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Yasmín C. Moreno

Blog

La violencia de género y la tela de araña

Por Almudena Anés, miembro del equipo de Diversidad Afectivo-Sexual y de Género de Amnistía Internacional,

Yasmín C. Moreno (Madrid, 1993) es psicóloga y escritora. Graduada en psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y máster en psicología general sanitaria, ha completado su formación en diversas áreas como la violencia de género y la psicología infanto-juvenil, y se ha formado en varias técnicas psicoterapéuticas como la terapia cognitivo-conductual, el mindfulness y la terapia narrativa. Como experta, desde el equipo de Diversidad Afectivo-Sexual y de Género de Amnistía Internacional, le hacemos algunas preguntas sobre el maltrato psicológico.

¿Cómo definirías, desde tu experiencia en el ámbito de la psicología y de la literatura, las concepciones de la violencia de género y del maltrato psicológico? De hecho, dentro de la violencia de género, el maltrato psicológico es el tipo de maltrato menos visible, ¿cómo se puede reconocer esta violencia en concreto? ¿Qué efectos tiene sobre la persona que lo sufre?

La violencia de género tiene la base en el poder, en una relación vertical que se sustenta en un sistema patriarcal que la permite y legitima. El maltrato psicológico es una forma más de dominación y control de la otra persona. El problema es que es un tipo de violencia sutil, que no deja rastro visible como otros tipos de maltrato, y en ese sentido es muy peligroso porque puede mantenerse durante mucho tiempo sin que las personas ajenas a la relación se den cuenta.

Los efectos de la persona que lo sufre se dan no solo a nivel psicológico sino también a nivel físico. A nivel psicológico, fundamentalmente, vamos a encontrar que la persona victimizada tiene una autoestima completamente minada, con muchas emociones de culpa, vergüenza, inutilidad... Esto se explica porque la persona acaba interiorizando el discurso del agresor, y termina teniendo una imagen completamente negativa de sí misma.

Puede complicarse con trastornos como la depresión o la ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria o, en los casos más graves, trastorno de estrés postraumático. También pueden aparecer conductas autodestructivas como las autolesiones, el abuso de sustancias o incluso la ideación suicida o las tentativas de suicidio. A nivel físico, es probable que se alteren los patrones de sueño y de alimentación, y que haya una inhibición del deseo sexual, así como una gran fatiga y sensación de falta de energía.

Chica que sostiene un cartel que dice "El amor no duele"

La violencia de género tiene la base en el poder, en una relación vertical que se sustenta en un sistema patriarcal que la permite y legitima. © Anete Lusina

¿Qué opinas sobre los procesos de victimización dentro de la violencia de género? ¿Hay estadios de categoría dentro de las víctimas, fases?

La violencia no surge de un día para otro. Es insidiosa, es decir, va entrando en la dinámica de la relación poco a poco, hasta que se instaura completamente y acaba por invadirlo todo. Algunas autoras hacen referencia a la tela de araña como metáfora. Leonore Walker habla del ciclo de la violencia de género para comprender las diferentes fases en las que se ve inmersa una persona victimizada. En primer lugar, hay una fase de luna de miel. Esto tiene mucho que ver con el amor romántico y la cultura del «cegarse» por el enamoramiento. Muchas veces escuchamos a las mujeres hablar del agresor como una persona encantadora en los inicios, con atención a los detalles, seductor...

Poco a poco van apareciendo pequeñas señales: un comentario por la ropa que ella lleva puesta, por algo que no ha hecho, una discusión con motivo de los celos… Se conoce como la fase de tensión, que pronto da lugar a la siguiente fase en la que el agresor “explota”. Las agresiones pueden ser de tipo verbal, sexual o físico. A esta fase se sucede una fase de reconciliación, en la que el agresor se disculpa justificando su comportamiento, muchas veces a través del de ella (por ejemplo: «es que me provocaste», etc.), y a esta sigue de nuevo otro periodo de luna de miel o calma. Esta dinámica hace que, por un lado, la mujer sienta una falta de control absoluto, puesto que él puede saltar en cualquier momento y, a la vez, una sensación de culpabilidad al pensar que quizás él tenga razón y sea ella la que hace algo mal.

