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Una mujer sostiene un cartel que pone "Stop al Genocidio" en Gaza

Manifestación «Marcha por Gaza» celebrada en Edmonton, Alberta, Canadá. © Artur Widak/NurPhoto

Blog

Las claves del genocidio de Israel contra la población palestina de Gaza

Alejandro Gálvez, Experto en Israel y el Territorio Palestino Ocupado en Amnistía Internacional España,

Israel ha cometido y está cometiendo el crimen de genocidio contra la población palestina de Gaza tras los terribles atentados de Hamás del 7 de octubre de 2023. Así lo concluye el nuevo informe de Amnistía Internacional, “Es como si fuéramos seres infrahumanos”: El genocidio de Israel contra la población palestina de Gaza, que documenta cómo las políticas, acciones y omisiones de las autoridades israelíes han provocado una destrucción masiva y sistemática de vidas y de las condiciones de existencia en la Franja.

A partir de casi un año de investigación en un contexto extremo, el informe se centra en tres de los cinco actos prohibidos por la Convención para la Prevención y la Sanción del Delito de Genocidio

  • la matanza de miembros del grupo;
  • la lesión grave a su integridad física o mental;
  • el sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial. 

Amnistía Internacional concluye que estos actos se cometen con la intención específica de destruir, total o parcialmente, a la población palestina de Gaza como tal.

Este trabajo no habría sido posible sin la entrega de todo un equipo de profesionales de Amnistía Internacional, que han recabado, analizado y contrastado pruebas en medio de duras situaciones personales y familiares. Queremos expresar nuestro agradecimiento, admiración y solidaridad hacia todas estas personas, así como hacia el personal humanitario que se juega la vida y, en demasiados casos, la pierde, tratando de llevar un mínimo de dignidad y humanidad a la población palestina de Gaza.

Ruinas tras ataque israelí

Ruinas tras una ataque israelí. © Omar Ashtawy/apaimages/SIPA/2411291401

Clave 1: ¿De qué hablamos cuando hablamos de genocidio?

Qué dice la Convención sobre el Genocidio y el Estatuto de Roma

Lo que se entiende por genocidio se encuentra codificado internacionalmente en dos textos fundamentales: la Convención sobre el Genocidio y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI). Ambos coinciden en definir el genocidio como una serie de actos cometidos “con la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso como tal”. 

Estos textos identifican cinco actos prohibidos:

  • Matanza de miembros del grupo.
  • Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo.
  • Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial.
  • Medidas destinadas a impedir nacimiento en el seno del grupo.
  • Traslado por la fuerza de niños del grupo a otro grupo.

Amnistía Internacional ha documentado que Israel está cometiendo los tres primeros.

Genocidio y otros crímenes internacionales

El Estatuto de Roma de la CPI tipifica como crímenes internacionales “los crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su conjunto”. Es decir, los crímenes más graves que se pueden cometer. Tan graves que afectan a toda la comunidad internacional, independientemente de dónde y contra quién se cometan. Son cuatro crímenes: el crimen de genocidio, los crímenes de lesa humanidad, los crímenes de guerra y el crimen de agresión.

En el caso de la población palestina de Gaza, Amnistía Internacional ha documentado la comisión de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

“Amnistía Internacional ha documentado cómo Israel ha cometido crímenes de guerra, el crimen de lesa humanidad y, ahora, el crimen de genocidio contra el pueblo palestino. Ello significa que Israel ha cometido y está cometiendo todos los crímenes internacionales más graves que hoy por hoy pueden cometerse contra la población palestina.”

Un soldado israelí gesticula hacia una ambulancia de la Media Luna Roja Palestina a la entrada de un campo de personas refugiadas durante una operación militar. © Marco Longari/AFP vía Getty Images

Clave 2. No es una cuestión de parcialidad

Son muchas las fuentes y voces que acusan a Amnistía Internacional de parcialidad. De que solo señalamos a Israel. Desde el mismo 7 de octubre, y desde mucho tiempo antes, Amnistía Internacional ha documentado cómo Hamás y otros grupos armados han cometido numerosos crímenes de guerra por los que deben rendir cuentas ante la justicia internacional.

