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© Amnistía Internacional

El 'sueño escolar' roto de las niñas embarazadas en Sierra Leona

"Me quedé embarazada y no me dejaron ir a la escuela. Fue injusto. No me dejaron tener un futuro", se queja una niña de Sierra Leona, donde el Gobierno ha prohibido a las menores gestantes asistir a la escuela ordinaria y presentarse a pruebas académicas.

Añade otra: "El embarazo no supone el fin de tu vida. Me quedé embarazada cuando reabrieron la escuela [tras la crisis del ébola], pero no me dejaron ir. Si hubiera podido, habría ido". Y una tercera, que quedó encinta a los 12 años, remacha: "No sabía lo que era el sexo, no nos habían hablado de ello en la escuela. No usé protección. [...] Le pediría al presidente que me ayudara a volver a la escuela".

Volver a la escuela, seguir en la escuela, ir a la escuela. Es el sueño roto de miles de adolescentes sierraleonesas a las que, tras quedar embarazadas, la prohibición gubernamental ha 'expulsado' del sistema educativo regular. Y sigue siendo motivo de preocupación para Amnistía Internacional, que hace un año denunció esa grave discriminación en su informe "Shamed and blamed: Pregnant girls’ rights at risk in Sierra Leone" ("Avergonzadas y culpabilizadas. Los derechos de las niñas embarazadas, en riesgo en Sierra Leona").

 El gobierno prohíbe a las niñas embarazadas asistir a la escuela y realizar pruebas académicas y las relega a una "educación paralela" con programa reducido. © AI

El 'veto educativo' no solo amenaza el futuro de las menores. También priva al país de su plena capacidad profesional. Como recordaba hace un año Sabrina Mahtani, investigadora de Amnistía Internacional sobre África Occidental, "la educación es un derecho, y no algo que los gobiernos puedan quitar arbitrariamente como castigo”. Y ahora que "Sierra Leona está saliendo de la devastadora crisis del ébola, es fundamental no dejar atrás a estas niñas”. Máxime cuando "las niñas embarazadas con las que hablamos expresaron su deseo de ayudar a construir el país. Muchas querían ser enfermeras, médicas o abogadas, profesiones muy necesarias en Sierra Leona".

En abril de 2015, antes de la reapertura de los centros escolares tras la crisis del ébola que se cobró casi 4.000 muertes, el Gobierno convirtió en política oficial la prohibición a las muchachas gestantes de acudir al colegio y realizar pruebas académicas. Daba así carta de naturaleza a una práctica injustificada, discriminatoria y cargada de prejuicios. La justificación del Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología como una medida para proteger de malas influencias a las "niñas inocentes", no hacía sino reforzar la estigmatización, culpabilización y deshonra de las menores embarazadas.

'Empujadas' por el Gobierno al miedo y la vergüenza, su sentimiento fue de absoluto abandono, desánimo y frustración. Y como la prohibición sigue vigente, no ha cambiado desde entonces. "Podría haber hecho el examen. Estudié bastante. Aunque estés embarazada, si has estudiado, deberías poder examinarte”, cuenta una niña a Amnistía Internacional. “Tengo que repetir curso. Me siento mal porque veo que mis amistades pasarán de curso el año que viene”, se lamenta una muchacha de 17 años.

Otra adolescente confiesa haber abandonado voluntariamente la escuela tras ver el trato recibido por sus compañeras: “Un profesor anunció […] que la niña estaba embarazada delante de toda la escuela, le quitó la mochila (con la que la niña se estaba protegiendo el vientre) y la golpeó con una vara”. Y muchas más renunciaron al colegio por miedo a que el profesorado descubriera su embarazo y para no pasar por exámenes físicos humillantes y vejatorios.

Una de las 52 menores entrevistadas en el informe del año pasado relataba ese maltrato: "Nos palpaban los pechos y el estómago para ver si estábamos embarazadas. A algunas chicas las obligaron a hacer análisis de orina. La profesora llevaba unos guantes cuando nos hizo la prueba, pero no se los cambió en todo el proceso, lo cual era muy peligroso en aquella época en la que había una alta tasa de contagios de ébola. Sentí mucha vergüenza cuando me tocó a mí". Una docena de chicas embarazadas prefirieron irse y perder sus pruebas académicas antes que pasar ese mal trago. "Les avergüenza ver a niñas embarazadas en la escuela. El profesorado nos dijo que no habláramos de ello y ahora nos da miedo explicar qué pasó", subraya la muchacha.

