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Las autoridades militares deben frenar la actuación de las fuerzas de seguridad

Policías antidisturbios egiptos preparados para entrar en acción durante las protestas de la plaza Tahrir.

El Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto debe poner fin de inmediato al uso excesivo de fuerza, que ha dejado un saldo de numerosos muertos y heridos desde las protestas del pasado sábado en la plaza de Tahrir de El Cairo, ha dicho hoy Amnistía Internacional.

Según informes, más de una veintena de personas ha perdido la vida en los violentos enfrentamientos que se han producido desde el sábado en El Cairo y Alejandría.
Asimismo, cientos de manifestantes resultaron heridos durante los altercados cuando, al parecer, las fuerzas de seguridad dispararon perdigones y balas de goma contra la multitud.

“El derramamiento de sangre que ha tenido lugar durante el fin de semana es totalmente inaceptable. La nueva oleada de violencia pone en tela de juicio las órdenes dadas a las fuerzas de seguridad”, ha expresado Philip Luther, director en funciones del Programa Regional para Oriente Medio y el Norte de África de Amnistía Internacional.

“Consideramos que el Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto es responsable de proteger la vida y la seguridad de los manifestantes y los votantes en las elecciones de la semana que viene.”

“La actuación policial que se ha visto durante el fin de semana recuerda a la represión de la 'Revolución del 25 de enero', y las fuerzas de seguridad han aplicado los mismos patrones abusivos que en las tres décadas de mandato de Mubarak.”

“Aunque las autoridades egipcias tienen el deber de mantener la ley y el orden en el país, no deben hacer un uso excesivo de la fuerza para reprimir las manifestaciones pacíficas que tengan lugar, ya que esto representa una grave amenaza contra los derechos de reunión y libertad de expresión de los ciudadanos egipcios.”

El 22 de noviembre, Amnistía Internacional publicará un nuevo informe titulado Broken Promises: Egypt's Military Rulers Erode Human Rights.

El informe, que se presentará antes del comienzo de las elecciones del próximo 28 de noviembre, analiza cómo la retórica oficial ha ocultado una represión cada vez mayor sobre los ciudadanos que se atreven a desafiar, cuestionar o criticar a las autoridades militares egipcias.

Los manifestantes se reunieron en la plaza de Tahrir durante el fin de semana después de que la policía antidisturbios dispersase de forma violenta una acampada organizada por un grupo de personas que habían resultado heridas en la revolución de enero. Los manifestantes se habían instalado en la plaza la semana pasada para pedir al Consejo Supremo de las Fuerzas Armadas de Egipto que transfiriera el poder al pueblo y les proporcionara las reparaciones correspondientes por las heridas sufridas.

En un intento por retomar el control de la plaza de Tahrir y las calles aledañas, las fuerzas de seguridad golpearon a los manifestantes con palos y utilizaron gases lacrimógenos indiscriminadamente para dispersar a la multitud. Algunos manifestantes respondieron a las agresiones lanzando piedras y, en algunos casos, cócteles Molotov. Alrededor de 120 personas fueron detenidas y remitidas a la fiscalía para someterlas a un proceso de investigación.

Según informes, los cuerpos del depósito de cadáveres de El Cairo mostraban heridas de munición real en cabeza y pecho, incluidas heridas por disparos de bala. La fiscalía ha pedido un estudio forense de los cuerpos.