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Mano de un niño con vía intravenosa sostenida por un adulto en Gaza

Un niño recibe tratamiento médico en condiciones precarias. La falta de medicamentos y equipos básicos agrava la situación de los pacientes. © picture alliance/dpa | Mohammed Talatene

Blog

“Trabajar en un hospital bajo bombardeos”: el testimonio de una paramédica en Gaza

Por Amnistía Internacional España,

Leila recuerda el momento en que entró en urgencias y vio a decenas de personas heridas llenando la sala. Entre ellas, un cuerpo decapitado. Era la primera vez que se enfrentaba a algo así. “No es normal que una paramédica vea esto”, dice. Pero en Gaza, trabajar en un hospital bajo ataques significa precisamente eso: atender pacientes mientras caen las bombas, decidir a quién tratar primero cuando los recursos no alcanzan y seguir trabajando sin saber si tu propia familia sigue con vida.

Leila (nombre ficticio para proteger su identidad) es trabajadora sanitaria. Desde el inicio de la ofensiva ha vivido desplazamientos constantes con su familia y ha trabajado en hospitales atacados. En este testimonio relata cómo es intentar salvar vidas y qué significa realmente el llamado “alto el fuego”.

Niños desplazados se calientan alrededor de un fuego en un campamento en Gaza

Niños y niñas desplazados intentan calentarse en un campamento improvisado. Millones de personas en Gaza han tenido que huir de sus hogares. © picture alliance / Photoshot

Desplazarse una y otra vez para sobrevivir en Gaza

Desde el inicio de la ofensiva, millones de personas en Gaza se han visto obligadas a abandonar sus hogares para intentar mantenerse a salvo. Para Leila y su familia, esto ha significado desplazarse una y otra vez, pasar por casas de familiares y campamentos improvisados y reconstruir su vida cada vez que los ataques se acercaban demasiado.

Leila, ¿a qué te dedicas?

Trabajo como paramédica y traductora para una ONG internacional.

¿Cómo os afectó el inicio de la ofensiva a tu familia y a ti?

Tuvimos que desplazarnos muchas veces. Hago recuento y diría que unas diez. Además desde el principio porque, el segundo día de la ofensiva, ya tuvimos que abandonar nuestra casa y trasladarnos a la de mi tía. Y, un mes después, a la casa de mi primo.

Después tuvimos que volver a movernos porque el peligro se estaba acercando demasiado. Escuchábamos los bombardeos y los disparos muy cerca, hasta el punto de no poder dormir por la noche. Pero no teníamos ningún otro lugar al que ir, por lo que nos quedamos allí hasta que Israel ocupó esa zona. En ese momento decidimos que no podíamos quedarnos más tiempo porque era demasiado peligroso.

En esa época tú trabajabas como paramédica.

Sí e intenté convencer a mi familia de que se marcharan sin mí. Yo quería quedarme porque había demasiadas personas heridas y necesitaban ayuda, sobre todo en urgencias y en quirófano. Pero mi familia decidió que o nos íbamos todos o nos quedábamos todos. Así que tuve que marcharme con ellos. Al final fue una decisión que nos salvó porque a la mañana siguiente la zona fue ocupada por completo y nadie pudo volver.

¿Cómo fueron los siguientes desplazamientos?

Nos movimos varias veces hasta que nos quedamos en un campamento unos 6/8 meses. Pero después Rafah también empezó a ser una zona muy peligrosa y la gente comenzó a ser evacuada. Entonces nos trasladamos a Khan Younis, donde vivimos durante unos meses más. Después ocuparon parte de esta zona y tuvimos que movernos otra vez. Ahora vivimos en una casa, que es donde estamos.

¿Cómo eran las condiciones de vida durante esos desplazamientos?

Con cada traslado íbamos perdiendo más cosas. Vivíamos de forma muy básica y precaria. En los campamentos apenas había comida ni agua. Teníamos que buscar durante horas para conseguir lo necesario: agua, algo de comida o leña para cocinar. Era muy difícil, especialmente por las condiciones meteorológicas, tanto por el frío como por el calor. 

“Con cada traslado íbamos perdiendo más cosas, pasábamos horas buscando agua, algo de comida o leña para cocinar”.

Leila, paramédica en Gaza

Personal médico trata a un niño gravemente herido en una sala de urgencias en Gaza

Un equipo médico atiende a un niño herido tras un ataque. En hospitales desbordados, el personal sanitario trabaja contra el tiempo y con recursos limitados. © Kuwaiti Hospital/UPI/Shutterstock

Trabajar en hospitales bajo ataque en Gaza

En Gaza, los hospitales no solo reciben a personas heridas: también han sido atacados. Para el personal sanitario, esto significa atender emergencias mientras el propio hospital deja de ser un lugar seguro. Leila comparte algunos de los momentos más difíciles que ha vivido trabajando como paramédica durante la ofensiva.