Denunciar abusos de Israel no es antisemitismo ni “ser anti-Israel”

Del mismo modo, muchos medios y autoridades acusan a quienes denunciamos los abusos de Israel de antisemitismo o de ser “anti-Israel”. Como organización de derechos humanos, la función de Amnistía Internacional es investigar vulneraciones del derecho internacional cometidas por gobiernos de todo el planeta, exponerlas al mundo y hacer campaña para que se ponga fin a tales violaciones, independientemente de quién y dónde se cometan.

Las voces que acusan a Amnistía Internacional y otras organizaciones e instituciones de antisemitismo o de ser “anti-Israel” parecen obviar que existe todo un corpus cada vez mayor de investigaciones y análisis jurídicos de especialistas, juristas, instituciones y organizaciones de la sociedad civil de todo el mundo que concluyen que Israel está cometiendo el crimen de genocidio en Gaza. Que concluyen que Israel está cometiendo el crimen de apartheid. Que concluyen que tanto el bloqueo de Gaza como la ocupación militar de Cisjordania son ilegales. Que concluyen que Israel lleva décadas oprimiendo a la población palestina.

Muchas de esas organizaciones que denuncian los crímenes de Israel son judías. Muchas de esas voces son originarias de Israel. ¿Son igualmente antisemitas?

Décadas de impunidad y violaciones no pueden reducirse a “parcialidad”

No puede ser que Israel lleve décadas cometiendo crímenes internacionales contra la población palestina, haya ignorado resoluciones obligatorias del Consejo de Seguridad, violado sistemáticamente el derecho internacional, desobedecido órdenes de la CIJ, y perpetuado ataques indiscriminados y bloqueos que han causado la muerte de casi 70.000 personas palestinas en la Franja de Gaza en dos años, en su mayoría mujeres, niñas y niños, y que Israel no tenga ningún tipo de responsabilidad.

Y no solo eso, sino que además Israel se sienta una víctima de un orden jurídico internacional que supuestamente conspira en su contra. Que cualquier crítica y denuncia de sus abusos sea un ejercicio de antisemitismo y de odio contra el pueblo judío, y que Israel no sea en ningún caso responsable del devenir de los acontecimientos en la región desde 1948. ¿Cómo podría afirmarse tal cosa después de escuchar a autoridades israelíes hablar de las personas palestinas como si fuesen “animales humanos”? ¿Cuándo autoridades del Ministerio de Defensa israelí alegan que la población de Gaza tendrá “el infierno”?

Israel ha impuesto un bloqueo total a Gaza. No tendréis electricidad ni agua, sólo destrucción. Queréis el infierno: tendréis el infierno.” Ghassan Alian, director de la COGAT (Oficina de Coordinación de las Actividades en los Territorios Ocupados, Ministerio de Defensa israelí.

Israel ha deslegitimado sistemáticamente, cuando no directamente criminalizado, a cualquier organización civil o institución internacional, incluyendo agencias y organismos de Naciones Unidas, que han denunciado sus abusos. Ha actuado de manera similar contra los dos máximos tribunales internacionales: la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia. No puede ser que Israel pretenda ser parte de este mundo al tiempo que busque vivir al margen de la ley internacional.

La crítica y denuncia al gobierno y autoridades de Israel no es una crítica al pueblo judío. No es un ataque antisemita, un acto de odio a las personas judías por el hecho de serlo, sino un ejercicio legítimo del derecho a la libertad de expresión ante la comisión con total impunidad, desde hace casi 80 años, de los crímenes más graves que un Estado puede cometer: crímenes de guerra, crimen de lesa humanidad de apartheid y, desde el 7 de octubre de 2023, crimen de genocidio.

