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Conflicto Ucrania Rusia

Activistas de Amnistía Internacional se manifiestan pidiendo que te proteja a la población civil en el conflicto entre Ucrania y Rusia. © AI

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Amnistía Internacional y Ucrania: ¿cuánto importa la verdad?

Por Esteban Beltrán (@_estebanbeltran), director de Amnistía Internacional España,

Hace unos días abrí dos periódicos y en uno llamaban “criminal” a Amnistía Internacional y en otro se calificaba nuestra información como “propaganda del enemigo”. ¿Por qué estamos en el centro de la diana mediática más insultante?

El cuatro de agosto denunciamos en un comunicado de prensa que las fuerzas ucranianas habían puesto a la población civil en situaciones de riesgo al establecer bases y operar sistemas de armas en zonas habitadas por civiles, incluso en escuelas y un hospital, con el objetivo de repeler la invasión rusa que comenzó en febrero. Lo primero que pensé al leer estos artículos es que nosotros no deberíamos ser los protagonistas, sino la gente que sufre los horrores de la guerra.

Nuestra denuncia venía precedida de un intenso trabajo de investigación de abril a junio en que documentamos (y hecho público en veinte ocasiones), crímenes de guerra y otras violaciones del derecho internacional humanitario cometidas por Rusia en Ucrania: desde bombardeos indiscriminados hasta ejecuciones sumarias, pasando por la utilización prohibida de bombas racimo.

“Nuestro trabajo no debe desviarse del objetivo final que perseguimos: contribuir a la protección de la población civil. Y lo hacemos mediante la búsqueda de la verdad: con información fidedigna de la situación sobre el terreno.

Previamente a la publicación del comunicado mandamos la información recogida al gobierno ucraniano, como es práctica habitual de Amnistía Internacional. No hubo respuesta. También en el mismo comunicado objeto de controversia dejamos claro que Amnistía Internacional no justifica de ninguna manera los ataques indiscriminados rusos que han causado innumerables víctimas civiles.

Como el lector o la lectora puede comprobar, muchas veces somos portadores de malas noticias. Y no siempre hacemos todo de la mejor manera y, en este caso, seguro que podemos aprender de lo que hicimos. Lo revisaremos, sin duda, y sacaremos conclusiones que hagan mejor nuestro trabajo. No es fácil abstraerse del clima y el contexto en una guerra, y mantener la independencia y la imparcialidad.

Y no es que la imparcialidad nos ciegue. Sabemos que el agresor en Ucrania es el ejército ruso pero, para la organización, la defensa de las personas no tiene bando. La dura realidad de muchísimos civiles que viven en lugares en guerra y en primera persona los efectos de la violencia desmedida, o que son perseguidos, nos da el aliento necesario para continuar.

Sabemos que el agresor en Ucrania es el ejército ruso pero, para la organización, la defensa de las personas no tiene bando”.

¿Por qué esta vez hemos sufrido ataques de este tipo? Las personas bien intencionadas cuestionan la oportunidad, el tono del mensaje o nuestra interpretación del derecho internacional humanitario, entre otras razones. El gobierno ucraniano puso de su parte, acusándonos de transferir “la responsabilidad del agresor a la víctima". Y el gobierno ruso trata de utilizar la información para ocultar sus crímenes de guerra, aunque sabemos muy bien que esta práctica de bombardear civiles viene de Grozny o de Siria, y sigue en Ucrania. Pero la verdad es tozuda y lo que vieron nuestros ojos en veintidós escuelas, en un hospital y en diecinueve ciudades confirman que el ejército ucraniano ha puesto en riesgo a la población civil con sus tácticas de guerra.

En relación con algunas de las críticas recibidas merece la pena mencionar aquellas relacionadas, como decía, con el derecho internacional humanitario, que debería regular el comportamiento de los combatientes durante las guerras. Aquellos que lo hacen parecen presuponer que nos referimos a situaciones de combate urbano, como en Mariupol, donde las fuerzas ucranianas y las rusas lucharon muy cerca una de otra. En este tipo de casos, y tienen razón, sería mucho más difícil valorar si los soldados tenían otras alternativas viables que juntarse a población civil. Pero no es el caso. Los casos mencionados en el comunicado no son de combate urbano ni lugares de primera línea de frente.

En el mundo de los derechos humanos no son importantes las exclusivas sino las alianzas. No somos los únicos que hemos indicado que el ejército ucraniano debería proteger mejor a la población civil. Otras instituciones internacionales, como la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de Naciones Unidas o la organización Human Rights Watch han publicado conclusiones similares o incluso más duras que las de Amnistía Internacional. Estar en una posición defensiva no exime en ningún caso de respetar el derecho internacional humanitario.

“Hemos demostrado hasta la saciedad los abusos cometidos bajo el mandato de Putin, que incluso cerró la oficina de Amnistía Internacional en Moscú el pasado mes de abril”.

Ese día que leía los artículos llegué al momento en que se nos acusa de contribuir a la propaganda del régimen ruso, cuando hemos demostrado hasta la saciedad los abusos cometidos bajo el mandato de Putin, que incluso cerró la oficina de Amnistía Internacional en Moscú el pasado mes de abril, y pensé que esta aseveración es, como mínimo, falsa y dañina y en nada contribuye al debate informado. Ni mucho menos a lo que verdaderamente interesa, que es conseguir una respuesta firme y contundente de las autoridades competentes frente ante esos abusos para que no vuelvan a repetirse.

Nuestro trabajo no debe desviarse del objetivo final que perseguimos: contribuir a la protección de la población civil. Y lo hacemos mediante la búsqueda de la verdad: con información fidedigna de la situación sobre el terreno, no solo de testigos, sino con nuestros propios ojos, durante nuestros desplazamientos al lugar donde la gente muere o sobrevive a duras penas.

Al terminar de leer los dos artículos pensé en dejarlo pasar, pero me pregunté si, al hacerlo, al no decir nada, no debilitaba yo también el debate público y podría dar a entender que aceptaba en silencio los argumentos y los juicios de valor de los articulistas. Y decidí escribir este artículo. Porque lo que verdaderamente falta en estos tiempos históricos y sombríos que vivimos es la búsqueda de la verdad, que es lo que de verdad importa a medio y largo plazo. No somos perfectos, a veces seguro que podemos explicarnos mejor. Y la verdad, o una parte de ella, es el sufrimiento de la población civil en Ucrania y merece ser relatada, le pese a quien le pese.

 

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