¿Has trabajado en hospitales que han sido atacados?

Sí. Por ejemplo, en el Hospital Europeo de Gaza. Cuando trabajaba allí, mi familia y yo también vivíamos allí, en un campamento junto al edificio. Durante el año 2025, ese hospital fue atacado varias veces y en algunas ocasiones incluso nos cayeron trozos del techo encima. Muchas personas resultaron heridas, incluso miembros del propio personal médico. Recuerdo que uno de ellos fue alcanzado por una esquirla de cristal después de que dispararan contra las ventanas.

Tengo suerte de que ni mi familia ni yo no sufriéramos heridas graves.

¿Cómo era el trabajo en urgencias en esas condiciones?

En urgencias intentábamos estabilizar a los y las pacientes y después trasladarlos a otro hospital público más grande. Pero no es fácil trabajar como paramédica en una situación así. Recuerdo el primer incidente con múltiples víctimas que tuvimos. Cuando entré en la sala de urgencias había decenas de personas heridas.

Hay una imagen que todavía no puedo olvidar: había un cadáver decapitado. Y junto a él había otro hombre con metralla en el pecho, muy cerca del corazón, que estaba sufriendo muchísimo. Era la primera vez que veía algo semejante. Había tantos pacientes que tuvimos que priorizar a quienes tenían más posibilidades de sobrevivir. Tomar esa decisión fue muy duro porque se trataba de vidas humanas y todo el mundo merece vivir.

¿Hubo algún momento especialmente difícil que recuerdes?

Uno de los momentos más duros ocurrió cuando mi equipo y yo estábamos trabajando en el Hospital Europeo de Gaza. El 13 de mayo de 2025, estábamos atendiendo a más de cien pacientes cuando comenzaron los ataques. Nosotros mismos habíamos pasado por algunos de los lugares que fueron alcanzados apenas uno o dos minutos antes de que empezara todo.

Recuerdo que uno de mis compañeros salió un momento para coger algo y, de repente, empezamos a escuchar bombardeos. Todo el mundo empezó a gritar. Algunas personas intentaban salir, pero cuando veían los cohetes cayendo y el humo volvían a entrar. Yo estaba muy preocupada por mi amiga, que había salido fuera. Pensé que había muerto.

¿Qué ocurrió después del ataque?

Cuando todo terminó empezamos a comprobar si nuestros pacientes estaban bien y a intentar calmarlos. Una de las madres nos contó que, cuando comenzaron los bombardeos, solo tuvo tiempo de agarrar a uno de sus bebés y cubrirlo con su cuerpo. Cuando terminó miró la cama donde estaba el otro bebé y vio un gran clavo clavado justo donde antes estaba su cabeza.

Por suerte ninguno de nuestros pacientes murió, pero en otras partes del hospital había muchas personas heridas y muertas.

Cada vez que recuerdo lo que sucedió ese día 13 de mayo, es como si lo estuviera viviendo otra vez. Me resulta muy difícil pensar en ello.

“Había tantos pacientes que tuvimos que decidir a quién atender primero. Fue una de las decisiones más duras de mi vida”.

Leila, paramédica en Gaza

Bebé desnutrido recibe alimentación con biberón en un hospital de Gaza

Un bebé con desnutrición recibe atención médica en Gaza. La escasez de alimentos y medicamentos pone en riesgo la vida de los más pequeños. © APAImages/Shutterstock

Lo que el “alto el fuego” significa en la práctica

Aunque se hable de un “alto el fuego”, para muchas personas en Gaza la violencia no ha desaparecido. En los hospitales de campaña donde trabaja Leila siguen llegando pacientes con heridas de bala y quemaduras, mientras la escasez de medicamentos y equipos médicos continúa siendo una realidad cotidiana.

Muchas personas hablan de un “alto el fuego”. ¿Qué significa eso en la práctica para quienes vivís en Gaza?

Hay mucha gente que dice que esto es un alto el fuego y que ya no hay ataques aéreos ni víctimas en masa. Pero, por desgracia, eso no es lo que vemos aquí.

¿Siguen llegando personas heridas al hospital donde trabajas?

Sí. Hace unos días recibimos a una anciana que estaba sentada tranquilamente en su tienda cuando resultó herida por disparos. Tenía una herida de bala en el brazo y otra en el pecho. La bala se detuvo en el abdomen. Tuvo suerte de que no dañara órganos vitales, pero lo terrible es que estaba simplemente sentada en su tienda cuando ocurrió. La tienda no te protege de nada, ni siquiera del frío, y mucho menos de una bala.

