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Sácale tarjeta amarilla al gobierno de Brasil. La protesta no es un crimen

¡Gracias!

Esta acción ha finalizado. Hemos sido 34.411 firmantes

Petición antes del cierre

Los preparativos para la Copa del Mundo de Fútbol han provocado grandes protestas y manifestaciones públicas que la policía ha reprimido con el uso excesivo de la fuerza y, en algunos casos, con armas “menos letales”, como gases lacrimógenos y balas de goma.

Esta acción ha finalizado (21 de julio de 2014)

Esta acción ha finalizado. Damos las gracias a las 34.411 personas que se han sumado en España a la petición de Amnistía Internacional para que el gobierno de Brasil respete y proteja los derechos a la libertad de expresión y reunión pacífica, y para que garantice que la policía y el ejército no hacen un uso excesivo de la fuerza contra manifestantes.

Amnistía Internacional entregará las más de 100.000 firmas recogidas en todo el mundo a las autoridades brasileñas. Aunque el Mundial de fútbol ya ha terminado y  los ojos de todo mundo ya no están puestos en Brasil, la organización sigue trabajando para que el derecho a protestar no sea criminalizado en el país suramericano.

Petición antes del cierre

  • El 25 de enero de 2014, la policía de São Paulo entró en el vestíbulo de un hotel donde se habían refugiado varios manifestantes y disparó gas lacrimógeno y balas de goma o plástico. También golpeó a algunas personas con porras. Uno de ellos era Vinicius Duarte, estudiante de 27 años, que acabó con varios huesos y cuatro dientes rotos.
  • El 15 de octubre de 2013, la policía de Río de Janeiro hizo uso innecesario de la fuerza contra profesores que se manifestaban pacíficamente y detuvo a unas 200 personas.
  • En Río de Janeiro, el 17 y 20 de junio de 2013 la policía utilizó gas lacrimógeno contra manifestantes en espacios cerrados, como hospitales, estaciones de metro y restaurantes.
  • El 13 de junio de 2013, en São Paulo, un fotógrafo fue alcanzado por una bala de goma o plástico cuando informaba de las manifestaciones y perdió el ojo.

 

Es previsible que las protestas vayan a continuar en las próximas semanas y el Congreso brasileño está analizando nuevas leyes que podrían aplicarse para reprimir protestas. Por otro lado, el conjunto de normas y la formación que reciben las fuerzas de seguridad para la vigilancia de manifestaciones son inadecuados y podrían causar más heridos dado al uso excesivo de la fuerza por parte de la policía.

Por todo esto, sacamos tarjeta amarilla al gobierno brasileño. Manifestarse no es delito, es un derecho humano. Todas las personas tienen el derecho a protestar de forma pacífica, a ejercer sus derechos humanos a la libertad de expresión y la reunión pacífica. Y el gobierno brasileño tiene la obligación de garantizar que así sea. Usemos nuestra libertad de expresión y enviémosle una alerta. Entra en acción.