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Activistas sostienen carteles contra el carbón durante una manifestación climática en Berlín, Alemania, pidiendo acelerar la transición energética.

Manifestación en Berlín contra el uso del carbón Reclaman más ambición climática. © Stefan Boness/Ipon/SIPA

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Todo lo que necesitas saber sobre el Acuerdo de París

El 4 de noviembre de 2025 se cumplieron nueve años de laentrada en vigor del Acuerdo de París, el mayor compromiso internacional para frenar la crisis climática y proteger los derechos humanos.

Por primera vez, casi todos los países del mundo acordaron limitar el aumento de la temperatura global muy por debajo de 2°C y esforzarse por mantenerlo en 1,5°C, según lo establecido por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).

Sin embargo, tras el primer balance mundial de la ONU (Global Stocktake, 2023), la evaluación es clara: las metas del Acuerdo de París aún están lejos de cumplirse. 

¿Qué es el Acuerdo de París?

El Acuerdo de París es un tratado internacional jurídicamente vinculante sobre el cambio climático, adoptado el 12 de diciembre de 2015 durante la COP21 en París y en vigor desde el 4 de noviembre de 2016.

Más que un simple pacto climático, es el marco legal internacional que guía la acción global contra el cambio climático. Adoptado por 196 países del mundo, establece un sistema común para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, aumentar la resiliencia climática y garantizar apoyo financiero a los países más vulnerables.

Su rasgo más innovador es que cada Estado debe presentar y actualizar periódicamente sus propios planes nacionales de acción climática, las llamadas Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC, por sus siglas en inglés), que se reportan a la UNFCCC y sirven de base para evaluar el progreso colectivo hacia el objetivo de limitar el calentamiento global a 1,5°C.

 ¿Con qué objetivo se crea el Acuerdo de París?

El Acuerdo de París se creó para coordinar una respuesta global y equitativa frente a la crisis climática. Según su Artículo 2, busca reforzar la acción mundial contra el cambio climático a través de tres grandes objetivos a largo plazo:

  1. Limitar el calentamiento global.
    Mantener el aumento de la temperatura media mundial muy por debajo de 2°C respecto a los niveles preindustriales, y proseguir los esfuerzos para limitarlo a 1,5°C, lo que reduciría considerablemente los riesgos y efectos del cambio climático.
  2. Aumentar la capacidad de adaptación.
    Fortalecer la resiliencia al clima y la capacidad de los países para adaptarse a los impactos adversos del cambio climático, sin comprometer la producción de alimentos, promoviendo además un desarrollo con bajas emisiones.
  3. Alinear las finanzas con el clima.
    Situar los flujos financieros mundiales en un nivel compatible con una trayectoria que conduzca a un desarrollo resiliente y con bajas emisiones, coherente con los objetivos climáticos del acuerdo.

A largo plazo, el Acuerdo busca alcanzar un equilibrio entre las emisiones que producimos y las que el planeta puede absorber, a través de océanos, bosques y otros sumideros de carbono.
Este equilibrio (la llamada neutralidad climática) debería alcanzarse en la segunda mitad del siglo (Artículo 4).

El acuerdo también establece una revisión global cada cinco años (Artículo 14), conocida como Global Stocktake, para evaluar los avances colectivos hacia sus metas.

Casas dañadas por la erosión marina en Atafona, Brasil, una comunidad afectada por el aumento del nivel del mar y el cambio climático.

Casas destruidas por la erosión costera en Atafona, estado de Río de Janeiro, Brasil. La localidad ha perdido decenas de viviendas por el avance del mar, un recordatorio del impacto del cambio climático y el aumento del nivel del mar sobre las comunidades costeras. © CHINE NOUVELLE/SIPA

¿Cómo funciona el Acuerdo de París?

El Acuerdo de París se basa en un sistema de compromiso progresivo y rendición de cuentas, diseñado para que la ambición climática aumente con el tiempo.

Cada país presenta sus propios planes nacionales de acción climática (NDC) en función de sus capacidades y circunstancias.

Según el Artículo 4, cada Estado debe presentar una nueva NDC cada cinco años, y esta debe reflejar una mayor ambición que la anterior, conforme al principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas: todos los países comparten la tarea de actuar, pero no en la misma medida ni con los mismos recursos.

El progreso global se revisa mediante el Global Stocktake, que evalúa si las acciones de los países están en línea con el objetivo de limitar el calentamiento a 1,5°C.

El primer balance se celebró en 2023 y, a partir de ahora, se repetirá cada cinco años.

El Acuerdo también establece que los países desarrollados deberían liderar los esfuerzos de reducción de emisiones, mientras que los países en desarrollo deberían aumentar progresivamente sus acciones, con apoyo internacional.

El Artículo 9 establece que los países desarrollados deben proporcionar financiación climática para ayudar a los países en desarrollo a reducir emisiones y adaptarse.

En conjunto, el Acuerdo reconoce que todas las naciones tienen responsabilidades, pero diferenciadas según su nivel de desarrollo, capacidades y contribución histórica al cambio climático.

¿Cómo están trabajando los países el Acuerdo de París?

Tras el primer balance mundial (2023), la conclusión es clara: el mundo aún no está en ruta para cumplir el Acuerdo, y esta década es decisiva para reducir emisiones de manera drástica.

En mitigación, muchos gobiernos han acelerado el despliegue de energías renovables y la eficiencia energética, pero los avances siguen siendo insuficientes mientras no se acompañen de una eliminación progresiva de los combustibles fósiles y del fin de sus subsidios.

En adaptación, los países trabajan en planes nacionales, protección de ecosistemas y infraestructuras resilientes en sectores como agua, salud y vivienda, junto con sistemas de alerta temprana y medidas para proteger a las poblaciones más vulnerables.

