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Una mujer sostiene una pancarta durante una protesta contra las violentas expulsiones de personas migrantes y refugiadas

Una mujer sostiene una pancarta durante una protesta contra las violentas expulsiones de migrantes y refugiadas, supuestamente llevadas a cabo por la policía croata, cerca del paso fronterizo entre Croacia y Bosnia Herzegovina en Maljevac, Croacia, el sábado 19 de junio de 2021. © AP Photo/Edo Zulic

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La crisis humanitaria en Afganistán: ¿Repetirá la UE los errores del pasado?

Por Verónica Barroso (@vbarroso2), responsable de Relaciones Institucionales de Política Interior en Amnistía Internacional España,

La reciente llegada al poder de los talibanes y la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán no ha hecho más que empeorar la situación de violencia en la que las personas afganas, especialmente mujeres y niñas llevan viviendo desde hace años. No podemos olvidar que, en el pasado, los talibanes han sido responsables de violaciones sistemáticas y generalizadas de los derechos humanos, por lo que muchas personas que todavía están en Afganistán, especialmente mujeres y niñas, defensores de derechos humanos, entre otras, corren el riesgo de sufrir represalias.

Ante esta situación de crisis humanitaria y de derechos humanos, cabe destacar que la comunidad internacional ha actuado rápidamente para evacuar en condiciones de seguridad a las personas afganas que temían sufrir ataques por parte de los talibanes. Actualmente, alrededor de 2 millones de personas afganas se encuentran acogidas en países vecinos, como Pakistán (1,5 millones), Irán (750.000) y Tajikistán (10.700). En la Unión Europea (UE), Afganistán es la segunda nacionalidad con más solicitudes de asilo, después de Siria. El año pasado, y según datos de EUROSTAT, un 10,6% del total de las 416.600 solicitudes de asilo registradas -mayormente en Grecia, Francia y Alemania- fueron de personas afganas.

un niño mira a los policías mientras espera para entrar en un autobús desde el campo de refugiados de Kara Tepe hacia el puerto de Mitilene, en la isla nororiental de Lesbos, Grecia.

Un niño mira a unos policías mientras espera para entrar en un autobús desde el campo de refugiados de Kara Tepe hacia el puerto de Mitilene, en la isla nororiental de Lesbos, en Grecia. © AP Photo/Panagiotis Balaskas

Asimismo, 280.000 personas del total de solicitantes de asilo, consiguieron el año pasado algún tipo de protección internacional, destacando que tan solo el 15% lo fueron de nacionalidad afgana. En España, sin embargo, la tasa de reconocimiento y protección de personas solicitantes de asilo de nacionalidad afgana fue mayor, en concreto, del 73,44%, de acuerdo a los datos acumulados del Ministerio del Interior a 31 de diciembre. En lo que llevamos de año, el número de solicitudes de asilo de personas migrantes y refugiadas afganas en la UE ha incrementado sustancialmente en un 53% desde principios de año, según datos publicados por la Agencia Europea de Apoyo al Asilo (EASO). Todo ello, nos lleva a pensar que como sucedió con Siria, cada vez serán más las personas afganas que lleguen a territorio europeo.

¿Cuál será la respuesta de la UE a todas estas personas? Si bien la respuesta urgente e inmediata de la comunidad internacional ha facilitado la salida de miles de personas, experiencias pasadas no invitan al optimismo. Una vez más, las decisiones adoptadas en el seno de la UE ponen en tela de juicio el respeto, la protección y el cumplimiento de los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas. Algunos Estados como Austria, Dinamarca o la República Checa, se han apresurado a lanzar un mensaje muy poco acogedor, pidiendo a las personas afganas que “no vengan a Europa”, mientras otros continúan levantando muros. Es el caso de Grecia, que a finales de agosto anunció que ha terminado la construcción de un muro de unos 40 kilómetros y cuyo ministro de migraciones, Notis Mitarachi afirmó hace unos días que “Grecia no será la puerta de entrada a Europa para los migrantes afganos ilegales”.

Personas refugiadas afganas en un campo de refugiados de la Cruz Roja italiana, en Avezzano, Italia, el martes 31 de agosto de 2021.

