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Anwar al-Bunni. © AI

"El futuro de Siria está muriendo en los centros de detención"

Por Anwar al-Bunni,

El abogado de derechos humanos sirio Anwar al-Bunni* nos habla sobre las personas detenidas en Siria. Nos pide que imaginemos su calvario para después recordarnos que todo lo que sufren es real. Anwar al-Bunni trabaja con presos políticos y conoce la realidad de lo que ocurre en el interior de las prisiones. Él sabe que cada hora mueren dos detenidos. Y que probablemente cada uno hubiera deseado morir cien veces antes de entrar allí.

Me gustaría que intentaras imaginarte por lo que están pasando las familias de estas personas detenidas, sus madres y sus padres, esposas y esposos, hijos e hijas. Llevan meses, incluso años, sin recibir ninguna noticia sobre sus seres queridos. El detenido es trasladado de una sección de los servicios de seguridad a otra y los familiares van tras ellos con sus fotografías.

Cuando una persona queda en libertad, las familias acuden a ella en tropel para preguntarle si sabe algo sobre sus seres queridos, con la esperanza de que les asegure que aún continúan con vida. Esas mismas familias son estafadas por miembros de las fuerzas de seguridad o presuntos mediadores que prometen suministrar información sobre el paradero, la salud o las comparecencias ante los tribunales de las personas detenidas a cambio de elevadas sumas de dinero.


Ahora intenta imaginar una celda de no más de 20 metros cuadrados de superficie con más de 200 personas dentro. Los presos pasan días y semanas de pie, sin poder tumbarse ni sentarse; los que tienen suerte pueden apoyarse contra la pared.

Imagina a familias enteras bajo custodia: el esposo, la esposa y los hijos e hijas. Algunos de los hijos son bebés de meses.

 

Imagina también los más de 20 métodos de tortura a los que se los somete: palizas, suspensión, descargas eléctricas, violación, privación de alimentos y de atención médica.

Creo que el número de personas detenidas muertas en las secciones de seguridad en estos cuatro años supera las 50.000 a consecuencia de la tortura y otros malos tratos, entre ellos las condiciones de detención inhumanas.

 

Imagina también los más de 20 métodos de tortura a los que se los somete: palizas, suspensión, descargas eléctricas, violación, privación de alimentos y de atención médica. Creo que el número de personas detenidas muertas en las secciones de seguridad en estos cuatro años supera las 50.000 a consecuencia de la tortura y otros malos tratos, entre ellos las condiciones de detención inhumanas.


Imagina las personas sometidas a desaparición forzada. Creo que más de 150.000 personas presas, en su mayoría hombres y jóvenes, siguen sin aparecer tras ser detenidos en puestos de control o durante redadas de seguridad en barrios residenciales. No tienen acceso a sus familias ni a un abogado. Durante meses, incluso años, desconocen si sus familias saben o no que siguen con vida. Desaparecidos sin cargos ni juicio. Y aunque las autoridades han permitido algunas reunificaciones en ciertas zonas, se niegan a poner en libertad a los presos de conciencia, encerrados por expresar pacíficamente sus opiniones o sus creencias.


Imagina a los que han tenido la suerte de ser remitidos a un tribunal; no son más que la sombra de lo que fueron. Tras meses bajo custodia, muchos pesan menos de 50 kilos. Los largos meses sin servicios de saneamiento les deja la piel cubierta de llagas y un olor que hace que abogados y jueces quieran abandonar el edificio.


Ahora imagina el Tribunal Antiterrorista, con siete jueces de instrucción, sin las limitaciones que imponen las normas sobre juicios justos. Hay jueces militares y civiles, y tanto unos como otros reprimen cualquier forma de oposición al gobierno, independientemente de lo pacífica que sea.

Ante el Tribunal Antiterrorista unos 40.000 expedientes correspondientes a más de 80.000 acusados, la mayoría pacíficos. Algunos están acusados de “financiar el terrorismo” por llevar pan a su familia en una zona sitiada o preparar comida para miembros de la familia que las autoridades consideran sospechosos de estar afiliados a un grupo opositor.

Ahora imagina a los miles de activistas pacíficos, los cientos de periodistas, médicos, otros profesionales sanitarios y farmacéuticos, y las docenas de abogados que aún siguen encarcelados.