Este comportamiento impredecible y variable hace que la mujer pueda aferrarse al hecho de que él no se comporta siempre así, que tiene un problema de gestión de la ira, por ejemplo. La mujer victimizada se ve obligada a cambiar su comportamiento para intentar así (de manera ineficaz) que las agresiones no se repitan (por ejemplo, cambiando su manera de vestir, dejando de ver a sus amigas...). Sabemos que, con el tiempo, estos ciclos se acortan y se dan menos periodos de calma y más periodos de tensión y agresión. Sabemos también que el nivel de intensidad de las agresiones aumenta con el tiempo, lo que se conoce como 'escalada de la violencia'. Esto hace que, si al inicio de la relación el agresor se dedica, por ejemplo, a empujar a la mujer, con el paso del tiempo acaba desarrollando conductas en las que pone en riesgo la vida de ella.

Pierre Bourdieu habla sobre la violencia simbólica y cómo esta se reproduce a través de los medios de comunicación y la publicidad.

Dado que eres escritora, ¿crees que la violencia y el continuo del amor romántico y las relaciones tóxicas en cierto tipo de literatura y cine pueden ser un generador de conductas dominadoras y violentas dentro de la población joven?

En adolescentes, se ha detectado un incremento de casos sustanciales de violencia de género, por ejemplo, y, sobre todo, de maltrato psicológico en las formas de control excesivo y descalificación.

La cultura reproduce la estructura social y el pensamiento dominante. Si echamos un vistazo a la cultura «mainstream», preocupa bastante observar hasta qué punto se sigue mostrando una imagen del amor romántico basado en el sacrificio y la exclusividad, con roles de género muy marcados. Efectivamente, las formas de violencia de género en la población más joven no dejan de aumentar, sobre todo en formas que tienen que ver con los celos y el control, pero que toma una forma diferente si lo comparamos con otras generaciones, pues se realiza fundamentalmente por el control del teléfono móvil y las redes sociales, o el ciberacoso.

Sorprende escuchar hasta qué punto hay adolescentes que consideran natural mostrar el teléfono móvil a su pareja: las conversaciones, los likes, las fotografías... Está relacionado con la idea de amor fusional en el que, cuando se tiene pareja, la individualidad y la intimidad desaparecen.

Chico que sostiene un cartel que dice "el amor no duele"

Preocupa bastante observar hasta qué punto se sigue mostrando una imagen del amor romántico basado en el sacrificio y la exclusividad, con roles de género muy marcados. © Anete Lusina

¿Qué es la violencia perversa? ¿Piensas que vivimos en una sociedad de perversos narcisistas?

El proceso de violencia perversa se caracteriza por ser complejo, ya que es enmascarado, íntimo y cerrado. Es una violencia “limpia” porque nadie ve nada, solo las víctimas identifican las huellas de las insinuaciones que lleva a cabo el agresor, pero que puede acabar destruyendo completamente a la persona que la padece. No creo que vivamos rodeados de perversos narcisistas. Este término, según como yo lo entiendo, hace referencia a la persona que ejerce violencia psicológica casi como un fin en sí misma, que incluso disfruta con ello. Yo creo que la violencia, salvo en los casos patológicos como un trastorno de la personalidad, una psicopatía, se ejerce con un fin, que es siempre el de dominar a la otra persona, obtener un poder, para conseguir un fin.

¿Qué papel juega la seducción en la violencia de género?

Primero habría que diferenciar qué es seducción y que es, directamente, agresión. Esto tiene que ver con el consentimiento, con el respeto y la reciprocidad. Pienso en la polémica en Francia contra el #MeToo donde un centenar de artistas defendían «que la seducción o la galantería no es una agresión machista». Creo que este tipo de opiniones mantienen esa idea de las mujeres como objeto de deseo sexual sobre el que los hombres tienen derechos. El problema es que frecuentemente la seducción, tal y como se entiende desde las relaciones heterosexuales más «típicas», por así decirlo, está muy anclada en los roles clásicos de género y en el amor romántico, donde el hombre es el que tiene un papel activo y la mujer «se deja seducir». En el caso contrario, cuando la mujer toma un papel de seductora, sigue teniendo una mala fama. En el imaginario cultural una mujer que seduce aún tiene una connotación negativa. Esto tiene que ver con el poder y la capacidad de autodeterminación, que sigue asustando todavía a unos cuantos…

La violencia de género tiene la base en el poder

La violencia, salvo en los casos patológicos, se ejerce con un fin, que es siempre el de dominar a la otra persona, obtener un poder, para conseguir un fin. © Eleanor Jane  

¿Cómo aplicas la perspectiva de género y las técnicas narrativo-literarias a las terapias que ofreces en tu consulta?