Población palestina desplazada regresa a Gaza

Población palestina desplazada toman la carretera costera de Rashid para regresar a la ciudad de Gaza a su paso por Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el 14 de abril de 2024. © AFP vía Getty Images

Clave 3. Esto es mucho más que una campaña militar contra Hamás

No hay ninguna duda de que uno de los objetivos de la ofensiva militar de Israel contra Gaza es eliminar a Hamás. Pero la investigación de Amnistía Internacional confirma que su intención es también destruir a la población palestina de Gaza.

Ya sea para alcanzar su objetivo militar o paralelamente al mismo, Israel ha seguido un patrón de conducta en Gaza, incluyendo declaraciones de altas autoridades israelíes, que demuestran una intención genocida y que, en ningún caso, pueden justificarse en las acciones de Hamás.

Un objetivo militar no excluye una intención genocida

Según el derecho internacional, un objetivo militar como la intención de destruir a Hamás no niega en sí mismo la existencia de una intención genocida. Aquellas voces que defienden que la magnitud de la devastación tiene sus raíces en el deseo de Israel de acabar con Hamás olvidan que Israel es perfectamente capaz de librar una guerra más selectiva contra el grupo armado, una guerra que cumpla con las exigencias del derecho internacional humanitario, pero que ha elegido deliberadamente no hacerlo.

El ataque al Campamento de Paz de Kuwait: un caso paradigmático

Un buen ejemplo de ello es el ataque al Campamento de Paz de Kuwait, situado al oeste de Rafah, en Gaza del 26 de mayo de 2024. La justificación israelí del ataque era la presencia de cuatro milicianos de Hamás en el citado campamento.

Efectivamente, había milicianos de Hamás. Pero aún cuando estuvieran ubicados deliberadamente en el campamento con la intención de no ser objetivos militares (lo que implica poner en peligro a la población civil, cometiendo el crimen de guerra de utilizar infraestructuras y personas civiles como “escudos humanos”), y aún cuando pudiese existir una supuesta “necesidad militar imperiosa”, ello no exime a Israel de cumplir con sus obligaciones en virtud del derecho internacional humanitario. De tomar todas las precauciones posibles para evitar daños a la población civil y de evitar ataques indiscriminados o desproporcionados. 

Los crímenes de un grupo armado no justifican violar el derecho internacional humanitario

Los crímenes de guerra cometidos por un grupo armado no pueden servir de justificación para que un Estado que se dice democrático incumpla sus obligaciones internacionales, menos aún en una zona pequeña muy densamente poblada como es la Franja de Gaza, y menos aún cuando Israel dispone de capacidad militar para librar una guerra selectiva.

En lugar de utilizar métodos menos lesivos posibles, Israel decidió lanzar dos bombas GBU-39, de fabricación estadounidense, sobre el pequeño campamento de refugiados densamente poblado. Estas bombas liberan mortíferos fragmentos de metralla en un amplio radio al impactar, lo que no las hace eficaces para discriminar objetivos militares de civiles. Utilizar un método indiscriminado con alta capacidad de destrucción en una zona reducida densamente poblada implica que da igual donde se sitúen los milicianos de Hamás en el campamento y dónde se lancen las bombas: muchas personas inocentes van a morir igual. Y que aún así se decidiese optar por ese método demuestra el terrible desprecio de Israel por la vida humana en Gaza.

El patrón que revela la intención genocida

Esta es solo una muestra del patrón claro de ataques ilegítimos, incluidos ataques directos contra la población civil y bienes de carácter civil, y ataques indiscriminados en Gaza para los que no puede haber ninguna justificación.

En definitiva, se trata de uno de los muchísimos ejemplos que demuestran la intención genocida de Israel. Esa es la “única inferencia razonable” de su patrón de conducta.

