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Desapariciones forzadas en la "guerra contra el terror"

Londres.- Al cooperar en la “guerra contra el terror” dirigida por Estados Unidos, el gobierno de Pakistán ha cometido abusos sistemáticos contra los derechos humanos de cientos de paquistaníes y ciudadanos extranjeros. La práctica de la desaparición forzada se ha extendido: se ha detenido y recluido a personas en régimen de incomunicación en lugares secretos al tiempo que oficialmente se negaba su detención. Estas personas corren peligro de sufrir tortura y ser transferidas de manera ilegal a terceros países.

“El camino a Guantánamo empieza literalmente en Pakistán –ha manifestado Claudio Cordone, director general de Investigación de Amnistía Internacional–. Cientos de personas han sido detenidas en operaciones masivas, muchas de ellas han sido vendidas como ‘terroristas’ a Estados Unidos simplemente porque así lo afirmaban sus captores, y varios cientos han sido trasladadas a la bahía de Guantánamo, a la base aérea de Bagram o a centros secretos de detención controlados por Estados Unidos.”

La práctica sistemática de ofrecer recompensas de miles de dólares estadounidenses por presuntos terroristas sin identificar ha facilitado la detención ilegal y la desaparición forzada. Cazadores de recompensas –incluidos agentes de policía y vecinos del lugar– han capturado a individuos de diversas nacionalidades, parece ser que a menudo eligiéndolos al azar, y los han entregado a la custodia estadounidense.
                                                                                                                                                                                                                                                                                             Más del 85 por ciento de las personas detenidas en la bahía de Guantánamo no fueron aprehendidas por efectivos estadounidenses sino por miembros de la Alianza del Norte afgana, y su detención tuvo lugar en Pakistán, donde se estaban pagando en ese momento recompensas de hasta 5.000 dólares por cada “terrorista” entregado a Estados Unidos. Con frecuencia el único motivo para la detención fueron las acusaciones de sus captores, mantenidas a toda costa para obtener la recompensa. Alrededor de 300 personas, anteriormente calificadas de “terroristas” y “asesinos” por el gobierno estadounidense, ya han salido de Guantánamo en libertad sin cargos, la mayoría en dirección a Pakistán o Afganistán.

“En Pakistán apenas se conocían las desapariciones forzadas antes de que empezara la ‘guerra contra el terror’ dirigida por Estados Unidos; ahora son un fenómeno creciente, se han extendido más allá de los presuntos terroristas y afectan a nacionalistas baloches y sindis y también a periodistas” asegura Angelika Pathak, investigadora de Amnistía Internacional sobre Asia Meridional.

Se sigue sin dar explicaciones respecto a muchas personas detenidas, por lo que se desconoce la suerte que han corrido y su paradero. Tres mujeres y cinco menores fueron detenidos en julio de 2004 junto al presunto terrorista tanzano Ahmed Khalfan Ghailani en la provincia de Punyab. Entre estas personas había, según informes, un bebé y un saudí de 13 años llamado Talha. Más de dos años después, no se sabe nada de la suerte y el paradero de Talha y los demás niños y mujeres. Ahmed Ghailani estaba entre los 14 individuos transferidos en septiembre de 2006 a la bahía de Guantánamo desde lugares secretos de detención de la CIA.

“Éstos y otros menores han sido detenidos como parte de la ‘guerra contra el terror’ en la que colabora Pakistán; la presunción de inocencia y la posibilidad de impugnar la legalidad de la detención no existen ni siquiera para los menores, ya no digamos para los adultos –afirma Angelika Pathak–. Así que han estado encarcelados durante meses, incluso años, sin haber sido juzgados.”

La clase política, los medios de comunicación y la sociedad civil de Pakistán deben pronunciarse y obligar al gobierno a rendir cuentas para que se ponga fin a esta práctica y se esclarezcan la suerte y el paradero de todas las víctimas.

La Comisión de Derechos Humanos de Pakistán, entidad no gubernamental, ha señalado nuevos índices de tolerancia de los abusos contra los derechos humanos y ha insinuado que podrían atribuirse al “impacto de la guerra contra el terrorismo en la psique de la colectividad pública”.

Las personas detenidas en secreto por presuntos delitos de terrorismo están especialmente expuestas a sufrir tortura en Pakistán. La víctima es suspendida cabeza abajo, golpeada y privada de alimentos y del sueño. Al parecer, agentes de Estados Unidos y otros países tuvieron conocimiento o incluso estuvieron presentes en interrogatorios de personas detenidas arbitrariamente y recluidas en secreto.

“El gobierno de Pakistán debe establecer un registro central de personas detenidas y publicar listas periódicas de todos los lugares de detención reconocidos, para que en el futuro nadie pueda ser encarcelado en secreto y quedar expuesto a la tortura y demás abusos que conlleva la detención secreta –afirma Angelika Pathak–. Los gobiernos de Estados Unidos y otros países deben investigar todas aquellas denuncias sobre actos de tortura en que sus agentes puedan haber sido cómplices.”

Los familiares de las personas secuestradas tienen pocos sitios a los que acudir en su busca. La policía se niega a investigar y a registrar las denuncias. Quienes impugnan la detención ante tribunales superiores provinciales se encuentran con que las fuerzas de seguridad niegan tener conocimiento del paradero de la persona y los jueces no suelen poner en duda esa negativa.

Khalid Mehmood Rashid, ciudadano paquistaní, fue entregado a agentes paquistaníes en Sudáfrica el 6 de noviembre de 2005 y trasladado en avión a Pakistán. Desde entonces no se le ha vuelto a ver. A pesar del reconocimiento oficial de que está bajo custodia del gobierno paquistaní, el Ministerio del Interior no ha respondido a las preguntas de su familia sobre su paradero.

Debido al carácter clandestino de la “guerra contra el terror”, es imposible saber con exactitud cuántas desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias de otra clase y homicidios ilegítimos se han cometido en Pakistán. Aun así, el general de división Shaukat Sultan, portavoz del ejército de Pakistán, manifestó en junio de 2006 que desde el año 2001 se había dado muerte a 500 “terroristas” y se había detenido a más de 1.000.

Información complementaria
Pueden consultar el informe Pakistan: Human rights ignored in the “war against terror” en: http://web.amnesty.org/library/index/eslasa330352006   

El contenido de un folleto estadounidense que ofrece importantes recompensas por la captura de presuntos enemigos puede verse en:
 http://www.amnesty.org/resources/pakistan/flyer.html 

Si desean más información sobre la campaña de Amnistía Internacional contra el uso de la tortura y los malos tratos en la “guerra contra el terror”, consulten: http://web.amnesty.org/pages/stoptorture-index-esl