No es una crisis de personas refugiadas, es una crisis de responsabilidad.
Cada año, millones de personas se ven obligadas a abandonar sus hogares por la guerra, la persecución, la pobreza extrema o la crisis climática. Mientras unos países levantan muros, otros abren las puertas. Y aunque la mayoría de los desplazamientos tienen lugar en el Sur global, son los países ricos los que más blindan sus fronteras. En el Día Mundial de las Personas Refugiadas analizamos quién huye, quién acoge… y quién se lava las manos.

Refugiados se despiden de sus seres queridos en la estación de tren de Leópolis, en su huida hacia Polonia. Cada día, miles de personas desplazadas buscan seguridad dentro y fuera de Ucrania desde la invasión rusa en 2022. © Rick Mave / SOPA Images
¿Cuántas personas refugiadas hay en el mundo?
A finales de 2024, el número de personas desplazadas por la fuerza en el mundo alcanzó los 123,2 millones. Se trata de personas que han huido de sus hogares a causa de guerras, persecuciones, violencia, violaciones de derechos humanos o situaciones que rompieron gravemente el orden público.
Entre ellas había casi 42,7 millones de personas refugiadas. Además, había 73,5 millones de personas desplazadas dentro de las fronteras de sus propios países (personas desplazadas internas, PDI) y 8,3 millones de solicitantes de asilo.
La cifra de 123,2 millones representa un aumento de más de 7 millones con respecto al año anterior, un crecimiento del 6% que consolida una tendencia al alza que se ha mantenido durante más de una década.
El futuro inmediato es incierto. La evolución de esta tendencia dependerá de varios factores clave: el cese de conflictos en lugares como Sudán, Ucrania o la República Democrática del Congo, la estabilización en Sudán del Sur, que existan condiciones seguras para el retorno voluntario en Afganistán, Siria y Gaza, y que los recortes en la financiación humanitaria no debiliten la capacidad global de respuesta y protección.
¿Cuál es el conflicto que más personas refugiadas genera?
Sudán era, a finales de 2024, el país con la mayor crisis de desplazamiento del mundo. Según datos de ACNUR, 14,3 millones de personas sudanesas han sido desplazadas por la violencia, lo que equivale a casi uno de cada tres habitantes del país. Este desplazamiento masivo es consecuencia directa de la guerra iniciada en abril de 2023 entre las Fuerzas Armadas y el grupo paramilitar Fuerzas de Apoyo Rápido (FAR), que ha arrasado regiones enteras como Darfur y Aj Jazirah.
Siria, que durante años fue el epicentro del desplazamiento global, sigue siendo uno de los países más afectados. A finales de 2024, contaba con 6,1 millones de personas refugiadas en el exterior y 7,4 millones de desplazadas internas. La caída del régimen de Bashar al Asad en diciembre de 2024 marcó un giro: 1,7 millones de personas regresaron a sus hogares —500.000 desde el exilio y 1,2 millones desde campos de desplazamiento interno—, aunque muchas zonas siguen estando devastadas.
Gaza también figura entre las crisis más graves de desplazamiento forzado. Desde el inicio de la ofensiva israelí el 7 de octubre de 2023, el 90% de la población civil ha sido expulsada de sus hogares, muchos de ellos destruidos por los bombardeos. La Oficina Central Palestina de Estadística estima que 2 millones de personas se encuentran desplazadas dentro de la Franja de Gaza. Israel está cometiendo un genocidio en Gaza desde el 7 de octubre de 2023 que incluye matanzas, infligir daños físicos o mentales graves a miembros del grupo, y crear deliberadamente unas condiciones de vida calculadas para causar la destrucción física de la población palestina en Gaza, usando para ello el hambre, la destrucción de infraestructuras esenciales y el acceso limitado a ayuda humanitaria.

Una niña refugiada siria kurda mira por la ventana en el campo de Domiz, en el Kurdistán iraquí. © Ismael Adnan / SOPA Images
¿Cuáles son los países de origen con mayor número de personas refugiadas o desplazadas forzadas en el mundo?
Cuando hablamos de personas refugiadas, a menudo pensamos en los países que las acogen. Pero para entender el mapa global del desplazamiento forzado, también hay que mirar a quienes lo provocan: los conflictos, los regímenes, las crisis que obligan a millones de personas a huir.
Según datos de Statista (2024), los cinco países con mayor número de personas refugiadas o desplazadas forzadas en el mundo son:
- Siria – más de 6,2 millones
- Ucrania – 6 millones
- Afganistán – más de 6 millones
- Sudán del Sur – 2,298 millones
- Sudán – más de 1,7 millones
Todas son crisis conocidas, pero no todas reciben la misma atención ni la misma respuesta internacional. Ucrania movilizó una solidaridad masiva, con corredores humanitarios, protección temporal y cobertura política y mediática sin precedentes. En cambio, conflictos prolongados como los de Afganistán, Sudán o Sudán del Sur siguen generando millones de personas refugiadas y desplazadas en medio del silencio, el olvido o incluso el rechazo.
¿Quién acoge realmente a las personas refugiadas?
No son los países más ricos, ni los que más hablan de derechos humanos. Cuatro de los cinco países que más personas refugiadas acogen están en el Sur global. Acogen con menos recursos, con sistemas frágiles, y muchas veces, sin garantías reales.
- Irán – más de 3,7 millones
- Turquía – más de 3,1 millones
- Alemania – más de 2,6 millones
- Uganda – más de 1,6 millones
- Pakistán – más de 1,5 millones
El 73% de las personas refugiadas son acogidas en países de renta baja y media. Cuatro de estos cinco países están en el Sur global. Solo Alemania representa al Norte global en este ranking. Esta realidad desafía la narrativa dominante que asocia automáticamente el refugio con Europa. De hecho, la mayoría de las personas desplazadas no cruzan continentes: buscan protección en los países vecinos, dentro de su propia región.
- Irán y Pakistán acogen, sobre todo, a personas afganas que huyen de conflicto, represión talibán y crisis humanitaria.
- Turquía ha sido el principal país de acogida de personas refugiadas sirias desde el inicio de la guerra en 2011.
- Uganda, en África Oriental, recibe a quienes escapan de conflictos prolongados en Sudán del Sur, la República Democrática del Congo o Somalia.
- Alemania, por su parte, asumió un papel relevante a partir de 2015, cuando abrió sus fronteras a cientos de miles de personas, especialmente de Siria, Afganistán e Irak.

