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Fotografía de una mujer yazidí junto a su hijo tomada por nuestra investigadora Donatella Rovera durante su misión de investigación a Irak. © Donatella Rovera

Mujeres yazidíes, las esclavas del siglo XXI

Por @nareen_shammo, periodista y activista,

Las mujeres yazidíes constituyen una entidad dinámica en el núcleo de la sociedad yazidí. Su existencia hoy en día se ve amenazada por los miembros del Estado Islámico, que las secuestran, venden, violan y esclavizan.

Esta minoría etno-religiosa, a la que se le da la opción de convertirse al islam o morir, lleva más de 6.000 años viviendo en Irak. A lo largo de la historia ha sobrevivido a 47 intentos de exterminio, el más reciente de ellos ocurrido el pasado 3 de agosto de 2014.

Este día el Estado Islámico de Irak y el Levante tomó Sinyar tras la retirada de las fuerzas peshmerga del Kurdistán. El resultado fue más de 5.000 civiles muertos y unas 7.000 personas  secuestradas. Unos 200.000 yazidíes quedaron atrapados durante 12 días en la montaña, entre ellos cientos de bebés, personas mayores y enfermas, a quienes sitiaron hasta que murieron de hambre.

Además de Sinyar, el Estado Islámico mató a 712 hombres del poblado de Kojo. Capturaron a las mujeres y menores, y los tomaron como esclavos el 15 de agosto de 2014. 

Supervivientes yazidíes posan para la foto. Previamente habían relatado su historia a nuestra investigadora Donatella Rovera. © AI

Varios de nuestros vecinos, incluidos árabes, turcomanos y kurdos, se han unido al Estado Islámico de Irak y el Levante y han participado en el homicidio y la venta de yazidíes, a quienes han robado su dinero y han destruido sus casas.

Proyecto de cautiverio y esclavitud sexual

Tras capturar a las personas yazidíes, el Estado Islámico las dividió en categorías: hombres, mujeres ancianas, madres junto a niños y niñas menores de 6 años, niñas vírgenes (incluidas las de tan sólo 8 y 9 años de edad), y niños.

Muchas de esas niñas fueron entregadas a los soldados y oficiales que habían ocupado Sinyar. El resto, a miembros del Estado Islámico en Siria.

Tal es el horror que padecen, que he oído hablar de distintas formas de suicidio: beber queroseno, cortarse las arterias, saltar de vehículos en marcha o desde edificios altos, e incluso prenderse fuego. Lo han hecho decenas de niñas en Aaj, Tal Afar y Mosul, en Irak; y en Al Tabaka y Palmira, en Siria.

Durante los primeros meses de cautiverio obligaron a todas las niñas a ingerir píldoras no identificadas. A algunas mujeres embarazadas las hicieron abortar violándolas a diario, dándoles palizas con cinturones o propinándoles patadas en el vientre.

Cuando el Estado Islámico comenzó la venta de personas yazidíes en Mosul, a mediados de agosto de 2014, la horquilla de precios osciló entre los 5 y los 100 dólares estadounidenses. Luego se inició la venta online a través del WhatsApp. La operativa consistía en enviar foto o descripción de la niña, precio y tipo de tareas diarias que era capaz de realizar. También indicaban si hablaba árabe con fluidez y si había memorizado partes del Corán. Los precios comenzaron a subir y a oscilar entre los 5.000 y los 15.000, dólares, a veces incluso más.


Imagen de una mujer yazidí víctima del Estado Islámico.  La mujer protege su rostro por motivos de seguridad. © AI

Historias de esclavitud

Para comprender el sufrimiento de las mujeres yazidíes puedo relatar algunos casos. Por  motivos de seguridad omito el nombre completo.

(A.) Niña de 14 años del centro de la ciudad de Sinyar.

Es la única superviviente de su familia. Mataron a su padre y a su hermano. Su madre, sus dos hermanas y su hermano pequeño están en paradero desconocido. Presenció la violación de una niña de 8 años en la zona de Al Gizlani, en Mosul.

(N.) Mujer de 39 años, embarazada y madre de 6 hijos.

Vivía con sus hijos en un túnel subterráneo, entre agua sucia, acompañada de otras madres y niños.
Después, tanto ella como sus hijos fueron vendidos una vez en subasta pública y otras nueve a través del WhatsApp.

Ha dado a luz delante de sus hijos. El hombre encargado de ella la violó sólo cuatro días después de haber alumbrado a su hijo.

La torturaron con palos y cables, la ataron a las ventanas y le aplicaron descargas eléctricas.
Ahora vive en el campo de refugiados de Shaarya junto a sus hijos.

No sabe nada de su hija de 10 años, vendida en Siria, ni tampoco de su esposo.

C. K. tiene 28 años.

Fue secuestrada en Khansour, en el norte de Sinyar, junto a 67 miembros de su familia. Durante cinco meses estuvo viviendo bajo tierra con sus dos hijos.

Fue trasladada a un palacio de dos plantas en la ciudad de Raqqa, donde había mujeresy varios menores.

Allí, el Estado Islámico hirió mediante cortes a los niños yazidíes delante de sus madres. A ella la obligaron a cocinar a su propia hija.

En aquella casa había una niña de apenas 12 años desnuda y atada a una cama. Murió a causa de una fuerte hemorragia y sus captores se deshicieron del cadáver.

Infancia

Decenas de niños y niñas pequeños han sido separados de sus madres y entregados como regalo a las familias de los soldados del Estado Islámico.

A 911 niños los metieron en campos del Estado Islámico, donde les enseñaron la sharia (la ley islámica), y cómo decapitar y luchar en combates. El Estado Islámico ha adiestrado a 260 niños en Tal Afar y les ha enseñado a conducir vehículos para perpetrar atentados suicidas.

Más de 2.700 niños y niñas yazidíes han sobrevivido al Estado Islámico y viven con sus familias en 15 campos de refugiados en la región del Kurdistán, en Turquía, Siria y Grecia. Mil de estas niñas fueron trasladadas a Alemania y acogidas en un proyecto de rehabilitación.

Unas 4.000 mujeres y niñas siguen cautivas a día de hoy por el Estado Islámico.

Bassema Darwish es una de las miles de mujeres yazidíes secuestradas por el Estado Islámico y convertidas en esclavas sexuales. Está detenida en una cárcel del Kurdistán, donde también ha sido torturada y acusada de terrorismo.

¡pide justicia para bassema!

Al final

Tras esta tragedia, el pueblo yazidí no se siente seguro en su propia tierra. No se fía ni del ejército, que lo dejó en manos del Estado Islámico, ni de los vecinos que se unieron a ese grupo.
Por eso reclama una zona segura bajo supervisión internacional, y pide a la comunidad internacional que lo apoye para llevar la causa yazidí ante la Corte Penal Internacional y hacer comparecer a los responsables ante la justicia.

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