 6 a 15 en el curso de los acontecimientos– ordenaron a todos los asistentes que apagaran los teléfonos móviles, dijeron que la reunión no estaba “autorizada” y exigieron los nombres de todos los participantes. A continuación ordenaron a los asistentes, que aproximadamente sumaban 40 personas, que entregaran todos los documentos y ordenadores portátiles que tuvieran en su poder. A quienes se resistieron, los agentes de seguridad les quitaron los bolsos a la fuerza.  Estallaron pequeños enfrentamientos, y fue entonces cuando entraron más efectivos de seguridad en el recinto y rodearon la sala.  Se incautaron de todo el material fotográfico impreso y digital y de todas las grabaciones en vídeo que portaban los participantes. A algunos asistentes los empujaron y amenazaron, diciéndoles: “Será mejor que hagan lo que les decimos o van a tener problemas”. A algunos participantes se les reclamó insistentemente que entregaran sus objetos personales.

 

Las fuerzas de seguridad trataron de dividir a los asistentes por grupos nacionales e internacionales. También hubo intentos de separarlos por sexos. Muchos se negaron a ambas cosas.

 

Mientras, en el exterior se había congregado una multitud compuesta principalmente de periodistas y representantes diplomáticos. Las fuerzas de seguridad les impidieron entrar en el edificio.

 

En torno a las nueve de la noche, las fuerzas de seguridad pretendieron liberar a las personas que representaban a grupos internacionales y mantener retenidas a las de nacionalidad sudanesa. Los participantes internacionales se opusieron, ya que temían por la seguridad de los sudaneses si se quedaban allí. Finalmente los llevaron a todos a la puerta principal y, después de otro intento infructuoso de separar ambos grupos, los dejaron en libertad.

 

Tras la liberación de todos los participantes, la Sección Política de la Seguridad Nacional telefoneó a dos de ellos para pedirles que se reunieran con funcionarios de seguridad. Faisal al Baqir –de 49 años, periodista autónomo, miembro de la organización no gubernamental Reporters Sans Frontieres y asociado a la Organización Sudanesa contra la Tortura– y el doctor Nagib Najmedin –de 60 años, copresidente de la reunión y director de dos ONG locales, el Centro Amal para la Rehabilitación de Víctimas de Trauma Físico y Mental y el Centro de Jartum por los Derechos Humanos y el Desarrollo del Medio Ambiente– fueron recogidos en sus domicilios para reunirse con Saleh al Obeid, director de la Sección Política de la Seguridad Nacional de Sudán. Éste les explicó que, si bien la reunión de ONG no tenía nada de malo, sí era “inoportuna”, lo que presumiblemente significaba que su celebración podía exaltar algunos ánimos dada la extrema delicadeza de los asuntos tratados en la reunión de la Unión Africana.

 

Información complementaria

 

Faisal al Baqir ya había sido detenido por agentes del mismo cuerpo de seguridad nacional en el 2001; permaneció privado de libertad del 13 al 26 de enero. Estuvo recluido en régimen de incomunicación y le fueron confiscados el ordenador, la motocicleta y varios documentos. Cada vez que regresa de un viaje al extranjero es invariablemente detenido e interrogado por agentes del cuerpo de inmigración, o recogido más tarde en su domicilio por agentes de la seguridad nacional.

 

El doctor Nagib también estuvo privado de libertad desde diciembre de 1989 hasta mayo de 1991, en las cárceles de Shobat y Kober, en Jartum.