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© REUTERS/Kenny Katombe

Cómo la UA le ha fallado a África, desde Sudán hasta la RDC y Zimbabue

Por Netsanet Belay (@NetsanetDBelay), investigador de Amnistía Internacional,

Es hora de que la Unión Africana haga cambios radicales en su modo de responder a las violaciones graves de derechos humanos

Mientras los jefes de Estado y de gobierno de África se reunieron en Adís Abeba para la 32ª Cumbre de la Unión Africana, Sudán se adentra en su segundo mes de protestas suscitadas por el aumento excesivo del coste de la vida. Las fuerzas de seguridad han matado a más de 45 personas y causado heridas graves a muchas más, incluso con munición real y gas lacrimógeno, que han utilizado en un hospital mientras perseguían a personas heridas.

En Zimbabue, un acusado aumento de los precios del combustible, con consecuencias para el coste de la vida, ha generado también protestas generalizadas. En respuesta a ellas, las fuerzas de seguridad han emprendido una ofensiva mortal en el marco de la cual han matado a 12 personas y detenido arbitrariamente a más de 600. La información disponible indica que muchas mujeres han sido violadas en el curso de la represión y que hay muchas personas que han sufrido heridas de efectos debilitantes.  A la mayoría de las que han sido detenidas se les niega su derecho a un juicio justo con medidas como negarles de manera arbitraria la libertad con fianza. Tras las protestas también se ha cerrado Internet, aparentemente con el fin de impedir a la gente apoyar u organizar reuniones pacíficas.



En la República Democrática del Congo, las elecciones generales recién celebradas se han caracterizado por una tensión palpable y por focos de violencia mortal, como consecuencia de los cuales más de 20.000 personas han huido del país y se han refugiado en Congo-Brazzaville y en Uganda. Una investigación de la ONU ha determinado la existencia de 59 fosas comunes y el homicidio de más de 500 civiles en Yumbi, en el oeste del país. Tras las elecciones, el gobierno ha cerrado muchos medios de comunicación y ha emprendido una campaña de represión de Internet y la mensajería móvil.

Ante estas violaciones flagrantes de derechos humanos, la respuesta de los organismos regionales, incluidas la Unión Africana (UA) y la Comunidad para el Desarrollo del África Austral (SADC), ha estado marcada por los desacuerdos, la tardanza en reaccionar o un silencio atronador.

No ha habido una sola reacción de condena o en la que se pida el fin de las violaciones graves y generalizadas que se están cometiendo en Zimbabue, ni de la UA ni de la SADC.

Lo mismo cabe decir en el caso de Sudán. La última y única expresión pública de preocupación la hizo el portavoz de la Comisión de la UA el 30 de diciembre de 2018 y fue una declaración suave y deslucida. En vez de condenar las atroces violaciones de derechos humanos, el portavoz se limitó a pedir “contención” a todos los bandos. Optó por recordar a los líderes políticos sudaneses su "responsabilidad colectiva" de buscar soluciones pacíficas, predicando, en efecto, la paz, pero sin desenmascarar el sistema que perpetra la violencia.


Abogados zimbabuenses llevan pancartas que exigen justicia para las personas detenidas en la cárcel y otras que se enfrentan a juicios rápidos tras las recientes protestas en Harare, Zimbabwe, el 29 de enero de 2019. © REUTERS/Philimon Bulawayo

En el caso de la RDC, las reacciones de la UA y la SADC a la situación postelectoral se han visto empañadas por la confusión, las contradicciones y los desacuerdos, que han menoscabado su legitimidad y generado una escalada de la tensión política y, posiblemente, de la violencia.  Pero ambos organismos tienen algo en común, y es que no han hecho ningún comentario en absoluto sobre las restricciones a los medios de comunicación, las protestas pacíficas y los cierres de Internet, que han comportado la negación arbitraria del derecho a la libertad de expresión y de reunión en el momento en que más se necesita.

Como de costumbre, se espera que en la Cumbre de la UA se evalúe el estado de la paz y la seguridad en África. Se espera que figuren en el programa de trabajo las tres últimas situaciones de crisis del continente –RDC, Sudán y Zimbabue– y las que persisten desde hace ya mucho tiempo en la República Centroafricana (RCA), el Sahel y la región de la cuenca del lago Chad, Sudán del Sur y Somalia.

Los africanos y las africanas, en especial los que sufren la represión brutal de sus gobiernos, están atentos y se preguntan si la UA seguirá haciendo como siempre o abordará realmente estas crisis. A juzgar por lo visto en el pasado, hay pocas razones para el optimismo.

A pesar de los compromisos, las obligaciones y los avances en el establecimiento de estructuras y mecanismos como su Consejo de Paz y Seguridad y su Sistema Continental de Alerta Temprana, la UA continúa dedicándose a tratar los síntomas de los conflictos y la violencia en vez de abordar las verdaderas causas subyacentes: las persistentes violaciones de derechos humanos y la espiral perpetua de impunidad.

Son muchos los ejemplos de ello. Desde la RCA hasta Sudán del Sur, el noreste de Nigeria y Camerún, la UA y los órganos regionales no han actuado ni han dejado de perder el tiempo hasta que la situación ha alcanzado el punto crítico.


Miembros del consejo nacional de la juventud y operadores de ciclistas se manifestaban contra de  las conversaciones de paz para resolver la crisis política que duraba ya dos años en Burundi, 4 de marzo de 2017. © REUTERS / Evrard Ngendakumana

E incluso cuando ha mostrado preocupación por los abusos contra los derechos humanos, la UA se ha abstenido de manera reiterada de abordar las cuestiones de frente, por falta de valor y de voluntad política para impulsar el cambio.

Por ejemplo, en 2015 se presentaron a la UA datos abrumadores de las violaciones graves de derechos humanos que se estaban cometiendo en Burundi, donde el presidente Pierre Nkurunziza está ejerciendo una represión brutal de los derechos humanos en su intento de asumir un controvertido tercer mandato. La UA expresó su intención de poner fin de manera decisiva a los abusos, pero se echó atrás antes de tomar alguna medida concreta. Por medio de la Comunidad Africana Oriental (CAO), optó por el camino de la mediación, proceso en el que se ha hecho por completo caso omiso de la rendición de cuentas por las violaciones graves de derechos humanos cometidas en el país desde 2015.

En Sudán del Sur queda por cumplir una promesa formulada hace ya mucho tiempo. Han transcurrido ya más más de tres años desde la firma del acuerdo original de paz para Sudán del Sur, que previó la creación por la UA de un Tribunal Híbrido para Sudán del Sur. A pesar de los sucesivos acuerdos de paz, la violencia continúa. Millones de civiles continúan siendo víctimas de homicidio, desplazamiento y violencia sexual en Sudán del Sur, sin que haya justicia a la vista.

No basta con predicar la paz Es hora de que la UA haga cambios radicales para responder a las graves violaciones de derechos humanos y crímenes cometidos en las situaciones de conflicto. Con sus actos y sus palabras, la UA tiene que mostrar que está del lado de las personas que luchan por la justicia y por sus libertades, no al revés. Porque hablar de paz sin garantizar la justicia y el respeto de los derechos humanos entraña el riesgo de acabar propugnado la capitulación.

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