El problema de los embarazos adolescentes no es de ahora, y tiene mucho que ver con la discriminación de las niñas. Antes de los primeros casos de ébola a finales de 2013, Sierra Leona ya registraba uno de los 10 mayores índices del mundo: el 28% de las muchachas de 15 a 19 años estaban encintas o habían sido madres. Y el mortífero brote del virus –declarado epidemia en marzo de 2014– agravó la situación. Por una parte, contribuyó a aumentar la violencia sexual y la presión sobre las niñas para 'intercambiar' sexo por bienes o dinero en un país con el 72% de pobreza extrema. Por otra, desbordó el precario sistema de salud sierraleonés, con la mayoría de centros de salud, farmacias y clínicas cerradas, y con los servicios de salud sexual y reproductiva bajo mínimos, incluida la atención sanitaria a víctimas de violación y la disponibilidad de anticonceptivos de emergencia.

Diversos estudios han confirmado que durante el brote de ébola aumentaron en Sierra Leona los embarazos adolescentes, que superaron los 18.000 según el Fondo de Población de la ONU. En cuanto a la paralela exclusión de menores gestantes de la educación regular y las pruebas académicas, datos oficiales hablan de 3.000, aunque especialistas en el tema y Amnistía Internacional elevan la cifra hasta 10.000.


La crisis del ébola hizo aumentar los embarazos adolescentes en Sierra Leona, que ya estaba entre los 10 países con mayor tasa. © AI

'Escuela paralela'

La práctica del 'veto escolar' a las menores embarazadas ya había sido denunciada en 2004 por la Comisión de la Verdad y Reconciliación sierraleonesa, que la consideró “discriminatoria y arcaica”. Y cuando el Gobierno la convirtió en política oficial en abril de 2015, las protestas nacionales e internacionales arreciaron, lo que llevó a las autoridades a anunciar un 'sistema puente' educativo para las niñas gestantes.

Pero esa alternativa deja mucho que desear, ya que se trata de una 'escuela paralela' en locales y horarios diferentes al resto del alumnado, con dos o tres horas de clase tres días a la semana y con un plan de estudios reducido que solo cubre las asignaturas troncales. Un aspecto positivo es que ofrece información y servicios de salud, incluida planificación familiar. Según el Gobierno, se inscribieron 14.500 niñas embarazadas, y 5.000 regresaron a la escuela ordinaria tras dar a luz.
Entre las propias niñas hay división de opiniones sobre el sistema puente. Mientras alguna agradece distanciarse de la escuela regular, donde "me sentía avergonzada y todo el mundo se reía de mí”, otras siguen prefiriendo el sistema escolar ordinario. Unas veces por el programa reducido –"solo nos enseñaban matemáticas e inglés, pero yo estudiaba comercio en la escuela, y eso no nos lo enseñan”–, y otras porque en su colegio les daban calificaciones y tienen claro que "el centro de aprendizaje es solo para cuando estoy embarazada”.

Tras concluir el sistema puente, acaba de empezar un nuevo plan más amplio que, además de dar clases alternativas a niñas embarazadas, acogerá a muchachas que hayan abandonado la escuela y ofrecerá apoyo para que las menores sigan yendo al colegio. Este esfuerzo de atención permanente a la educación de las niñas ha sido reconocido por especialistas y por Amnistía, pero no ha borrado su preocupación por la exclusión escolar de las chicas embarazadas.

Para Amnistía Internacional, ese 'veto escolar' debe ser anulado de inmediato, al igual que los exámenes físicos humillantes para comprobar el embarazo. También es urgente proteger a las niñas de abusos y violencia, así como erradicar la estigmatización de las menores gestantes, que incluso les cuesta la marginación en sus propias familias. En cuanto a la educación alternativa, Amnistía pide que sea opcional y garantice la misma calidad y contenidos de la ordinaria. Las escuelas especiales –recalca– no son la solución al alto índice de embarazos adolescentes, que pasa por la inclusión en los planes de estudio ordinarios de la formación en salud sexual y reproductiva.