Un palestino inspecciona los daños tras un ataque israelí contra el campo de personas refugiadas de Nuseirat, en el centro de la Franja de Gaza, el 7 de diciembre de 2024. © Majdi Fathi/NurPhoto

Clave 4. Los elementos que demuestran la intención genocida de Israel

La “única inferencia razonable” como estándar jurídico

El informe de Amnistía Internacional aplica la norma de la “única inferencia razonable”, empleada por la Corte Internacional de Justicia para determinar una intención a partir de un patrón de conducta.

Pese al objetivo militar declarado por Israel de acabar con Hamás y liberar a las personas retenidas como rehenes, el derecho internacional reconoce que un Estado puede actuar con intención genocida al mismo tiempo que persigue otros objetivos. Así, incluso cuando Israel persiga objetivos militares, la totalidad de las pruebas aportadas por Amnistía Internacional demuestra que la única inferencia razonable que se puede deducir del patrón de conducta de Israel en Gaza es que también busca destruir a la población palestina de Gaza como tal.

Un patrón sistemático de actos prohibidos

Las pruebas de la intención genocida se extraen de declaraciones de numerosas autoridades israelíes y de un patrón sostenido de actos prohibidos:

  • Destrucción masiva de infraestructura civil: viviendas, refugios, centros de salud, instalaciones de agua y saneamiento, escuelas, tierras de cultivo y propiedades culturales.
  • Altísima magnitud de víctimas mortales y daños a gran escala en muy poco tiempo.
  • Desplazamiento forzado masivo: un 90% de la población gazatí.
  • Uso de armas explosivas de amplio rango en zonas densamente pobladas.
  • Órdenes de “evacuación” generalizadas y, a menudo, engañosas, con apagones de Internet y ausencia de avisos previos en la mayoría de ataques.
  • Bombardeo de zonas supuestamente “seguras”, definidas por Israel como “humanitarias” y luego atacadas igualmente.
  • Bloqueo casi total de ayuda humanitaria y bienes esenciales, incluida comida, agua, combustible y medicinas.
  • Uso deliberado del hambre como arma de guerra, con la instrumentalización de la Fundación Humanitaria de Gaza para convertir la búsqueda de alimento en una trampa mortal.

Todo ello ejercido de manera simultánea, durante meses, sin descanso, en un contexto de apartheid desde 1948, de una ocupación militar ilegal del territorio palestino desde 1967, y de un bloqueo ilegal por tierra, mar y aire de la Franja de Gaza desde 2007. En definitiva, se trata de un patrón replicado a gran escala con una sola conclusión: no existe lugar seguro en Gaza ante la intención genocida de Israel.

Declaraciones que revelan la intención genocida

Además, no podemos dejar de lado las múltiples declaraciones de funcionarios gubernamentales, militares de alto rango y miembros del Knéset (el parlamento israelí) en las que, sin ningún pudor, se alientan crímenes contra la población palestina de Gaza, o usan una retórica deshumanizadora y racista que demoniza y criminaliza a toda la población palestina. Con declaraciones específicas de autoridades israelíes con responsabilidad directa en la ofensiva militar contra Gaza que aparentemente reclaman actos genocidas o los justifican. Con decenas de vídeos en Internet donde se ve a soldados israelíes pidiendo la destrucción de Gaza o la denegación de servicios esenciales. Donde se les ve destruyendo propiedades palestinas o denigrando personas palestinas, reproduciendo a menudo el mismo lenguaje deshumanizador utilizado por las autoridades, cuyas declaraciones son interpretadas por algunos soldados israelíes como llamamientos para destruir Gaza, o como permisos para destruirla.

Allí hay toda una nación que es responsable. No es verdad esta retórica sobre que los civiles no lo saben, no están implicados. Es absolutamente mentira. – Isaac Herzog, Presidente de Israel, sobre la población palestina tras los atentados de Hamás.

