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© Foto AP/Andy Wong. Los esfuerzos contra la pobreza en las montañas del oeste de China incluyen enseñar a los niños y niñas de la minoría étnica Yi a hablar mandarín. En la imagen se ve a una mujer y varios menores parados al borde de una carretera en el condado de Ganluo, provincia de Sichuan, suroeste de China, el miércoles 9 de septiembre de 2020.

La pobreza tiene género

Por Vega Alonso del Val (@VegaAlonsoV), colaboradora de Amnistía Internacional, 

Mujeres y niñas están más expuestas a sufrir pobreza económica en todo el mundo. No existe ningún país en el que se dé una igualdad económica entre hombres y mujeres. La pobreza aumenta la brecha de género y esta genera a su vez pobreza. Brecha de género y pobreza son dos desigualdades interconectadas que vulneran los derechos de las mujeres.

Faiqqa Homsi sostiene a su hija Maya, a quien le diagnosticaron cáncer, en el balcón de su apartamento en el barrio pobre de Mulawiya en la ciudad norteña de Trípoli, Líbano. Una crisis económica sin precedentes y las restricciones por la COVID-19 están llevando a las personas más vulnerables al límite.

Faiqqa Homsi sostiene a su hija Maya, a quien le diagnosticaron cáncer, en el balcón de su apartamento en el barrio pobre de Mulawiya en la ciudad norteña de Trípoli, Líbano. Una crisis económica sin precedentes y las restricciones por la COVID-19 están llevando a las personas más vulnerables al límite de sus posibilidades. © Foto AP/Hassan Ammar

¿Qué es la feminización de la pobreza?

Este concepto fue acuñado en los años 70 para mostrar una realidad: la pobreza económica afecta más a las mujeres que a los hombres. Según Naciones Unidas, el 70% de las personas pobres en el mundo son mujeres. Además, una de cada cinco niñas en el mundo vive en condiciones de extrema pobreza. Es decir, en un hogar que sobrevive con menos de 1,90 dólares al día. 

Mujeres y niñas son más vulnerables a cualquier forma de violencia y la pobreza económica es una violencia más hacia este colectivo. La feminización de la pobreza vulnera sus derechos y además, frena el desarrollo social y el crecimiento económico mundial.

Hablamos de una brecha de género que pone de relieve cómo las distintas opresiones que sufren mujeres y niñas están conectadas. La pobreza frena su independencia económica, el acceso a los recursos o a derechos como la educación y la salud. Además, genera menos protección ante la violencia y suma más dificultades para tomar decisiones o participar de forma activa en la vida política.

Varias niñas beben zumo de quinoa y comen pan en la parte trasera de una mototaxi en el distrito de Villa María del Triunfo de Lima, Perú, el miércoles 17 de junio de 2020. La comida fue donada por una familia adinerada y distribuida a un área de pobreza la capital en medio de la nueva pandemia de coronavirus

Varias niñas beben zumo de quinoa y comen pan en la parte trasera de una mototaxi en el distrito de Villa María del Triunfo de Lima, Perú, el miércoles 17 de junio de 2020. La comida fue donada por una familia adinerada y distribuida a un área de pobreza la capital en medio de la nueva pandemia de coronavirus. © Foto AP/Rodrigo Abd

¿Por qué la pobreza afecta más a las mujeres?

La discriminación contra las mujeres y niñas es causa y al mismo tiempo consecuencia de la desigualdad que genera la pobreza económica. Es decir, la pobreza aumenta la brecha de género y la desigualdad de género provoca pobreza. Un círculo que es necesario romper.

En todo el mundo el sistema patriarcal y la perpetuación de los roles de género fomentan desigualdades sociales, culturales y económicas que generan pobreza. La desigualdad laboral es uno de los principales factores que potencian la feminización de la pobreza con salarios más bajos, trabajos no remunerados y mayor tiempo dedicado a los cuidados. Un trabajo que pocas veces es reconocido y valorado.

Natividad Benítez levanta a su hijo Lionel Domínguez de la cama en su casa, durante un cierre ordenado por el gobierno para frenar la propagación del nuevo coronavirus, en el barrio de chabolas Villa 1-11-14 de Buenos Aires, Argentina, el 2 de junio de 2020.