Desde la terapia narrativa se postula que las personas somos lo que nos contamos que somos. Como en una novela, las historias que nos podemos narrar sobre nuestras vidas son infinitas, y van a tener un impacto en la construcción de nuestra identidad. En las personas que han sufrido violencia de género, las narrativas vitales son frecuentemente muy negativas, de fracaso, culpa, minusvalía… Desde este tipo de terapia se mueve a la persona a construir un relato alternativo, que integre otros acontecimientos positivos, otras facetas de su autobiografía. Uno de los trabajos más interesantes es el de poder lograr que la persona victimizada pase de tener un discurso de víctima (que, de algún modo, implica pasividad), a superviviente, autora de su propia vida.

Además, frecuentemente son personas que han vivido acontecimientos traumáticos que son difíciles de integrar en la autobiografía. Este tipo de propuesta terapéutica puede ayudar a dar un sentido a lo que la persona ha vivido, y a relacionarlo con los problemas que pueda tener en la actualidad. La perspectiva de género es fundamental cuando se trabaja con violencia de género. De no ser así, puede ser incluso una intervención que revictimiza. La profesional que trabaja en violencia no puede ser neutra, es decir, está de lado de la víctima, cree en su vivencia y le proporciona un lugar seguro.

El hecho de poder comprender que lo que te ha sucedido, en tanto que víctima, no es culpa tuya sino que lo sufren millones de mujeres porque está sustentado en un sistema basado en la dominación de las mujeres, libera y empodera.

¿Cuáles son las mejores obras que diseccionan la violencia de género y el maltrato psicológico?

Antes he mencionado a una de las autoras clásicas sobre la violencia de género, Leonore Walker. Su ensayo más conocido, «El síndrome de la mujer maltratada», donde explica los mecanismos de la violencia de género, su carácter cíclico y las consecuencias de esta en las mujeres, es un libro de cabecera. «Y eso fue lo que pasó» es una de mis novelas favoritas de Natalia Ginzburg, e ilustra muy bien el fenómeno del maltrato psicológico en el marco del amor romántico.

Pienso también en la película «Gaslight», de George Cukor (basada a su vez en una obra de teatro) que dio nombre a un tipo de maltrato psicológico basado en la manipulación de la percepción y que consiste en negar la realidad, dar por sucedido lo que nunca ocurrió o presentar información falsa con el fin de hacer dudar a la víctima de su memoria, de su percepción o de su cordura.

Parece que para ser víctima de maltrato hay que tener pruebas físicas

Se debe lograr que la persona victimizada pase de tener un discurso de víctima (que, de algún modo, implica pasividad), a superviviente, autora de su propia vida. © Engin Akyurt

¿Qué secuelas deja el maltrato psicológico?

El principal problema del maltrato psicológico es que la persona victimizada acaba por interiorizar y tomar como verdaderas aquellas afirmaciones negativas que se le han estado haciendo a lo largo del tiempo. Si a una persona se le ha dicho durante, digamos, cinco años, que no sirve para nada, es probable que se lo acabe creyendo. Las personas adaptamos nuestra manera de ver el mundo a las experiencias que tenemos y los comentarios que recibimos por parte de los demás. Afecta, por lo tanto, al núcleo de la autoestima, a la identidad, y esto tiene numerosas consecuencias a todos los niveles, como indicaba al inicio de la entrevista.

¿Cómo combinan el género y la literatura?

Durante siglos, la voz de las mujeres ha estado prácticamente ausente en la literatura. La cultura es una forma más de poder (de ser visible en el espacio público, ser escuchada), y las mujeres han sido excluidas también de ese ámbito. En los casos en los que las mujeres han tomado la palabra, muchas veces sus textos han sido minusvalorados por ser considerados como el reflejo de experiencias femeninas. Se considera que las experiencias de los hombres son universales (por ejemplo, la guerra), mientras que, si una mujer decide escribir sobre, por ejemplo, la maternidad, se considera que es algo que forma parte de lo íntimo, no de lo universal (y, sin embargo, es una experiencia que nos atraviesa a todas las personas, pues todas hemos sido creadas de la misma manera).