Activistas de Amnistia Internacional piden un alto el fuego en Gaza, noviembre de 2023. © Amnesty International

Clave 5. El fin de la impunidad no puede demorarse más

La obligación internacional de prevenir y castigar el genocidio

La gravedad del crimen de genocidio perpetrado por Israel, unida a la enormidad de la destrucción humana y al hecho de que no se atisbe ningún final, hacen que la rendición de cuentas sea mucho más que urgente, y se convierta en un imperativo histórico de la comunidad internacional en su conjunto.

Los dirigentes mundiales no pueden seguir mirando hacia otro lado. Los Estados tienen la obligación de prevenir y castigar el crimen de genocidio. Si Israel ha podido cometer sistemáticamente crímenes internacionales durante los últimos 80 años es sin duda por algo tan sencillo como terrible: porque puede; y puede porque se lo permiten.

Sigo buscando entre los escombros lo que puedo encontrar de mi madre y mis hijos. Sus cuerpos fueron despedazados. Encuentro jirones, partes del cuerpo de mis hijos. Los encuentro sin cabeza”. - Hussein Abdelal, cuya familia murió en el ataque israelí del 20 de abril de 2024, aproximadamente a las 23.20 horas, en el barrio de Al-Jneinah, al este de Rafah. Amnistía Internacional no encontró indicios de un objetivo militar.

Complicidad internacional: armas, diplomacia y protección política

La burbuja de impunidad que rodea a Israel desde hace décadas ha sido facilitada por numerosos dirigentes occidentales, que no solo le han proporcionado un escudo diplomático, sino también un incesante suministro militar, tanto en forma de armamento y material de defensa como a través de entrenamiento y formación. Sin las transferencias de armas de países como Estados Unidos o Alemania, Israel no habría tenido la capacidad de llevar tal magnitud de destrucción a Gaza.

Con las pruebas aportadas por Amnistía Internacional, todos los Estados que transfieran material de defensa o entrenamiento militar a Israel, y que no prohíban cualquier tipo de comercio o inversión que pueda contribuir a las vulneraciones israelíes del derecho internacional, corren el riesgo de ser cómplices de los crímenes de Israel, y deben ser conscientes de las implicaciones de que la historia les recuerde como tal. Así, cada día que Estados Unidos o la Unión Europea pasan sin actuar, aumenta el riesgo de que se conviertan en cómplices de crímenes de guerra, de lesa humanidad (apartheid) o de genocidio.

El proceso en curso ante la Corte Internacional de Justicia, el máximo tribunal de Naciones Unidas, iniciado con la denuncia de Sudáfrica, es un paso importante hacia la rendición de cuentas, pero no debe ser el único.

“Tras casi 80 años, la impunidad de Israel debe debe finalizar. La población palestina no puede esperar más. Las víctimas y sus familias no pueden ser olvidadas, ni sus voces silenciadas. La comunidad internacional debe hacer justicia. Lo que está sucediendo tiene un nombre, y no debemos tener pudor en decirlo: genocidio.”

Otras instituciones, como la Corte Penal Internacional, también tienen investigaciones abiertas por lo que sucede (no solo en Gaza, sino en todo el Territorio Palestino Ocupado). La Fiscalía debe considerar añadir el genocidio a su investigación y solicitar órdenes de arresto adicionales contra posibles responsables.

Todos los Estados deben hacer todo lo que esté en su mano para que se haga justicia, se rindan cuentas y se detenga el genocidio y otros crímenes internacionales cometidos por Israel. Ello implica hacer infinitamente más de lo que han hecho hasta ahora, entre otros, activar los procesos de jurisdicción universal y otras formas de jurisdicción penal extraterritorial para juzgar a los presuntos perpetradores en tribunales nacionales.

Israel ha criminalizado sistemáticamente a las organizaciones y agencias de la ONU, como la UNRWA, que denuncian sus abusos, así como a los tribunales internacionales que investigan sus crímenes y a las organizaciones de la sociedad civil.