Natividad Benítez levanta a su hijo Lionel Domínguez de la cama en su casa durante un cierre ordenado por el gobierno para frenar la propagación del coronavirus en el barrio de chabolas Villa 1-11-14 de Buenos Aires, Argentina, el 2 de junio de 2020. © Foto AP/Natacha Pisarenko

Además, el acceso de las mujeres a la propiedad, la vivienda o las finanzas sigue siendo muy difícil en muchas zonas del planeta. En algunos países, las mujeres tienen que pedir permiso a su padre, hermano o marido para abrir una cuenta corriente. En otros, las legislaciones pueden restringir su capacidad para heredar tierras o pedir préstamos.

Esta falta de acceso igualitario a las finanzas es una barrera para salir de la pobreza en la que se encuentran muchas mujeres e impide que tengan plena autonomía para tomar decisiones sobre sus propias vidas.

Por otro lado, la falta de acceso a la educación también genera pobreza y esta, al mismo tiempo, aumenta la probabilidad de no acceder a una educación. De nuevo, el círculo de la pobreza y la brecha de género.

Las crisis económicas ponen en relieve las desigualdades que sufren las mujeres e intensifican aún más las situaciones de pobreza en este colectivo. La actual crisis derivada de la COVID-19 ya lo está haciendo.

La pandemia está generando más precariedad, más sobrecarga del trabajo de los cuidados y, por tanto, más dificultades para teletrabajar o mantener sus oportunidades de empleo, más carga mental a la hora de conciliar, más invisibilidad de las mujeres que trabajan en la economía sumergida –como las empleadas del hogar–, másdificultades para las familias monoparentales y más violencia. Solo en Europa los servicios de emergencia registraron un aumento de hasta un 60% en las llamadas de mujeres víctimas de violencia doméstica durante los periodos de confinamiento por el coronavirus. 

A nivel mundial, esta pandemia ensanchará la brecha de pobreza entre mujeres y hombres. La ONU calcula que unos 47 millones más de mujeres y niñas caerán por debajo de la línea de pobreza, revirtiendo así décadas de progreso para erradicar la pobreza extrema. 

Y otro aspecto relevante: con la crisis las mujeres tienen más probabilidades de perder su trabajo. En España el Instituto de la Mujer señala que los sectores más feminizados –como turismo, comercio, hostelería– son los más afectados por la pandemia y en los que la recuperación de su actividad será más lenta.

Una mujer refugiada siria sostiene un cartel mientras protesta frente a la sede de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, exigiendo ser trasladada fuera del Líbano, que está atravesando su peor crisis económica en la historia con el consiguiente aumento del desempleo y de los niveles de pobreza, 24 de septiembre de 2020.

Una mujer refugiada siria sostiene un cartel mientras protesta frente a la sede de la agencia de las Naciones Unidas para los refugiados, ACNUR, exigiendo ser trasladada fuera del Líbano, país que está atravesando su peor crisis económica con el consiguiente aumento del desempleo y de los niveles de pobreza, 24 de septiembre de 2020. © Foto AP/Hussein Malla

¿Podemos acabar con la feminización de la pobreza?

Sí, se puede y se debe. Un objetivo que debe involucrar a gobiernos, empresas, ciudadanía y organizaciones. Decíamos anteriormente que la feminización de la pobreza es una brecha de género más y que todas las desigualdades están interconectadas entre sí. Por ello, si acabamos con la desigualdad de género podemos romper con el círculo de la pobreza que sufren las mujeres y viceversa. 

Una apuesta real por la igualdad junto con cambios estructurales y sociales pueden ir abriendo el camino. Esta igualdad de género pasaría por que mujeres y hombres tuvieran el mismo acceso a un empleo, la misma retribución por el mismo trabajo, un reparto de las tareas del hogar y por reconocer y valorar los cuidados no remunerados y el trabajo doméstico. Esta igualdad pasaría por garantizar el mismo acceso en todo el mundo a una propiedad, a un préstamo y  a una educación y salud de calidad.

El empoderamiento de las mujeres y niñas también es clave para tener autonomía económica. Es importante que dispongan de las herramientas necesarias para conocer sus derechos y poder expresarse.

Recordamos que más de la mitad de la población en todo el mundo son mujeres. Erradicar la pobreza económica que sufren es fundamental porque sin igualdad no hay desarrollo posible.