Activistas protestan contra el endurecimiento del sistema de asilo en Europa. © Stefan Boness / IPON
¿Por qué Europa acoge menos personas refugiadas que países con menos medios?
Porque acoger no depende únicamente de los recursos económicos, sino de otros factores clave: la voluntad política, la proximidad geográfica y el modelo de políticas migratorias y de asilo que en cada territorio se decide aplicar.
La mayoría de las personas refugiadas no emprende viajes largos hacia Europa o el Norte global. El 69% se refugia en países vecinos, cruzando una sola frontera, a menudo en situaciones de urgencia extrema. Esto significa que la mayor parte del impacto humanitario recae sobre los países más cercanos a las crisis, que no suelen ser los más ricos ni los mejor preparados.
Incluso los países con economías frágiles y sistemas de protección desbordados, ofrecen asilo al 22% del total global. Lo hacen en muchas ocasiones sin suficiente apoyo ni reconocimiento internacional,
Mientras tanto, muchos Estados europeos endurecen fronteras, aplican un enfoque selectivo —según el origen de quienes huyen— y, sobre todo, externalizan su responsabilidad. Lo vimos con claridad tras la invasión de Ucrania, cuando la acogida fue rápida, en contraste con lo que ocurre con personas provenientes de Siria, Afganistán o países del Sahel. Desde Amnistía Internacional y otras organizaciones de la sociedad civil denunciamos la existencia de dobles raseros en las políticas de asilo, y exigimos que se respete el derecho a solicitar protección internacional. Reclamamos el compromiso de los Estados de la Unión Europea para garantizar una acogida digna y equitativa para todas las personas refugiadas, sin discriminación por su país de origen.
Externalizar responsabilidades en lugar de asumirlas
En lugar de ofrecer protección en su territorio, Europa traslada a otros países el trabajo de frenar las llegadas de personas refugiadas y migrantes. Esto lo hace a través de acuerdos con países como Libia, Túnez, Egipto, Turquía o Albania, para que impidan la salida de personas, las intercepten en el mar o las reciban de vuelta, incluso sin garantizar derechos básicos.
Muchos de estos países no son seguros ni cuentan con sistemas de asilo eficaces. Aun así, reciben apoyo económico, técnico y político por parte de la Unión Europea (UE), sin garantías claras de respeto a los derechos humanos.
Estos acuerdos se firman, además, con gran opacidad, sin control parlamentario, sin participación de la sociedad civil y sin evaluar sus consecuencias sobre los derechos humanos. Como resultado, miles de personas quedan atrapadas en lugares donde sufren detenciones arbitrarias, violencia, desapariciones forzadas o tortura, como ocurre en Libia o Túnez.
Este enfoque no solo reduce las posibilidades reales de pedir asilo en Europa, sino que también mina la credibilidad de la UE como defensora de los derechos humanos y debilita el sistema internacional de protección.
Acoger no es un acto de caridad, sino un deber compartido.

Refugiados afganos descansan en un camión en el cruce fronterizo de Torkham tras regresar desde Pakistán. © Aimal Zahir / Xinhua
Frente al desplazamiento forzado, no basta con contar cifras
Hay que preguntarse qué hay detrás: ¿Por qué unos países asumen casi toda la responsabilidad mientras otros se blindan? ¿Por qué algunas crisis movilizan solidaridad y otras solo silencio? ¿Y por qué tantas personas siguen sin acceso a protección, derechos ni dignidad?
En Amnistía Internacional trabajamos cada día para visibilizar estas desigualdades, denunciar las políticas que criminalizan a quienes huyen, y exigir a los gobiernos que estén a la altura de su responsabilidad. Porque acoger no es opcional: es un deber de justicia y humanidad.
Más de 120 millones de personas han tenido que huir de sus hogares. En el Día Mundial de las Personas Refugiadas —y todos los días— alzamos la voz para que nadie se quede atrás.