Es terriblemente descorazonador ver como, ante un genocidio al que estamos asistiendo en directo, muchos Estados siguen negando la realidad y contribuyendo a que Israel continúe sus crímenes con total impunidad. Aquellos mismos Estados a quienes se les encomienda la seguridad y paz mundiales están vaciando de contenido el derecho internacional

Ante las históricas órdenes de detención emitidas por la CPI contra el Primer Ministro Benjamín Netanyahu, el ex-Ministro de Defensa Yoav Gallant el jefe militar de Hamás, Mohammed Deif, resulta muy duro ver cómo Estados como Francia pretenden garantizar la inmunidad de Netanyahu en su territorio. Estados Unidos, por su parte, no solo ha rechazado de lleno las órdenes de arresto de la CPI, sino que además ha impuesto sanciones tanto a la propia Corte como a la Relatora Especial Francesca Albanese.

Además, Estados Unidos, Francia, Reino Unido o Alemania, entre otros países europeos, también han perseguido a organizaciones y civiles que denuncian a Israel y defienden al pueblo palestino, bajo acusaciones de terrorismo. Es exactamente lo mismo que hace Israel.

Sin justicia no hay paz: la responsabilidad histórica de los Estados

Toda iniciativa de paz duradera debe basarse en el derecho internacional, respetar los derechos humanos de todas las personas y garantizar el fin inmediato de la ocupación ilegal y del sistema de apartheid impuesto por Israel. Es fundamental que cualquier acuerdo contemple justicia y reparación para las víctimas de genocidio, crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad.

Nada de esto estaba presente en el plan de paz de Trump, que en la práctica coloca a la población palestina ante la elección de genocidio o apartheid. No olvidemos que el apartheid y la ocupación están entre las causas originarias del horror que está padeciendo la población palestina, y cualquier plan que no reconozca esta realidad será en la práctica una fórmula para perpetuar los abusos.

En cualquier caso, no puede haber paz mientras los responsables del genocidio no rindan cuentas por los crímenes cometidos. Menos aún mientras una parte del Gobierno de Netanyahu presione para continuar el genocidio en Gaza y se jacte de haber boicoteado acuerdos de alto el fuego anteriores. La experiencia demuestra, tanto en Israel como en los Territorios Palestinos Ocupados, que la impunidad genera más violencia y atrocidades.

La voluntad política de los Estados es indispensable para abordar la rendición de cuentas y la justicia. Una voluntad que ha demostrado notable vigor para hacer frente a los abusos de Vladimir Putin pero que languidece sin justificación cuando el foco se pone en el Territorio Palestino Ocupado

Los crímenes internacionales de Israel, genocidio y apartheid incluidos, amenazan no solo la existencia del pueblo palestino, sino al mundo y el orden internacional basado en normas en su conjunto.

Una resolución de la CIJ o de la CPI podría tardar años y llegar mucho después de que se haya cometido el genocidio. Dada la velocidad y magnitud de la muerte y destrucción en Gaza, unida a la impasibilidad de los Estados más influyentes, podría no quedar población palestina a la que proteger cuando la justicia llegue.

Los Estados tienen ante sí la oportunidad y el deber históricos de poner fin a un largo ciclo de impunidad para los crímenes del derecho internacional cometidos por Israel en el Territorio Palestino Ocupado, afianzados por un sistema de apartheid contra la población palestina, por la ocupación militar ilegal del territorio palestino, por el bloqueo ilegal de la Franja de Gaza, y que hoy incluye en su terrible historial nada menos que el crimen de genocidio.

Tras casi 80 años, la impunidad de Israel debe finalizar. La población palestina no puede esperar más. Las víctimas y sus familias no pueden ser olvidadas, ni sus voces silenciadas. La comunidad internacional les debe mirar a los ojos y hacer justicia.

Lo que está sucediendo tiene un nombre, y no debemos tener pudor en decirlo: genocidio.

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