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Los gobiernos de todo el mundo deben cumplir sus promesas en relación a esta pandemia

Londres.- El liderazgo, tema del Día Mundial de la Lucha contra el Sida de este año, que se celebra el 1 de diciembre, es fundamental para luchar y vencer al sida. Gobiernos locales y nacionales y organismos mundiales intergubernamentales deben asumir la responsabilidad de aplicar estrategias de salud eficaces, poner en tela de juicio los prejuicios y asegurarse de que la respuesta se centra en las personas que viven con el VIH.

Pero la respuesta a esta pandemia ha sido desigual, en el mejor de los casos, y han sido más las oportunidades perdidas que las actitudes de liderazgo. Demasiados gobiernos dejan que sean la sociedad civil y los organismos internacionales los que actúen. Algunos Estados han actuado, desarrollando estrategias que han reducido la incidencia del VIH. Otros han desvirtuado medidas eficaces apoyando malentendidos sobre la pandemia y sus causas. Algunos hacen esto utilizando una retórica homofóbica que fomenta la violencia y la discriminación y, en definitiva, priva a las personas del acceso a servicios que necesitan. Y aún es mayor el número de los que han retrasado la aplicación de sus programas por no dar prioridad a respuestas eficaces.

Las consecuencias del VIH y el sida en el ámbito de los derechos humanos siguen siendo una cuestión de preocupación mundial. El estigma y la discriminación continúan siendo grandes obstáculos para una prevención y una atención eficaces. La pobreza y la falta de acceso a la atención médica también impiden la realización de los derechos humanos y obstaculizan la capacidad de las personas para protegerse del virus. La discapacitación de las mujeres, incluida su falta de recursos económicos, su exposición a la violencia de género y el control masculino, aumentan su riesgo de contraer el VIH.

El riesgo de infección de quienes consumen de drogas por vía venosa, las personas que ejercen el sexo como profesión y los hombres que tienen relaciones homosexuales aumenta cuando los gobiernos y los sistemas de salud no ponen en marcha programas que resuelvan el estigma, fomentando un debate más abierto y la adopción de planteamientos que reduzcan el daño. El que los gobiernos no hayan hablado con franqueza y abiertamente del consumo de drogas y el sexo, y no se hayan asegurado de dar a conocer y poner a disposición de la población métodos de prevención eficaces, ha supuesto una notable falta de liderazgo y contribuido a que se pierda tiempo en la lucha contra el VIH.

El acceso a las pruebas de detección y a los medicamentos antirretrovirales, así como el desarrollo de vacunas y métodos de prevención centrados en las mujeres, como los microbicidas, dependen de una colaboración real entre gobiernos, empresas farmacéuticas y organismos de investigación y quienes los financian. Si falta el liderazgo y la acción eficaz se ponen en peligro los pasos fundamentales necesarios para aplicar el tratamiento y poner en el mercado herramientas de prevención necesarias.

Los países del mundo se comprometieron en el periodo de sesiones extraordinario de la Asamblea General de la ONU sobre el VIH y el sida, que tuvo lugar en 2001, a adoptar un programa de acción eficaz para responder al VIH. Seis años después, y un año después de renovar ese compromiso, el programa sigue sin ser una realidad.
 
Los más de 30 millones de personas que en el mundo viven con el VIH necesitan actos, además de palabras. Necesitan que sus derechos humanos sean respetados y hechos realidad. En el Día Mundial de la Lucha contra el Sida, Amnistía Internacional pide a los Estados que actúen para cumplir su promesa.