¿Se siguen produciendo ataques cerca de donde trabajas?

Sí, también. Hace poco hubo un ataque aéreo cerca del hospital de campaña donde trabajo y mis colegas atendieron al menos a dos pacientes heridos. Uno de ellos tenía quemaduras muy graves en la parte delantera del cuerpo.

Entonces, ¿qué diferencia hay ahora respecto a antes?

La única diferencia es que ahora hay un poco más de comida disponible. Sigue siendo cara, pero no tanto como hace unos meses. También seguimos teniendo una gran escasez de suministros médicos: líquidos, cánulas, medicamentos básicos… falta de todo. Seguimos viviendo con mucha escasez y sufriendo ataques.

¿Cómo afecta esto a la vida cotidiana?

Donde vivo ahora estamos cerca de la llamada línea amarilla y por las noches escuchamos ruidos muy fuertes que nos impiden dormir. Este es un alto el fuego solo de nombre, no un alto el fuego real.

“Es un alto el fuego solo de nombre. Para nosotros no es un alto el fuego real”.

Leila, paramédica en Gaza

Sanitaria realiza curas a un niño herido en un hospital improvisado en Gaza

Una trabajadora sanitaria cura a un niño en un hospital de campaña. La falta de suministros básicos complica cada intervención. © Kuwaiti Hospital/UPI/Shutterstock

La salud mental del personal sanitario en Gaza

Atender a personas heridas cada día, trabajar con recursos limitados y no saber si tu propia familia está a salvo tiene un impacto profundo en quienes trabajan en el sistema sanitario. Para el personal médico en Gaza, el estrés y el agotamiento psicológico se han convertido en parte de la rutina.

¿Cómo sobrellevas el estrés de trabajar en estas condiciones?

No creo que haya una respuesta adecuada para esa pregunta. Simplemente he tenido que adaptarme poco a poco a esta situación, aunque no es fácil. Me ha quitado mucha energía, tanto física como mental.

Trabajar todos los días con víctimas graves en urgencias es muy duro. Ves a personas muriendo, personas que han perdido extremidades, personas gravemente heridas. Son imágenes muy difíciles de olvidar.

¿Recuerdas algún momento en el que sintieras que ya no podías más?

Sí. Una vez estábamos atendiendo a muchas víctimas en urgencias y yo tenía que ayudar a mi equipo, pero de repente sentí que no podía concentrarme en nada de lo que pasaba a mi alrededor. Me quedé de pie, quieta, sin reaccionar. Uno de mis compañeros no dejaba de llamarme hasta que finalmente respondí y volví a ayudarle. En ese momento me di cuenta de que había llegado a un punto en el que me sentía como si fuera una espectadora de todo lo que estaba ocurriendo.

¿Cómo te afecta todo esto cuando termina la jornada?

Cuando estoy trabajando no siento nada. Estoy concentrada en los pacientes. Pero cuando me acuesto por la noche, mi mente empieza a recordar todo lo que ha pasado durante el día. Entonces me quedo despierta pensando y no puedo dormir durante mucho tiempo. Al principio era peor. Ahora he conseguido controlarlo un poco más, pero sigue siendo muy difícil.

¿Qué es lo más complicado en estas circunstancias?

Muchas veces, mientras estamos trabajando, escuchamos que han atacado algún campamento o alguna zona cercana. En ese momento empiezo a preocuparme por mi familia, pero no tengo tiempo ni siquiera para llamarles y preguntar si están bien. En urgencias cada minuto llegan nuevos pacientes. Además, hay compañeros que han vivido algo aún más duro: mientras atendían a personas heridas han descubierto que una de ellas era un familiar: su madre, su padre o su hermano o hermana.

“Hay compañeros que han vivido algo aún más duro: mientras atendían a personas heridas han descubierto que una de ellas era un familiar: su madre, su padre o su hermano o hermana”.

Leila, paramédica en Gaza

Edificio hospitalario destruido en Gaza tras bombardeos

Vista de un hospital destruido en Rafah. La destrucción de infraestructuras sanitarias limita el acceso a atención médica para miles de personas. © picture alliance/dpa | Abed Rahim Khatib

¿Qué pide Leila a la comunidad internacional?

En los últimos meses, Leila ha visto cómo personas de distintos países expresaban su apoyo a Gaza en redes sociales y movilizaciones. Pero, desde el terreno, siente que ese apoyo no siempre se traduce en cambios reales para quienes siguen viviendo la crisis cada día.

