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© Jiri Pasz

Por una educación inclusiva

A pesar de que hace 70 años se aprobó la Declaración Universal de los Derechos Humanos –tratado internacional que recoge en sus dos primeros artículos el derecho a la igualdad y a la no discriminación–, es fundamental celebrar el Día Internacional de la Eliminación de la Discriminación Racial, debido a que millones de personas siguen sufriendo discriminación en todo el mundo.

Ľuboš, de solo siete años, vive con su madre Angelika en Prešov, la tercera ciudad más grande de Eslovaquia. El padre de Ľuboš, eslovaco no romaní, matriculó a su hijo en una de las mejores escuelas del centro de la ciudad. Pero cuando Angelika, eslovaca romaní, empezó a ir al colegio, la situación cambió. La profesora comenzó a tener problemas con Ľuboš y le dijo a Angelika que no era adecuado que su hijo permaneciera en la escuela. “Dijo que mi hijo no pertenecía a esa clase por ser romaní, que debería llevarlo a la escuela romaní”, recuerda Angelika, que terminó teniendo que sacar a Ľuboš del colegio, por lo que el niño perdió un curso escolar.

El de Ľuboš no es un caso aislado en Europa, donde países como Eslovaquia y la República Checa discriminan a niños y niñas romaníes dentro del sistema educativo. En el reciente informe del Comisario de Derechos Humanos del Consejo de Europa se recoge que la segregación en el colegio es una forma preocupante de discriminación que sufren en Europa especialmente tres colectivos: niños y niñas con discapacidad, migrantes y romaníes.

Un ejemplo es la ciudad minera de Krompachy, en Eslovaquia. Uno de los cuatro colegios de la ciudad es de educación especial y tiene, en dos turnos, 145 alumnos diagnosticados con discapacidad. La totalidad de esos 145 alumnos son romaníes, algo que impacta al saber que la población romaní es sólo el 10% del total de los habitantes de la ciudad.

En la ciudad hay alrededor de 500 niños y niñas romaníes. Aparte de los 145 que acuden al colegio de educación especial, 315 estudian en un colegio mainstream (colegio en el que el alumnado es tanto romaníe como no romaníe) que, en cambio, también cuenta con  tres clases de educación especial. Teniendo en cuenta estas cifras, un tercio de los estudiantes romaníes en Krompachy han sido diagnosticados con discapacidad intelectual y siguen un currículo educativo especial. Además, en estos colegios los alumnos y alumnas no tienen permitido llevarse los libros a casa y no tienen deberes.


Niños y niñas romaníes atendiendo a clase. En países como Eslovaquia y la República Checa son discriminados dentro del sistema educativo. © Jiri Pasz

Parte del profesorado muestra los prejuicios que ellos mismos tiene sobre los romaníes. “En otras familias (no romaníes), los padres empujan a sus hijos a educarse lo suficiente, a ir a la Universidad o, por lo menos, a encontrar un trabajo. Los padres romaníes no se preocupan. La discapacidad intelectual puede jugar algún papel al colocarles en el colegio de educación especial, pero el factor familiar es crucial”, comenta uno de los profesores del colegio de educación especial.

Con este tipo de prácticas, Eslovaquia no sólo viola la legislación nacional, sino también las normas internacionales y regionales de derechos humanos. Las autoridades eslovacas deben introducir en todas las escuelas la clara obligación de eliminar la segregación en el sistema educativo y proporcionarles un apoyo eficaz. También deben implementarse medidas adecuadas de apoyo a los niños y niñas romaníes y no romaníes que necesiten ayuda adicional, de modo que puedan desarrollar al máximo su potencial dentro de las escuelas de educación general.