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Manifestantes sostenienen una pancarta en memoria de Zak Kostopoulos, activista LGBTI asesinado en el centro de Atenas. © Giorgos Zachos/SOPA Images

A mi hijo lo mataron a patadas, y por eso pido justicia

Por Eleni Kostopoulos, Grecia, 

Zak Kostopoulos, activista queer, transformista y defensor de los derechos humanos de nacionalidad griega, fue golpeado brutalmente el año pasado por dos hombres al entrar en una joyería del centro de Atenas. En las grabaciones de vídeo aparecían policías, tras la agresión, intentando detener con violencia a Zak, que agonizaba en el suelo. Según el informe, Zak falleció a causa de las múltiples lesiones que había sufrido.

La trágica muerte de Zak dejó destrozadas a su familia, amistades y a la comunidad griega de defensores y defensoras de los derechos humanos en general. Su madre, Eleni Kostopoulos, muestra en un emotivo relato cómo sobrelleva la muerte de Zak y por qué está decidida a pedir justicia para su hijo.

Zak era mi hijo mayor. Fue un niño dulce y brillante que iluminó mi vida como una estrella inmensa. Yo lo colmé de amor y cariño. Le gustaba abrazar su peluche favorito, su mono, y sonreía siempre.

Conforme crecía, yo veía claramente lo amable y compasivo que era. Nunca le oía hablar mal de nadie; entendía los sentimientos de la gente y se identificaba con ellos.

En quinto grado, el profesor me dijo que Zak era el único alumno que se había hecho amigo de un niño extranjero que había llegado a la clase. Desarrolló su lado artístico: le encantaba bailar y yo solía oír sus cantos y el ruido de sus pisadas en el suelo de su habitación.

Zak Kostopoulos, activista queer, transformista y defensor de los derechos humanos de la comunidad LGBTI

Zak Kostopoulos, activista queer, transformista y defensor de los derechos humanos de la comunidad LGBTI

Espíritu de lucha

Cuando se hizo adulto, empezaron las dificultades. Zak estaba orgulloso de quién era, pero se salía de la norma según los principios de algunas personas. Tuvo que enfrentarse al rechazo, la violencia y el prejuicio por sus decisiones, pero optó por resistir, por defenderse no sólo a sí mismo, sino a todas las personas oprimidas. Escuchaba sus historias, las animaba, las ayudaba y las acompañaba a las manifestaciones.

Zak era una persona generosa y desinteresada. Compartía lo que tenía con los demás, nunca fallaba a nadie, estaba allí cuando lo necesitaban. Declaró públicamente que era seropositivo y se expuso para ayudar a otros que tuvieran el mismo problema. Quería que todo el mundo estuviera concienciado e informado, para poder esperar un futuro mejor.

Su padre solía decirle: “No vas a cambiar el mundo”, pero estoy segura de que Zak creía que podía hacerlo, o al menos intentarlo. Era un deber que tenía consigo mismo y con sus semejantes.

Todo cambió

Entonces, alguien llamó en mitad de la noche. Mi mundo se desmoronó y se vino abajo con esa llamada. Zak había muerto. No podía creerlo. No lo aceptaba. Era imposible. Era horrible. Empezaron a llegar noticias de un supuesto robo, de drogadicción, de la necesidad de robar, de otra persona. Y luego, fotografías y vídeos que mostraban violencia, odio, muerte, asesinato...

Día tras día, los medios de comunicación y la policía retrataban a Zak como algo que no era. Era fácil hacerlo, les beneficiaba, encubría lo que habían hecho. Me negué a creer nada de todo eso. Yo conocía a mi hijo. Él nunca había hecho daño a nadie. También sé que la verdad nunca corre, camina. Al final, todas las mentiras y falsas acusaciones se vinieron abajo. Todo el mundo vio quién era Zak a través de sus acciones, sus escritos, sus fotografías y sus espectáculos.

Mientras tanto, yo estaba abrumada por el apoyo de miles de personas que se reunieron y manifestaron en toda Grecia y Europa para exigir justicia para Zak. Me asombraba la cantidad de personas que lo habían conocido, lo habían amado y se habían sentido conmovidas por su personalidad. Me emocionaba el amor y el respeto que mostraban por él cuando contaban las historias de cómo lo habían conocido o las cosas que había hecho por ellas.

Las dos personas que mataron a mi hijo a patadas están libres. Están en sus casas con sus familias, comen juntos, ríen, siguen con su vida. Los policías sospechosos de haber participado en el asesinato de Zak también están libres. El departamento de asuntos internos les ha impuesto unas sanciones que todavía no se han aplicado.

A la espera de justicia

En cuanto a mí y a mi familia, vamos a una tumba para estar cerca de nuestro hijo, le hablamos en sueños [...], debemos seguir viviendo y sobrellevando esta inmensa pérdida.

Ahora, mi familia está a la espera de justicia, de reparación. Como familia de Zak, debemos mantener la lucha, garantizar que toda vida humana sea valorada y tratada con respeto, y que todo el mundo pague por sus errores, por lo que hicieron y lo que dejaron de hacer.

Hay una fotografía de Zak con los brazos abiertos y un cartel delante del pecho en el que pone “abrazos gratuitos”. Ése era Zak. Tenía un gran corazón, entre sus brazos cabían todos y todo.

Amnistía Internacional exige justicia para Zak. Actúa ya.

Esta historia fue publicada originalmente en inglés en el Huffington Post de Reino Unido.

¡Pide Justicia para Zak Kostopoulos!

¡Firma!