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Yusra y Sarah Mardini reciben el premio "Bambi" en la categoría "Héroes silenciosos" en Berlín, Alemania

Yusra y Sarah Mardini reciben el premio "Bambi" en la categoría "Héroes silenciosos" en Berlín, Alemania, el 17 de noviembre de 2016. © CLEMENS BILAN/dpa

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Sarah Mardini y Séan Binder: 25 años de cárcel por salvar vidas ¡Detengamos la injusticia!

Por Amnistía Internacional,

El Parlamento Europeo definió el caso de Sarah Mardini, Séan Binder y otra veintena de personas más como “el mayor caso de criminalización de la solidaridad en Europa”. Y así lo consideramos en Amnistía Internacional también. Grecia les acusa de delitos de tráfico de personas, espionaje y pertenencia a organización criminal por ayudar en el rescate de migrantes, y pide para ellos 25 años de prisión. La ONU ya ha solicitado la cancelación del proceso judicial que ha comenzado contra ellos.

Las hermanas Sarah y Yusra Mardini, jóvenes nadadoras profesionales procedentes de Siria, llegaron a Lesbos en agosto de 2015 huyendo de la guerra. La huida estuvo llena de graves y peligrosos contratiempos, pero lograron llegar a Europa y continuar viaje hacia Alemania, donde finalmente obtuvieron el estatuto de refugiadas tras largos meses de espera.

la increíble historia de las hermanas sarah y yusra mardini ha sido recreada  en la película "las nadadoras", dirigida por sally el hosaini

 

Sarah, impactada y sensibilizada por la experiencia de haber tenido que atravesar el Mediterráneo en un bote neumático, regresó a Lesbos para trabajar como voluntaria en la ONG Emergency Response Centre International (ERCI) como rescatista formada en 2016. Allí conoció a Séan Binder, un joven buzo, de nacionalidad alemana y residente en Irlanda, que también empezó a trabajar como voluntario para ERCI en octubre de 2017.

Sarah Mardini y Seán Binder comenzaron a patrullar las costas griegas detectando embarcaciones de goma en apuros y asistiendo a las personas en los lugares de desembarco. El 17 de febrero de 2018, en una de estas misiones, fueron detenidos y sometidos a un control de identidad por la policía griega. Se les encontró en posesión de dos radios sin licencia y se descubrió que el coche que utilizaban, un vehículo alquilado por ERCI, tenía placas falsas ocultas bajo sus matrículas.

La policía retuvo a Sarah Mardini y Séan Binder para interrogarlos durante 48 horas y registró sus pisos. Tras su primera detención e interrogatorio, las investigaciones policiales continuaron, lo que llevó a que ambos fueran detenidos de nuevo el 21 de agosto de 2018. Sarah Mardini recuerda ese momento como un golpe terrible: "Declaramos y entonces el juez dijo: 'van a permanecer detenidos hasta el juicio'. Y ese día rompí a llorar... en un segundo toda mi vida se había puesto patas arriba".

Séan Binder nos comentó: "Fue horrible darse cuenta de que estábamos en la cárcel por no haber hecho nada más que intentar ayudar a la gente, y fue aún más aterrador darse cuenta de que eso le estaba ocurriendo a muchas otras personas en toda la Unión Europea".

Fue horrible darse cuenta de que estábamos en la cárcel por no haber hecho nada más que intentar ayudar a la gente, y fue aún más aterrador darse cuenta de que eso le estaba ocurriendo a muchas otras personas en toda la Unión Europea

Séan Binder

La Fiscalía construyó una acusación compleja que vinculaba el cargo principal del caso, el de facilitar la entrada irregular de nacionales de terceros países –agravado por haberse cometido presuntamente como parte de una organización delictiva–, a otras acusaciones de blanqueo de dinero, espionaje, revelación de secretos de Estado, uso ilícito de radiofrecuencias, falsificación y fraude. De ser condenados podrían enfrentarse a penas de hasta 25 años de prisión.

Sarah Mardini y Seán Binder quedaron en libertad bajo fianza el 4 de diciembre de 2018, previo pago de 5.000 euros cada uno. Para entonces, habían pasado más de 100 días en prisión preventiva.

"Es como un gran conflicto en el que vivimos ahora mismo e intentamos llevar una vida normal, pero es difícil... Es como una partida de ajedrez en la que sólo somos piezas y ellos [las autoridades] juegan con nosotros. Pero al fin y al cabo, tenemos vidas. Somos personas. Es mucho agotamiento emocional, tiempo y dinero, y todo sin motivo alguno", nos explicó Sarah.

Si me pueden criminalizar por hacer poco más que repartir botellas de agua y sonrisas, pueden criminalizar a cualquiera. Este juicio no trata de mí y de Sarah, ni siquiera de las otras 22 personas acusadas. Trata del intento de las autoridades griegas de aplastar la compasión e impedir que la gente busque seguridad. Pero confío en que la justicia prevalecerá y podremos seguir con nuestras vidas”, manifestó Seán Binder.

Sean Binder sostiene una pancarta que pone "drop the charges" (retiren los cargos) durante una manifestación de activistas de Amnistía Internacional en solidaridad con Sarah Mardini y con él

Sean Binder sostiene una pancarta durante una manifestación de activistas de Amnistía Internacional en solidaridad con Sarah Mardini y con él, 15 de noviembre de 2021. © Reuters/Louiza Vradi

Nils Muižnieks, director de la Oficina Regional Europea de Amnistía Internacional, ha declarado: “Sarah y Seán hicieron lo que deberíamos hacer cualquiera que nos encontráramos en su situación. Ayudar a gente en peligro de ahogarse en una de las rutas marítimas más mortíferas de Europa. Prestar asistencia en la costa no es un crimen. Este juicio revela hasta qué extremos están dispuestas a llegar las autoridades griegas para disuadir de la ayuda humanitaria y desalentar a las personas refugiadas y migrantes de que busquen seguridad en las costas del país. Resulta absurdo que este juicio se celebre siquiera. Todos los cargos contra este voluntario y esta voluntaria del salvamento deben retirarse sin demora”.

El 10 de enero pasado iba a celebrarse el primer juicio, pero el Tribunal de Apelación de Mitilene devolvió el acta de acusación formal a la fiscalía por deficiencias de procedimiento —como la falta de traducción del escrito. No hay fecha, de momento, para la reanudación.

Han transcurrido más de cuatro años desde la apertura de esta investigación ridícula, que ha dejado la vida de Sarah y Seán en suspenso y en un estado de incertidumbre. La persecución continua que sufren, con los cargos infundados por delitos graves aún bajo investigación, plantea serias preocupaciones sobre las verdaderas intenciones de las autoridades. Este caso en un ejemplo del uso indebido del sistema de justicia penal por parte de las autoridades para castigar e impedir la labor de los defensores y defensoras de los derechos humanos.

Sarah y Seán hicieron lo que deberíamos hacer cualquiera que nos encontráramos en su situación. Ayudar a gente en peligro de ahogarse en una de las rutas marítimas más mortíferas de Europa y prestar asistencia. Algo que no es un crimen, sino una muestra de humanidad. Ambos siguen siendo caso de Amnistía Internacional. Desde la organización seguiremos trabajando hasta demostrar su inocencia y lograr la absolución de todos los cargos. ¿Nos ayudas?

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