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Refugiados y refugiadas rohingyas atienden sentados en la carretera cerca de Teknaf, Bangladesh, después de haber llegado en barco la noche anterior desde Myanmar, 28 de septiembre de 2017. © AI

La pesadilla humanitaria de Cox’Bazar

Por Andrés Zaragoza (@AnderesZaragoza), miembro del Equipo de Países de Amnistía Internacional,

“He oído relatos inimaginables de matanzas y violaciones de los refugiados rohingya huidos de Myanmar. No se puede estar preparado para una crisis de tal magnitud y el alcance del sufrimiento que he visto hoy en Cox’Bazar”, escribió en su cuenta de twitter Antonio Guterres, Secretario General de la ONU, tras su visita a Bangladesh a finales del pasado mes de junio.

Para Guterres, la crisis de refugiados de la población rohingya, una de las comunidades más discriminadas y vulnerables de la Tierra, es una pesadilla humanitaria y de derechos humanos.

Actualmente se hacinan en los campamentos de Cox’Bazar, al sur de Bangladesh, más de un millón de personas, de las cuales doscientas mil corren un serio peligro de morir ahogadas o sepultadas por corrimientos de tierras y aludes de lodo. Es la temporada del monzón en una de las zonas del mundo más pobres, donde más llueve en esta época y donde el cambio climático más está afectando a los cambios estacionales.

Un grupo de personas refugiadas rohingya cruza la frontera hacia Bangladesh, cerca de Whaikyang, en el distrito de Cox'Bazar, en el sudeste de Bangladesh. © AI

Como ha denunciado Amnistía Internacional en sus informes, el reciente éxodo de la población rohingya comenzó el 25 de agosto de 2017, tras una serie de ataques de un grupo armado rohingya contra puestos fronterizos de Myanmar, que provocaron una respuesta desproporcionadamente violenta del ejército de ese país. En apenas tres meses, fuerzas de seguridad de Myanmar expulsaron de sus casas a más de 700.000 mujeres, hombres, niños y niñas  –más del 80% de la población rohingya que vivía en el Estado de Rajine, al norte de Myanmar–.

En su último informe, publicado el 28 de junio pasado, Amnistía Internacional demuestra que la limpieza étnica de la población rohingya tiene lugar en un régimen de apartheid de larga duración. El ejército de Myanmar, dirigido por su comandante en jefe General Min Aung Hlaing, ha ejecutado a miles de rohingya de todas las edades, incluidos bebés; ha violado a cientos de mujeres y niñas y  torturado a hombres y niños; ha arrastrado a la inanición a las comunidades rohingyas tras quemar sus mercados y bloquear el acceso a sus tierras de cultivo y lugares de pesca; ha colocado minas terrestres e incendiado cientos de poblaciones rohingya de forma selectiva y deliberada, en una implacable y sistemática campaña de crímenes contra la humanidad.

El informe detalla la estructura de mando y los despliegues de tropas de las fuerzas armadas de Myanmar, identificando las divisiones o batallones militares concretos, así como algunos de sus jefes, que cometieron las atroces violaciones de derechos humanos. Revela que en las poblaciones donde vivían los rohingya se están construyendo bases militares, infraestructuras de seguridad, carreteras y “pueblos modelo” para otras comunidades religiosas y étnicas, y demuestra que se están borrando pruebas de los crímenes de lesa humanidad cometidos. Se está impidiendo la necesaria rendición de cuentas por tales crímenes. Se está privando a las víctimas y a sus familias de su derecho a la verdad, justicia y reparación y haciendo imposible el  retorno voluntario, seguro y digno al que tienen derecho los rohingya.

España, como miembro del Consejo de Derechos Humanos, tiene un importante papel que desempeñar para poner fin a esta crisis y acabar con años de impunidad. Debe presionar a la comunidad internacional para garantizar que este oscuro capítulo de la historia reciente de Myanmar para que no vuelva a repetirse. Es necesario que el Consejo de seguridad de la ONU remita inmediatamente la situación de Myanmar a la Corte Penal Internacional (CPI), para que su fiscalía comience a investigar los crímenes, en aplicación del Estatuto de Roma.

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