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Miles de personas se echaron a la calle para expresar su solidaridad e insuflar nueva vida a periodistas, autores de sátiras y dibujantes que se niegan a ser amordazados por el miedo. © Photo by Aurelien Meunier/Getty Images

Sin mordazas tras el atentado contra Charlie Hebdo

Por Conor Fortune, redactor de noticias de Amnistía Internacional, 

“Puedo escribir los versos más tristes esta noche”, reza el inicio del poema de Pablo Neruda. Sin embargo, he de admitir que resulta muy duro escribir estas palabras en estos momentos.


Como periodista, se me hace muy duro empuñar la pluma para hilvanar algunas ideas, para poner orden en el aparente caos y para hallar algún sentido a los sucesos de ayer. Razón de más para hacerlo.


Toda la gente que conozco estaba conmocionada por el atroz asesinato de 12 personas en las oficinas en París del semanario satírico Charlie Hebdo. Muchos creativos –periodistas, autores de sátiras, dibujantes, etc.– se vieron sacudidos por una combinación de rabia, dolor y miedo.

Sin embargo, hoy se alzan desafiantes, de vuelta a la lucha. Siguen escribiendo, satirizando, dibujando. Como plasmó gráficamente Dave Brown en el diario británico The Independent, han decidido sacar el dedo medio a cuantos intentan silenciar a la prensa y restringir la libertad de expresión.

Cada uno a su manera, seguirán tratando de crear algo nuevo y significativo, transmitir nuevos conocimientos o inspiración a otros, arrojar un rayo de luz incluso en los rincones más sombríos de la existencia humana y explorar nuestras dudas y emociones más profundas.

Y es lo que deben hacer. La libertad de expresar las creencias, opiniones y visiones más personales es una de las grandes maravillas de ser humano. El negar ese derecho, por el medio que sea, es invariablemente un acto demoledor, idiotizante, deshumanizador.

No todo el mundo comparte la misma opinión en todo momento, pero el intercambio de ideas no debe nunca terminar en un baño de sangre.

El derecho a la libertad de expresión es un eje fundamental para la realización y el ejercicio de todos los derechos humanos. De acuerdo, no es un derecho absoluto: existen algunas circunstancias, muy limitadas, en las que la libertad de expresión se puede restringir, por ejemplo cuando se trata de un “discurso del odio” o una incitación a la discriminación.

Pero el derecho internacional de los derechos humanos no permite restricción alguna de la libertad de expresión simplemente porque otras personas encuentren esa expresión ofensiva o porque las autoridades digan que supone un riesgo para el orden público.

En el periodo inmediatamente posterior a un ataque tan atroz, existe el peligro de que las autoridades se apresuren a adoptar nuevas medidas antiterroristas o impongan restricciones que afecten al derecho a la libertad de expresión y a otros derechos.

Además, a menudo existe el peligro de que, por una razón u otra, algunos se lancen al ataque, agravando la discriminación y los prejuicios y dividiendo a sociedades por criterios de religión o de etnia. Por desgracia, esto es algo que ya hemos presenciado en algunos incidentes aislados de ataques a mezquitas. No debe permitirse que esta situación vaya en aumento.

Tal como subrayó ayer, tras los homicidios, el alto comisionado de la ONU para los derechos humanos, “el Estado de derecho debe unirnos en una postura firme frente a estos actos terroristas. El Estado de derecho requiere también que tratemos de detener y castigar a los responsables directos de perpetrar o planificar delitos específicos o ser cómplices en ellos y no echar la culpa a ningún grupo más amplio”.


Resulta alentadora la unidad demostrada por la población tras el tiroteo de Charlie Hebdo, ver cómo la gente, en Francia y en el mundo entero, se ha negado a dejarse amedrentar para guardar silencio. Personas de todos los ámbitos sociales y, lo que es más importante, de todos los credos han condenado los homicidios y se han alzado en defensa de la libertad de expresión.

Los periodistas y la población en general se han resistido al posible impulso de autocensurarse y amordazar cualquier crítica o debate adicional sobre el atentado.

Al contrario, miles de personas se han echado a la calle para expresar su solidaridad e insuflar nueva vida a todos los periodistas, autores de sátiras y dibujantes que se niegan a ser amordazados por el miedo y que están decididos a seguir trabajando tras el atentado.

Yo, al menos, confío en que sigan haciéndolo. Nuestra libertad colectiva depende de ello. #JeSuisCharlie.