En financiación, sigue siendo prioritario que el apoyo internacional se ofrezca en forma de subvenciones y que se refuerce el Fondo para Pérdidas y Daños, de modo que los países con menos recursos puedan adaptarse sin aumentar su deuda.

La cooperación internacional (en tecnología, capacitación y transición justa) es clave para avanzar, así como garantizar que las personas defensoras del medioambiente y de los derechos humanos puedan participar libremente en las decisiones sobre el clima.

Emisiones de fábricas y tráfico intenso al amanecer

Tráfico denso y emisiones industriales. El transporte y la generación de energía son responsables de buena parte de las emisiones de gases de efecto invernadero en Europa. © Caro / Sorge/SIPA

¿Qué se ha hecho hasta 2025?

Según el Global Stocktake (2023) de la CMNUCC y los informes más recientes del IPCC y la ONU, las emisiones globales, lejos de reducirse, siguen aumentando. Este no es el camino necesariopara limitar el calentamiento global a 1,5°C.

La ONU advierte que alcanzar los objetivos de París requiere eliminar gradualmente los combustibles fósiles, invertir en energías renovables, proteger los bosques y transformar los sistemas agrícolas. Sin estos cambios, los impactos del cambio climático (sequías extremas, olas de calor, pérdida de cosechas o desplazamientos masivos) se intensificarán.

Según la Organización Mundial de la salud, 3600 millones de personas ya viven en zonas muy vulnerables al cambio climático. Se prevé que, entre 2030 y 2050, el cambio climático cause unas 250 000 muertes adicionales cada año solo como consecuencia de la desnutrición, el paludismo, la diarrea y el estrés térmico. El Banco Mundial estima que el cambio climático podría desplazar internamente a más de 216 millones de personas para 2050, si no se adoptan políticas efectivas de mitigación y adaptación.

Amnistía Internacionaldenuncia que muchos gobiernos y empresas promueven “falsas soluciones” que agravan la crisis: la expansión del gas natural como “combustible puente”, los mercados de carbono mal regulados o los proyectos de captura y almacenamiento de CO₂ cuya eficacia sigue sin demostrarse. Además, estas “falsas soluciones” implican riesgos importantes para los derechos humanos.

Estas estrategias desvían la atención de la verdadera prioridad: abandonar progresivamente los combustibles fósiles y proteger los derechos humanos de las comunidades afectadas.

Amnistía Internacional respalda el llamamiento global por un Tratado de No Proliferación de Combustibles Fósiles, que ponga fin a nuevas explotaciones, garantice una eliminación equitativa y acelere la transición hacia un sistema energético sostenible y basado en derechos humanos.

Además, recuerda que los países de ingresos bajos y medios no pueden avanzar si los Estados más ricos no cumplen sus compromisos de financiación internacional, recogidos en el Acuerdo de París.

La COP29 (2024) estableció una nueva meta de 300.000 millones de dólares anuales para 2035, reemplazando el objetivo anterior de 100.000 millones, que no había llegado siquiera a cubrise. Además, gran parte de los fondos que se entregan son en forma de préstamos, no de subvenciones, lo que incrementa la deuda de los países más pobres y hace que parte del dinero tenga que dedicarse al pago de intereses en lugar de impulsar medidas de mitigación y adaptación al cambio climático

Por ello, Amnistía insiste en que los países con más recursos y mayor responsabilidad histórica de emisiones de gase de efecto invernadero deben descarbonizar más rápido, eliminar los subsidios fósiles y garantizar una financiación justa, sin deuda y basada en los derechos humanos, para que nadie quede atrás en la transición climática.

Turbinas del parque eólico

Parque eólico marino Hollandse Kust Zuid, frente a la costa de los Países Bajos. Con 139 turbinas, genera energía limpia para más de 1,5 millones de hogares y es uno de los mayores del mundo. © Robin Utrecht/SIPA

¿Qué nos marca el Acuerdo de París para el futuro?

La COP30 que comenzó el 10 de noviembre y se extenderá hasta el 21 de noviembre de 2025 es una cita decisiva para el futuro del Acuerdo de París. En esta conferencia, los países presentarán o actualizarán su tercera ronda de Contribuciones Nacionales Determinadas (NDC por sus siglas en inglés), que establecerán objetivos de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero para 2035 y más allá, en respuesta al primer informe de balance mundial que ha evaluado las medidas hasta 2024

Estas nuevas metas determinarán hasta qué punto el mundo puede mantener el aumento de la temperatura por debajo de 1,5°C y evitar los impactos más graves del cambio climático. Sin embargo, los compromisos actuales siguen siendo insuficientes, y las emisiones globales de CO₂ continúan aumentando.

La necesidad de eliminar progresivamente los combustibles fósiles cuenta con el respaldo de la ciencia, la ONU y organizaciones internacionales. Avanzar hacia una transición energética justa (basada en energías renovables, eficiencia y respeto a los derechos humanos) es esencial para proteger el planeta y garantizar un futuro digno para todas las personas. Esa transición debe ser rápida, equitativa y sin dejar a nadie atrás, asegurando que las comunidades dependientes de los combustibles fósiles reciban apoyo para reconvertir sus economías y medios de vida.

Los gobiernos tienen más herramientas que nunca para regular la actividad empresarial, garantizar la rendición de cuentas de las grandes corporaciones y situar los derechos humanosen el centro de las políticas climáticas. Pero la acción política solo avanzará si existe presión ciudadana y solidaridad global.

Desde Amnistía Internacional, pedimos a todos los gobiernos que actúen con la urgencia y la valentía que la crisis climática exige. El futuro aún puede escribirse con justicia climática. 

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