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Exigir justicia y protección frente a la violencia

La policía empuja hacia atrás a los participantes de una marcha del odio, después de que atacaran una zona donde viven muchas familias gitanas, en República Checa. © Gustav Pursche

Los Estados europeos no están reduciendo la discriminación, la intimidación y la violencia contra los gitanos y, en algunos casos, incluso las alimenta, ha declarado Amnistía Internacional  hoy, 8 de abril, Día Internacional del Pueblo Gitano.

“Existe un acusado aumento de la frecuencia de la violencia contra los gitanos en Europa en los últimos años. La respuesta a este alarmante fenómeno es deplorablemente insuficiente. Es inaceptable que en la Europa moderna algunas comunidades gitanas vivan bajo la amenaza constante de la violencia y de ataques que recuerdan a los pogromos”, afirma John Dalhuisen, director del Programa Regional para Europa y Asia Central de Amnistía Internacional.

“Con demasiada frecuencia los líderes europeos ceden a los prejuicios que alimentan la violencia contra los gitanos calificando a estos de antisociales y no deseados. Aunque condenan en general los ejemplos más descarados de violencia contra los romaníes, las autoridades son reticentes a reconocer su alcance y lentitud al combatirla. Por su parte, la Unión Europea es reacia a cuestionar a los Estados miembros por una discriminación sistemática de la comunidad gitana que es evidente.”

El informe de Amnistía Internacional titulado http://bit.ly/1iokfgT"We ask for justice”: Europe’s failure to protect Roma from racist violence examina los actos de violencia y hostigamiento motivados por el odio que autoridades y ciudadanos corrientes perpetran contra los gitanos en la República Checa, Francia y Grecia, ilustrando así los motivos de preocupación de la organización en todo el continente.

“En muchas ocasiones, los organismos encargados de hacer cumplir la ley no impiden los ataques racistas ni garantizan que los motivos de odio se investigan adecuadamente y que los perpetradores responden ante la justicia de sus actos. El hecho de que las actitudes racistas sigan estando arraigadas en muchas fuerzas policiales se niega más que se aborda”, añade John Dalhuisen.

Los gobiernos de toda Europa dan la espalda a los gitanos de muchas formas. La discriminación, los desalojos forzosos, la segregación y la educación de calidad inferior son la norma en muchos países.

“La Unión Europea tiene a su disposición todo un arsenal legislativo para garantizar que se abordan la violencia discriminatoria y la discriminación en general. Sin embargo, la Comisión Europea, responsable de supervisar la aplicación de las leyes de la UE en los Estados miembros, no ha adoptado hasta ahora medidas claras y resueltas para abordar la discriminación y la violencia contra los gitanos en los Estados miembros”, declara John Dalhuisen.

Amnistía Internacional pide a los gobiernos nacionales y a la Unión Europea que se comprometan, visiblemente y sin reservas, a erradicar la lacra de la discriminación, la intolerancia y la violencia contra los gitanos en toda la región.

 

República Checa

Durante el verano y el otoño de 2013, los grupos ultraderechistas checos realizaron una serie de protestas contra los gitanos en decenas de pueblos y ciudades del país. Las protestas significaban el hostigamiento sistemático de las comunidades gitanas.

Entre junio y octubre de 2013, los extremistas de ultraderecha y los residentes locales hicieron marchas periódicas por la ciudad de Èeské Budìjovice hasta un complejo de viviendas sociales tras un conflicto en un parque infantil entre adultos gitanos y no gitanos.

Štefan, gitano, contó a Amnistía Internacional: “Algunas personas no se dan cuenta de que [durante las manifestaciones, los gitanos] tienen que quedarse en un lugar, de que los niños […] tienen miedo. Esto dura el día entero y deja traumas […] Nadie merece vivir algo así. La gente vivió esto durante la guerra y creo que en el año 2013, en el siglo XXI, no tenemos que volver a vivirlo.”

 

Francia

Tras huir de la discriminación en su país, muchos de los 20.000 romaníes de Francia viven en asentamientos informales donde rara vez tienen acceso a servicios básicos como el agua y el saneamiento. A menudo se los desaloja forzosamente de sus viviendas, hostigados por la policía u otros ciudadanos, y a veces son atacados.

La noche del 22 de noviembre de 2011, la policía acudió al asentamiento informal situado junto a la iglesia de St. Martin D’Arenc, en Marsella, para desalojar forzosamente a las 10 familias gitanas que vivían allí. Al parecer, lanzaron gas lacrimógeno dentro de las tiendas donde dormían los niños y luego destruyeron las tiendas y otras pertenencias personales.

R. fue golpeado por la policía. Dijo: “Quise huir, pero no podía ver nada, sólo vi una puerta delante de mí, traté de salir por allí, pero en cuanto me acerqué, tuve la sensación de que me había roto la pierna y luego no recuerdo nada más”. R. fue operado por rotura de fémur y pasó seis meses en un centro de rehabilitación.

Los migrantes gitanos de Marsella no suelen denunciar los casos de hostigamiento y violencia porque no confían en la policía o por miedo a ser victimizados de nuevo. S., trabajador social romaní que vivía en un asentamiento informal, dijo: “Los romaníes tienen realmente miedo de la policía; suelo llevar a los niños al hospital para que les den tratamiento médico y tienen miedo cada vez que ven a la policía en el camino.”

 

Grecia

Los gitanos que viven en Grecia —entre 250.000 y 350.000— sufren un trato discriminatorio desde hace generaciones.

Durante 2012 y 2013 hubo una serie de ataques que recordaban a los pogromos contra una comunidad gitana de Etoliko, un pueblo del oeste de Grecia.

Irini contó a Amnistía Internacional cómo vivió el ataque cometido el 4 de enero de 2013 por unas 70 personas que arrojaron cócteles molotov, piedras y tablones de madera a sus casas: “Cuando les vi venir, agarré a mis hijos y nos encerramos en la casa. Mis hijos lloraban, gritaban […] Estaba asustada. Miré por la ventana y conocía a la mayoría de ellos, crecimos juntos. Lanzaron una botella de vidrio por la ventana y prendieron fuego a la casa.”

Seis casas y cuatro coches ardieron por las bombas incendiarias o resultaron con daños por obra de los atacantes ese día. Varios romaníes dijeron a Amnistía Internacional que se sintieron traicionados por la policía. Uno de ellos declaró: “Vi sólo dos policías desde dentro de la casa […] Simplemente miraban y pedían a la gente que parase. No hicieron nada más que eso.”

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