Muchas personas en todo el mundo dicen apoyar a Gaza. ¿Qué significa para ti ver esas muestras de apoyo?

He trabajado con muchas personas de otros países y tengo amigos y amigas que me envían vídeos de gente en sus ciudades apoyando a Palestina y haciendo todo lo posible por ayudar. Estoy muy agradecida por ese apoyo y por la gente que alza la voz.

¿Qué crees que debería cambiar para que ese apoyo tenga un impacto real?

Sinceramente, este apoyo no es suficiente. No basta con hablar de Gaza o apoyar en redes sociales. Necesitamos medidas reales. Necesitamos que los gobiernos tomen decisiones y actúen. Si todo se queda solo en las redes sociales, pero nadie toma medidas, no cambiará nada.

¿Cómo ha variado la atención internacional respecto a otras ofensivas que has vivido?

Desde que nací, esta es quizá la quinta o sexta ofensiva que vivo. La diferencia ahora es que hay más gente hablando de Gaza. En las anteriores casi no veía que se hablara de ello fuera de algunos países árabes. Ahora hay más atención internacional, y eso ya es un cambio. Pero solo hablar de ello no es suficiente para ayudar realmente a la gente que vive aquí.

¿Qué medidas crees que son urgentes ahora mismo?

La gente está muriendo porque no tiene medicamentos. Esto podría solucionarse fácilmente si se abriera el paso fronterizo y se permitiera la entrada de medicamentos y equipos médicos suficientes. Si seguimos esperando sin actuar, la gente seguirá muriendo.

“No basta con apoyar a Gaza en redes sociales. Necesitamos que los gobiernos actúe”.

Leila, paramédica en Gaza

Paramédica empuja a una niña en silla de ruedas en un hospital de Gaza durante una emergencia

Personal sanitario evacúa a una niña herida en un hospital de Gaza. En medio de ataques y escasez, cada traslado puede marcar la diferencia entre la vida y la muerte. © picture alliance/dpa | Abed Rahim Khatib

El futuro de Gaza y la generación de niños y niñas que crecen bajo ataques

Después de años de ofensivas y destrucción, muchas personas en Gaza se preguntan qué futuro les espera. Para Leila, la preocupación no es solo la reconstrucción de casas y hospitales, sino también el impacto que todo esto tendrá en los niños y niñas que han crecido rodeados de violencia, desplazamientos y miedo.

Cuando piensas en el futuro de Gaza, ¿qué imaginas?

Tengo dos visiones sobre el futuro de Gaza. La primera es que este alto el fuego no durará mucho. Tengo esa sensación porque, aunque se hable de alto el fuego, los ataques siguen ocurriendo y cada vez hay más zonas restringidas. Siento que en algún momento todo podría volver a empezar, y eso sería aún más difícil para la gente que vive aquí.

¿Cuál sería el otro escenario posible?

La otra posibilidad sería que el alto el fuego se mantuviera y que la comunidad internacional empezara a trabajar poco a poco en la reconstrucción de Gaza. Pero incluso en ese caso llevaría mucho tiempo. Gran parte de los edificios han quedado destruidos, desde Rafah hasta el norte de la ciudad de Gaza. No se trata solo de reconstruir casas, también hospitales, escuelas y servicios básicos.

¿Qué consecuencias tiene esta destrucción para la vida cotidiana?

Ahora mismo no hay suficientes hospitales funcionando y hay muchos pacientes que no reciben tratamiento. También hay muchas personas esperando cirugías que no pueden realizarse porque faltan materiales y equipos médicos. Es una situación muy difícil para el sistema sanitario.

Has mencionado también la preocupación por los niños y niñas. ¿Por qué?

Cuando voy en coche y miro por la ventanilla veo a muchos niños y niñas en la calle. Están creciendo en medio de los ataques, del hambre y de la destrucción. Muchos no pueden ir a la escuela. Eso me preocupa mucho, porque sin educación ni una vida normal es muy difícil que puedan construir un futuro diferente.

¿Qué crees que debería ser una prioridad ahora mismo?

Creo que una de las cosas más importantes es que puedan volver a la escuela. Necesitan recuperar su derecho a la educación y crecer como niños y niñas normales. Han vivido cosas que ningún menor debería vivir: ataques, hambre, la pérdida de familiares y amistades. Tenemos que salvar el futuro de la infancia en Gaza.

Las historias como la de Leila muestran lo que significa intentar salvar vidas cuando incluso los hospitales dejan de ser lugares seguros. Mientras el mundo observa, el personal sanitario sigue trabajando cada día para atender a las personas heridas. Pero el futuro de Gaza no debería depender solo de quienes resisten sobre el terreno.

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