Con motivo del Día Mundial de la Mujer queremos destacar la historia de dos personas que no se rindieron ante uno de los mayores enemigos de los derechos de la mujer en el mundo: el gobierno talibán en el poder desde agosto 2021. A pesar de todas las prohibiciones, Robina y Hasif tratan de hacer real algo que parece una utopía: que las niñas y adolescentes en Afganistán puedan seguir formándose cada día.
Hacer deporte, salir a la calle sola, vestirse con una ropa que no les cubra casi por completo, subirse en un autobús, decidir quién es su pareja o ir a la peluquería. La lista de restricciones que ha impuesto el gobierno de los talibanes a las mujeres en Afganistán es kilométrica. Y desde poco después de su llegada al poder, en agosto de 2021, los fundamentalistas negaron también la posibilidad de ir a la escuela a las niñas mayores de 12 años. Un año después, en 2022, expulsaron también a todas las mujeres de la universidad. Estas prohibiciones asfixiantes unidas al incremento de los matrimonios forzados nos dejan un panorama desolador para las adolescentes y jóvenes afganas.
Pero los talibanes también saben que siempre habrá resistencia ante su cruel estado de dominación. Como la de Malala, esa niña de 11 años que no aceptó que los talibanes cerraran su escuela cuando tomaron el control del pueblo donde vivía en el noroeste de Pakistán. Sufrió un atentado cuando era adolescente por querer seguir yendo al colegio, y ahora es conocida en medio mundo. O como Nadia Ghulam, la mujer que se rebeló contra los fundamentalistas que quisieron encerrarla en casa y que no aprendiera a leer, y se vengó viajando, leyendo y escribiendo libros… Y también como Matiullah Wesa, el fundador de PenPath, un colectivo de más de 3.000 personas que buscan concienciar sobre la importancia de la educación, especialmente en el caso de las niñas, en las zonas rurales de Afganistán. Wesa fue encarcelado durante siete meses por esta labor.
Sí, los talibanes siguen imponiendo sus leyes discriminatorias, y nada parece amenazar que sigan en el poder. Pero los actos de resistencia cotidiana se siguen produciendo a pesar de la brutal represión, tanto desde dentro como fuera del país. Como los que hacen como enseñantes Robina Aziz y Hasib Tareen, al conseguir que algunas niñas en Afganistán no tengan que abandonar los lápices y cerrar los libros para siempre.
Educar como acto de resistencia

Robina Azizi, de 19 años, huyó de Balkh en 2021, dejando atrás su casa, sus pertenencias y su escuela después de que los talibanes tomaran el control. Desde Alemania imparte clases a niñas afganas en la clandestinidad. © Private
Decidida a crear oportunidades para las niñas afganas, Robina, que ahora vive en Alemania, fundó Girls on the Path of Change (GPC), una organización y comunidad en línea que empodera a las niñas afganas para que compartan sus historias y sigan una educación en línea.
Robina Azizi tenía 19 años cuando los talibanes tomaron el control de su provincia natal, Balj, en el norte de Afganistán. Hasta entonces, su preocupación era sacar las mejores notas posibles para ir a una universidad prestigiosa. Ella y su familia huyeron a Kabul, donde Robina pudo continuar sus estudios a pesar de las crecientes dificultades. Pero cuando los fundamentalistas tomaron la capital tuvieron que salir del país. “Dejé todo atrás: mi escuela, mis compañeras, mis exámenes, mis sueños y mis libros”, recuerda Robina desde Alemania, el país donde se ha refugiado.
En esa nueva vida, Robina no quería olvidarse de las chicas que se habían quedado en el país. “No dejaba de pensar en estas niñas y quería estar a su lado”. De ese deseo nació Girls on the Path of Change (Niñas en la senda del cambio), una comunidad online que ofrece a niñas en Afganistán clases principalmente de inglés, pero también de literatura o pintura. Para Robina su labor no es sólo académica, sino que es sobre todo un acto de resistencia. “Creé Niñas en la Senda del Cambio para potenciar sus voces, contar sus dificultades e historias a otras personas, abrir una vía para que pudieran seguir estudiando. No debemos rendirnos, aunque tengamos que luchar desde casa”.
Robina pide al mundo que se movilice para que nadie se quede sin educación en Afganistán, para que algo tan cotidiano como ir a clase no tenga que suponer un acto heroico, como el que tienen que hacer ella y sus alumnas cada vez que se conectan a una clase.
La misión de que “su luz no se apague”

Hasib Tareen, diseñador gráfico y artista visual afgano, imparte clases a mujeres afganas en la clandestinidad.
Hasib Tareen es un diseñador gráfico y artista visual afgano. Cuando los talibanes prohibieron la universidad para las mujeres en 2022, Hasib vivía en España. Desde Afganistán un profesor le preguntó si podría dar clases online a chicas a las que habían visto cómo se cerraban sus facultades. Hasib no lo dudó y muy pronto comenzaron las lecciones. “Empezaron 35, llenas de esperanza y determinación”, recuerda.
Sin embargo, con el paso de los meses, el grupo ha quedado reducido a solo cinco, lo que muestra todos los obstáculos que encuentran las jóvenes afganas para formarse, aunque sea a distancia, en la clandestinidad y de forma gratuita. El joven profesor cuenta cómo muchas familias presionaron a sus alumnas para que abandonasen las clases diciéndoles que “la educación es inútil” para ellas. Además, a varias les han obligado a casarse porque ven que es la única manera que tienen para sobrevivir. Hasib señala también la escasez de electricidad, los cortes en la conexión a internet y la presión social como otros factores que explican por qué su grupo de alumnas se ha reducido tanto. A pesar de todo esto, Hasib subraya que mientras asistieron a clase “su pasión por aprender nunca se desvaneció”.
Debido a todas estas dificultades ya no puede darles clases online en directo, pero les sigue formando a través de whatsapp, compartiendo materiales, lecciones, y dándoles feedback de los trabajos que consiguen presentarle. Hasib señala que son sus alumnas las que le inspiran a él con esas ansias de aprender en medio de todas los obstáculos posibles. “Es más que una enseñanza, es una misión para asegurar que su luz no se apague”.
