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Niños y niñas asisten a una clase en Gao, en el norte de Mali, casi un mes después de que los milicianos vinculados con Al-Qaeda fueran expulsados. © AP Photo/Jerome Delay

Los niños y niñas soldados generan riqueza

Por Chema Caballero (@61chema),

Más de 300.000 niños y niñas menores de 18 años son utilizados como soldados en todos los rincones del planeta donde hay una guerra en este momento.

Niñas y niños secuestrados o reclutados de manera violenta son entrenados hasta ser convertidos en auténticas máquinas de matar. Separados de sus seres queridos, obligados incluso a matar a sus padres o algún miembro de su familia, sometidos a todo tipo de manipulaciones y forzados a consumir drogas y alcohol a la hora de entrar en combate se transforman en los guerreros más temidos. Ellos solo obedecen órdenes, no ven el peligro, toman la guerra como un juego y desean ganarse el favor y el cariño de sus jefes siendo los más malotes del grupo, los más crueles y temerarios. Los señores de la guerra quieren niñas y niños soldados porque son más fáciles de manejar, más económicos y se reemplazan fácilmente si mueren.

Como mínimo, el 40% de estos menores soldados son niñas y chicas adolescentes que, al igual que los niños, empuñan armas, participan en acciones bélicas, se ocupan de labores domesticas y viven reproduciendo un patrón de comportamiento competitivo y agresivo. Pero además, en la mayoría de los casos, también son utilizadas como esclavas sexuales. Y, a pesar de todo ello, son invisibles.

Se sigue asociando menor soldado con varón que participa en combate y cuesta ver a las niñas. Esto es responsable de que no se diseñen programas específicos que den respuesta a sus necesidades. De hecho, son pocas las que llegan a los centros de rehabilitación de menores soldados. Además, tanto las que lo hacen como las que no, suelen sufrir el rechazo de sus familias, y de la sociedad en general, por haber mantenido relaciones sexuales, aunque hayan sido forzadas, e incluso hijos fuera del matrimonio a la hora de su reinserción en la sociedad. Este repudio empuja a muchas de ellas a la prostitución como único modo de ganarse la vida una vez fuera del grupo armado.


Antiguos niños y niñas combatientes de Sri Lanka juegan durante un juego de cricket en Colombo, Sri Lanka. Sri Lanka Cricket lanzó un programa para promover el cricket entre los niños y niñas, incluidos aquellos que participaron en la guerra civil del país y en programas de desmovilización. © AP Photo/Eranga Jayawardena

Recordemos que se utilizan niñas y niños como soldados porque existen conflictos violentos que se prolongan en el tiempo. Nos intentan vender las guerras como disputas religiosas o étnicas, pero eso es mentira, todas responden a razones económicas o de control geoestratégico.

Detrás de cada guerra suele haber una materia prima o intereses políticos y comerciales de una parte de Occidente (o China): los diamantes de sangre de Sierra Leona, el coltan de la República Democrática del Congo, el petróleo de Sudán del Sur… Son empresas occidentales, en su mayoría, las que explotan, transforman y comercializan esos minerales de sangre.

Tampoco podemos olvidar el comercio de armas, tanto el legal como el ilegal, que mueve tanto dinero. Las armas que se utilizan en estos conflictos son fabricadas, en su mayoría, en el norte. España es uno de los principales exportadores de municiones y armamento ligero a África o a tantas otras partes del mundo. Armas y municiones españolas se emplean en muchos de los conflictos que están en curso actualmente y donde combaten menores soldados. Las armas modernas cada día son más ligeras, fruto de los avances tecnológicos quizás, pero la realidad es que cada vez niñas y niños más jóvenes pueden utilizarlas.

Todos estos datos nos hacen sospechar que las empresas que se benefician del bajo coste de los recursos naturales, el tráfico de armas y el silencio y complicidad de los gobiernos forman un cóctel que mueve muchos millones a los que nadie está dispuesto a renunciar. Y que para que todo eso funcione es imprescindible el uso de miles de niñas y niños como soldados.

Por eso, nos atrevemos a pensar que los principales señores de la guerra no se ocultan en las selvas más profundas e impenetrables del planeta, sino que se sientan en consejos de administración de grandes empresas o dirigen gobiernos y dictan políticas.La buena noticia es que, a pesar de todo, estas niñas y niños pueden ser rehabilitados y reinsertados en la sociedad. Algunos programas sortean la escasez de fondos para ofrecerles nuevas oportunidades en Sudán del Sur, República Democrática del Congo o Colombia, por citar algunos ejemplos.


Un niño soldado se sienta en el suelo en una ceremonia de liberación, donde él y otros menores dejaron sus armas y cambiaron sus uniformes para regresar a la "vida normal", en Yambio, Sudán del Sur, el miércoles 7 de febrero de 2018. © Foto AP / Sam Mednick

Es verdad que nunca volverán a ser el niño que no fueron, pero sí personas capaces de rehacer su vida y volver a la escuela o aprender un oficio que les permita ganarse la vida dignamente y formar una familia. Por desgracia, cada vez hay menos fondos para este tipo de iniciativas. Las niñas y los niños soldados ya no están de moda como lo estuvieron hace años. Los recursos disponibles no permiten trabajar de manera integral con ellos; así muchos de los que salen de los grupos armados, al no encontrar apoyo y soluciones a sus problemas, regresan a ellos, donde al menos comen todos los días.

Evidentemente, no hay voluntad política para terminar con el uso de niñas y niños soldados. Son parte de un negocio que enriquece a muchas personas.

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