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© REUTERS / Mohsin Raza. Manifestantes sostienen pancartas que exigen la liberación de Asia Bibi, una mujer cristiana pakistaní condenada a muerte por blasfemia.

Se hace justicia por la mujer cristiana más famosa del mundo, Aasia Bibi

Por Amnistía Internacional,

Ocho años después de su condena a muerte por insultar al profeta Mahoma, el Tribunal Supremo de Pakistán absuelve a Aasia Bibi.

Su increíble historia es esta. En junio de 2009 Aasia, de 46 años y madre de cinco hijos, trabajaba como bracera en el campo y la esposa de un anciano de la aldea le pidió que trajera agua para beber. Al parecer otras braceras musulmanas se negaron a beber del agua, afirmando que era sacrílego e “impuro” aceptar agua de Aasia Bibi, dado que no era musulmana. Aasia Bibi se sintió ofendida y, afirmó: “¿Es que no somos seres humanos?”, lo cual desencadenó una discusión entre las mujeres. Estas llevaron el caso el clérigo de la localidad acusándola de haber hecho comentarios despectivos sobre el profeta Mahoma. El clérigo informó a la policía local, y aquí comenzó la historia de horror de esta mujer por el sistema judicial paquistaní.

En Amnistía Internacional denunciamos que su juicio fue injusto (por ejemplo no tuvo acceso a su abogado) y también que ha permanecido la mayor parte de todos estos años recluida en casi total aislamiento.

El caso de Aasia, con final feliz, ha provocado dos asesinatos: el del gobernador de Punyab, Salmaan Taseer, al que lo mató uno de sus guardias de seguridad en enero de 2011 por hacer campaña por su liberación y criticar la legislación sobre la blasfemia, y el de un ministro, Shahbaz Bhatti, al que asesinaron los talibanes paquistanías por este mismo motivo.

Las leyes contra la blasfemia que pretenden proteger el islam y la sensibilidad religiosa de la mayoría musulmana, están formuladas de forma ambigua y son aplicadas arbitrariamente de una manera que equivale a la persecución de las minorías religiosas. En muchas ocasiones en Amnistía Internacional hemos observado que se utiliza a menudo para dirimir rencillas personales, que la policía no registra ni investiga las denuncias y la justicia se ve obstruida por la actitud prejuiciosa de algunos jueces contra las minorías religiosas, y que muchas de las personas acusadas o sospechosas de blasfemia han sido agredidas o torturadas.

La legislación sobre la blasfemia viola el derecho internacional y debe ser derogada o reformada de inmediato para hacerla compatible con las normas internacional. 

 

 

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