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Centroamérica: La crisis invisible de las personas deportadas

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Esta acción ha finalizado. Hemos sido 17.408 firmantes

Damos las gracias a todas las personas que se han sumado a Amnistía Internacional para solicitar protección para las personas de El Salvador, Honduras y Guatemala que vuelven deportadas a sus países de origen.

Desde que iniciamos esta campaña, las autoridades centroamericanas han asegurado que el Plan de la Alianza para la Prosperidad del Triángulo Norte, una iniciativa para el desarrollo financiada por el gobierno de Estados Unidos, contribuirá a mejorar las condiciones para las personas retornadas, y que además desarrollarán la infraestructura de los centros de recepción, lo que son cambios positivos. Amnistía Internacional seguirá trabajando para prevenir las situaciones de peligro de las personas retornadas y que se mejore su protección.

Petición antes del cierre

Miles de personas refugiadas son deportadas y devueltas a la violencia brutal de la que huyeron.

Saúl ejercía una de las profesiones más peligrosas de Honduras: era chófer de autobús. Las maras controlan este sector. En 2015 Saúl huyó del país tras sobrevivir a un tiroteo junto con sus dos hijos, que resultaron heridos de gravedad. México le denegó su solicitud de asilo y lo devolvió a Honduras en julio de 2016. Tres semanas después lo asesinaron.

La violencia casi bélica en Honduras, El Salvador y Guatemala ha generado una de las crisis de refugiados menos visibles del mundo. Cientos de miles de  personas huyen del terror de las maras y las bandas delictivas. Una violencia que se ceba con los jóvenes, mujeres, niños, niñas y personas LGBTI, que se ven obligadas a abandonar su país para salvar sus vidas.

Necesitan protección internacional pero en lugar de eso, países como México y Estados Unidos las deportan, devolviéndolas a situaciones que amenazan su vida. Entre 2010 y 2015, el número de personas deportadas desde México a estos tres países centroamericanos se incrementó en un 179%. Al llegar a sus países sus gobiernos no les ofrecen apoyo ni protección y, en la práctica, las condenan a una vida de sufrimiento o muerte.

El Salvador, Honduras y Guatemala deben garantizar que las personas deportadas gozan de protección frente al peligro cuando regresan a sus países de origen. ¡Ayúdalas!