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Amnistía Internacional acusa a varios guardias egipcios de abatir a disparos a decenas de personas en una cárcel

Prisión de Al Qatta Al Gadeed. © Amnesty International Concordia

Londres.- Al parecer, guardias de prisiones egipcios apostados en torres de vigilancia mataron a tiros a decenas de reclusos y a un visitante durante los disturbios en una prisión cerca de El Cairo.

Reclusos de la cárcel de Al Qatta Al Gadeed han facilitado a Amnistía Internacional los nombres de 43 presos a los que, según afirman, se ha dado muerte dentro de la prisión.

Según fuentes del depósito de cadáveres de El Cairo, el cuerpo de un varón recibido el sábado (19 de febrero) en el depósito e identificado como “procedente de Al Qatta” podría pertenecer al familiar de un recluso que había acudido a visitarlo una semana antes, cuando tuvo lugar el episodio de los disparos.

Otros 81 internos han resultado heridos desde que estallaron los disturbios en la prisión el 29 de enero, según abogados que representan a las familias de los presos. Según informes, también ha perdido la vida un agente de seguridad.

Las autoridades deben poner fin al uso de medios letales contra la población reclusa y permitir que todos los heridos reciban asistencia médica de inmediato” afirmó Malcolm Smart, director del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y Norte de África.

Debe llevarse a cabo sin demora una investigación independiente sobre los disturbios en la prisión para esclarecer las circunstancias en que los guardias emplearon medios letales” añadió.

Los cuerpos de algunos reclusos de esta cárcel estaban entre los 115 cadáveres procedentes de al menos cuatro prisiones que fueron trasladados al depósito de Zenhom, en la capital egipcia. Según un médico forense que prefirió guardar el anonimato, la mayoría presentaba heridas de bala en la cabeza, el cuello y el pecho.

Varios familiares de reclusos que han recibido los cadáveres de sus seres queridos también afirman que presentan heridas de bala en las mismas partes del cuerpo, lo que parece indicar que los ataques fueron obra de francotiradores.

Los reclusos habían reclamado su libertad al tener conocimiento de que se había liberado a otros presos en Egipto tras el estallido de manifestaciones por todo el país que finalmente habían forzado a dimitir al presidente Hosni Mubarak.

Pero las autoridades de la cárcel se negaron a liberarlos y el 29 de enero estallaron los disturbios en el centro.

Los miembros del personal civil y de seguridad encargado de administrar el centro penitenciario bajo la jurisdicción del Ministerio del Interior abandonaron sus puestos poco después de iniciarse los disturbios, según contaron los presos y sus familiares a Amnistía Internacional.

Ahora se teme que cientos de reclusos de la cárcel de Al Qatta al Gadeed corran peligro a manos de unos guardias penitenciarios que presuntamente han disparado y empleado gas lacrimógeno contra ellos.

Según afirman los presos y sus familiares, decenas de reclusos heridos están recibiendo primeros auxilios de manos de compañeros reclusos porque las autoridades no les ofrecen asistencia médica profesional de ninguna clase.

Un farmacéutico recluido en el centro, la mayoría de cuyos internos están cumpliendo pena de cárcel por algún delito, afirmó lo siguiente: “Soy farmacéutico, no médico. Pero la situación me obliga a tratar a los internos con cualquier cosa disponible [...] estoy aplicando Betadine (solución antiséptica bactericida) en jirones de ropa interior para vendar las heridas de los presos porque no hay vendas”.

Otros reclusos padecen diabetes y necesitan inyecciones de insulina pero se han terminado las provisiones de medicamentos y material clínico de la prisión, y algunos necesitan tratamiento urgente por complicaciones del hígado y del riñón. No sé qué hacer por ellos.

Los dos últimos homicidios se cometieron los días 11 y 12 de febrero.

Según informes de reclusos y familiares de reclusos, éstos sufren privación de alimentos, agua y otras necesidades básicas, y afirman que las privaciones aumentaron el 29 de enero, cuando comenzaron los disturbios, y de nuevo el 7 de febrero, cuando unos soldados lanzaron pan, jamón y queso por encima de los muros de la cárcel.