 

La prisión militar de Saydnaya es uno de los muchos centros del país en los que las autoridades sirias mantienen recluidos arbitrariamente a activistas pacíficos. © Digital Globe/Google



Lamentablemente, todo esto no es imaginario. Es una realidad. Existe. Y aún hay más. Para tener todo el panorama hay que incluir la destrucción intencional de viviendas, escuelas, hospitales y otros bienes civiles. El gobierno

continúa matando indiscriminadamente a civiles, entre ellos niños y niñas, utilizando bombas de barril que dejan barrios enteros devastados.

Las partes en el conflicto pasan por alto de manera flagrante los requisitos de la resolución 2139 de la ONU [aprobada por unanimidad en febrero de 2014, que exige el cese de los ataques contra civiles y la privación de alimentos y medicinas]. Sin embargo, la comunidad internacional observa con pasividad la muerte y la destrucción, sin ofrecer ninguna reacción significativa.


Debido a ello, la mitad de nuestra población se encuentra desplazada dentro de Siria o viviendo como refugiados en otros países. Muchas personas carecen de techo y de cualquier medio de subsistencia. Y luego están los grupos extremistas armados, muchos de los cuales han llegado desde fuera de Siria e intentan controlar e imponer sus ideas a la población del país.


Intimidan y secuestran a nuestro pueblo, y persiguen a periodistas y activistas pacíficos. Siempre han existido

grupos extremistas que utilizan la violencia para imponer sus ideas; en todos los periodos históricos, religiones e ideologías, contextos políticos y corrientes intelectuales e ideológicas. Siempre ha habido, sin excepción, quienes justifican la violencia en nombre de “causas nobles” o “más elevadas”. Pero este tipo de violencia sigue siendo del todo inadmisible.

 

Y, sin embargo, con las medidas adoptadas contra el grupo armado autodenominado Estado Islámico y otros grupos de este tipo, la comunidad internacional está abordando los síntomas del terrorismo y no sus causas.


Al fin y al cabo, ¿qué mejor medio para que el extremismo prospere que un entorno de represión y opresión donde no hay justicia ni el derecho a expresarse pacíficamente? Las autoridades sirias han fomentado el desarrollo del terrorismo mediante la creación del entorno propicio; silenciando todas las voces críticas con el gobierno; y  encerrando en prisión a figuras de oposición política pacífica, abogados que defienden a presos de conciencia, jóvenes activistas que organizan manifestaciones pacíficas que piden cambios, activistas de derechos humanos que documentan violaciones de derechos humanos y periodistas y otras personas que comparten sus experiencias con el resto del mundo. Han respondido a las manifestaciones pacíficas con una represión despiadada y han destruido todo el espacio para la sociedad civil.

Al no abordar de forma suficiente los delitos de derecho internacional que se están cometiendo en Siria, como la tortura, las desapariciones forzadas y las violaciones de la ley de la guerra, tanto nosotros como la comunidad internacional no estamos haciendo lo suficiente para garantizar que se haga justicia con las víctimas y dejar totalmente claro a los responsables de esos delitos, quienes quiera que sean, que sus acciones no quedarán impunes, que ya no hay lugar para la impunidad.


Debemos recordar que las iniciativas para combatir el terrorismo en Siria no deben limitarse a hacer frente al grupo armado autodenominado Estado Islámico y a otros grupos de este tipo. Un enfoque parcial, que no aborde las causas fundamentales del terrorismo anteriormente expuestas, no dará resultado.


Debemos trabajar para avanzar hacia la rendición de cuentas y la justicia para todas las víctimas de violaciones de derechos humanos en Siria.


Debemos garantizar que se enjuicia a todas las personas que han cometido delitos de derecho internacional, ya sea mediante mecanismos internacionales como la Corte Penal Internacional, o tribunales nacionales fuera de Siria mediante la jurisdicción universal. De lo contrario, quienes cometen estos delitos atroces y le roban el futuro a Siria se envalentonarán, y las causas fundamentales del terrorismo continuarán existiendo y amenazando a la población siria y la paz en toda la comunidad internacional.


Por este motivo, no podemos hablar de combatir el terrorismo o de entablar negociaciones políticas sin abordar primero los centros de detención. Porque es en estos centros de detención donde el futuro de Siria está muriendo.


*Anwar al Bunni es un abogado que trabaja con presos políticos y es presidente del Centro Sirio de

Investigación y Estudios Jurídicos

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