En los últimos años cada vez es más frecuente encontrar esas voces que narran experiencias que durante siglos han estado silenciadas o las narran de otra manera, ofreciendo otros puntos de vista. Es una buena noticia, quiere decir que nuestra voz cada vez ocupa más espacio. El único riesgo que veo es que la literatura escrita por mujeres se limite a una subcategoría, la «literatura femenina», lo que vendría a consolidar el punto de vista masculino como lo neutro, universal, la Literatura, en mayúsculas.

¿Qué problemática hay inminente entre la consideración de la violencia de género a violencia doméstica?

El término “doméstico” implica que es algo que hay que dejar en lo privado, en el hogar, de lo que no se debe hablar en público. Esto ha sido así durante siglos y por eso es importante que esa terminología caiga en desuso. La violencia de género concierne a toda la sociedad, puesto que es un problema estructural y no individual.

La violencia no surge de un día para otro, es insidiosa, va entrando en la dinámica de la relación poco a poco

La violencia de género concierne a toda la sociedad, puesto que es un problema estructural y no individual. © Cottonbro

¿Qué tratamiento podría ofrecerse a una persona que ha sufrido maltrato psicológico?

Una terapia psicológica en la gran mayoría de los casos, si no todos, es fundamental. Algo básico que debe estar presente en toda profesional, independientemente de su orientación teórica, es la capacidad para validar la experiencia de la víctima. Muchas veces, el simple hecho de que una persona pueda narrar lo que le sucede en un lugar seguro sin ser juzgada, puede ser terapéutico. Por eso es tan nocivo cuando se ponen en duda los testimonios de las víctimas, sobre todo en el marco jurídico y policial, y puede dar lugar a lo que se conoce como revictimización secundaria. Por otro lado, va a ser muy importante trabajar con emociones difíciles como la culpa. Se trabaja sobre el hecho de que la persona victimizada comprenda que lo que le ha sucedido no tiene que ver con sus particularidades a nivel individual sino que el problema de la violencia es del agresor que, a su vez, está sustentada por un sistema que posibilita que se den estas conductas.

¿Por qué el maltrato psicológico es tan silenciado?

Seguimos teniendo la idea de que lo que no se ve no existe. Parece que para ser víctima de maltrato hay que tener pruebas físicas: moratones, marcas, una pierna rota… Es como el abuso sexual: para que se considere violencia tiene que haber marcas de resistencia... Estamos hartas de ver en los juicios cómo se somete a las mujeres a una revictimización al exigir pruebas de que realmente se resistieron.

La violencia sexual es otro de los tipos de violencia más silenciados. En las relaciones en las que hay dinámicas de violencia, en la gran mayoría de los casos se da este tipo de violencia, pero es algo de lo que no se habla. Seguimos con la idea de que, si estás en pareja/matrimonio, no puede haber violencia sexual, porque el acceso al cuerpo de la mujer pertenece por derecho al hombre.

¿El sufrimiento del maltrato psicológico dentro de una persona LGTBI+ puede verse agravado al sufrir más tipos de discriminaciones? ¿Cómo afecta esto en relaciones no cisheteronormativas?

Cuando una persona LGTBI está viviendo una situación de maltrato, normalmente tiene muchas dificultades a la hora de dirigirse a los profesionales, o incluso al entorno cercano, para denunciar una relación abusiva. Creo que hay una falta de estudios y cuerpo teórico sobre las dinámicas de relación de abuso en personas LGTBI, porque seguimos teniendo como referente la heterosexualidad. También se puede llegar a creer que el maltrato psicológico en este colectivo prácticamente no existe al considerarse que es una relación horizontal, al tratarse de dos personas del mismo género, o que, en caso de haber maltrato, sería bidireccional.

Además, las personas no cisheteronormativas muchas veces tienen una mayor vulnerabilidad que puede agravar el hecho de sufrir violencia. Al haber crecido en un mundo heteronormativo, es frecuente que tengan mayor tendencia a una baja autoestima, menos apoyo a nivel familiar, o incluso que hayan vivido episodios de violencia en el pasado.

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