Personas refugiadas afganas en un campo de refugiados de la Cruz Roja italiana, en Avezzano, Italia, el martes 31 de agosto de 2021. © AP Photo/Andrew Medichini

Está claro que la UE no ha aprendido de los errores cometidos en el pasado. Llevamos años esperando una reforma del actual sistema común de asilo (SECA). Después de la crisis humanitaria de 2015, esta reforma debería haber sido una oportunidad para garantizar los derechos humanos de las personas migrantes y refugiadas. Sin embargo, nos encontramos en una situación difícil de entender y tolerar; una historia que parece que estamos condenados a repetir. Una historia como la de Rahim, que tuvo que huir de Afganistán hace unos años y dejarlo todo por la situación de violencia y persecución que sufrió en su país de origen. Rahim llegó a Europa pensando que sus derechos serían respetados y que sería protegido frente a cualquier daño. Sin embargo, se llevó una gran decepción. Las autoridades noruegas le devolvieron a Afganistán en 2017. No se pudo evitar su retorno forzado.

Lamentablemente, la historia de Rahim no es la única. Amnistía Internacional ha podido documentar el retorno forzado por parte de gobiernos europeos de personas como Farid, Fahima y su familia, Sadeqa y su familia y Azad, entre otras. Todas ellas, tenían algo en común, habían huido de la violencia, del riesgo de sufrir torturas, secuestros, homicidios, u otros abusos graves de derechos humanos en Afganistán. Creían haber dejado atrás el miedo y el sufrimiento y llegaban a Europa con la esperanza de encontrar protección y acogida digna en un lugar seguro. Sin embargo, algunos gobiernos europeos como Noruega, Países Bajos, Alemania y Suecia, entre otros, decidieron aplicar una política migratoria irresponsable e ilegal haciendo oídos sordos a la sociedad civil y mirando hacia otro lado mientras enviaban de vuelta a Afganistán a casi 10.000 personas solicitantes de asilo. Durante estos últimos años, varios Estados miembro de la UE han vulnerado el principio de no devolución (non-refoulement) que prohíbe devolver a personas a solicitantes de asilo a países donde sus vidas puedan correr algún peligro.

Un policía patrulla junto a un muro de acero en el río Evros, cerca del pueblo de Poros, en la frontera greco-turca, Grecia.

Un policía patrulla junto a un muro de acero en el río Evros, cerca del pueblo de Poros, en la frontera greco-turca, Grecia. © AP Photo/Giannis Papanikos

Pero no solo los muros y las vallas de la Fortaleza Europa dificultan la llegada de solicitantes de asilo. Hace poco más de un año se presentó el Pacto de Migración y Asilo de la UE, un Pacto que prioriza el control de las fronteras y que se ha convertido en un instrumento más para elevar los muros y las vallas visibles e invisibles ya existentes. Conceptos como pre-entrada, detención, tercer país seguro, procedimientos que permiten la suspensión del asilo en situaciones de crisis y fuerza mayor son los que predominan en el texto que se está negociando.

Si algo deben enseñarnos las imágenes que estos días han ocupado nuestras pantallas es que la UE tiene la oportunidad de recuperar sus valores fundacionales; valores como la solidaridad y cumplir con sus obligaciones internacionales, garantizando así vías legales y seguras como el reasentamiento, evitando que las personas migrantes y refugiadas arriesguen sus vidas en el mar; asegurando acceso a procedimientos de asilo justos y efectivos y a condiciones de acogida dignas;parando la devolución de todas las personas afganas; y garantizando a las mujeres y niñas afganas la condición de refugiada de prima facie, entre otras. Además, los Estados tienen la obligación de combatir de forma sólida y contundente los discursos de odio que cada vez más proliferan en Europa contra las personas migrantes y refugiadas.

Protesta en Kabul para exigir el respeto de los derechos de mujeres y niñas en Afganistán, ahora bajo el gobierno talibán, 3 de septiembre de 2021

Protesta en Kabul para exigir el respeto de los derechos de mujeres y niñas en Afganistán, ahora bajo el gobierno talibán, 3 de septiembre de 2021. © AP Photo/Wali Sabawoon

La fuerza y valentía que demuestran cada día las personas afganas que se manifiestan y reivindican sus derechos arriesgando su vida deben ser una motivación para que Europa garantice los derechos de las personas afganas y las acoja adecuadamente de acuerdo a los estándares internacionales, impulsando políticas de integración que les permita llevar una vida digna.

Se dice que el ser humano es la única especie que tropieza dos veces con la misma piedra. Europa ha tropezado no dos, sino muchas veces en su respuesta a las personas que buscan refugio y asilo. ¿Volveremos a tropezar con esta piedra? ¿ O la UE habrá aprendido de situaciones anteriores para no repetir los errores del pasado? Esperemos salir de esta peli de terror y volver a mirar cometas en el cielo.

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