Actriz, directora, guionista, escritora, activista y feminista. La lista de palabras para presentar a Leticia Dolera parece interminable. Y, desde luego, “comprometida” debería ser una de ellas: comprometida con la igualdad, con su tiempo y con la búsqueda de soluciones a algunos de los grandes desafíos de nuestra sociedad.
Uno de ellos es la salud mental de los adolescentes y cómo influyen en ella la pornografía, los algoritmos y la violencia sexual. Este es el tema central de su último trabajo, la serie Pubertat, que acaba de estrenarse en abierto en TV3.
¿Qué te llevó a abordar en Pubertat temas como la salud mental de los adolescentes, la pornografía y la violencia sexual?
Me interesaba sobre todo el tema de la herencia, tanto familiar como psicológica, social, cultural. Reflexionar sobre cómo nos podemos construir a nosotros mismos, pero siempre dependemos de aquello que recibimos del entorno y de nuestras familias. Y cómo en ese contexto actual la adolescencia crece, porque como vivimos rodeados de tantos inputs, de pantallas y de un clima de tensión permanente, donde el feminismo y en concreto el consentimiento y la violencia sexual se banalizan y se usan como arma arrojadiza.
Pensaba en cómo crece hoy en día un chaval o una chavala. Sobre todo entrando en el momento en el que entras en contacto con la sexualidad, que es algo tan íntimo y tan radical que nos atraviesa a todas las personas.
Tras investigar sobre pornografía, violencia sexual y adolescencia, ¿qué fue lo que más te sorprendió?
Lo que más me sorprendió en el proceso, y que aparece en el final de la serie, fue descubrir qué es la justicia restaurativa. Me pareció una herramienta con un gran poder de transformación social e individual. Es brutal. Y me llamó la atención no conocerlo y que no estuviera más en nuestro día a día, en el imaginario social.
Luego también tuve una conversación con una chica que trabajaba con chavales que habían estado implicados en casos de violencia y me contaba que, como sospechábamos, la pornografía llegaba a sus pantallas y a sus ojos muy pronto, y es pornografía muy violenta. A algunos chavales tenían que explicarles lo que era el consentimiento y lo que era la empatía, porque la pornografía vista así, de manera adictiva, te desconectan de ti y de la empatía con un otro. De hecho en la gran mayoría de los vídeos, el deseo y el consentimiento entran en terrenos complicados... Es terrible que un adolescente acceda a este tipo de pornografía violenta con 12 o 13 años.

Una escena de Pubertat, la serie de Leticia Dolera sobre adolescencia, salud mental, pornografía y violencia sexual.
El acceso de menores a la pornografía es cada vez más fácil. ¿Qué medidas crees que deberían tomarse para proteger su salud mental y sexual?
Sí, además yo hice la prueba un día de ponerme de frente al ordenador, sin tarjeta de crédito, sin tener que poner mi DNI, y pude llegar a lugares terribles. Tú vas diciendo que tienes 18 años y ya está.
Yo creo que el primer frente es que haya una educación sexual integral en las escuelas, y que se deje de usar la educación sexual como ámbito de trinchera, sino que realmente se plantee como algo necesario para la salud mental, emocional y sexual de los adolescentes. Evidentemente esa educación sexual tendría que estar adaptada a la edad. Creo que la sociedad debería llegar a lugares de consenso mínimos para poder hablar a cada edad.
En la infancia es importante una educación sexual adaptada a la edad precisamente para prevenir los abusos sexuales. Luego, evidentemente, en edades más avanzadas ya puedes hablar de más cosas, de deseo, de intimidad, de comunicación, de consentimiento. Pero los responsables públicos que pueden hacer algo al respecto se atrincheran en su atalaya, o bien conservadora o bien moderna, y no se llega a un lugar de consenso donde poder educar a los chavales y chavalas, que es nuestra responsabilidad.
Y luego, por otro lado, evidentemente, legislar: legislar el algoritmo y legislar internet. Internet no puede ser un campo de batalla con la ley del más fuerte, porque la ley del más fuerte en el sistema capitalista ya sabemos cuál es. Entonces, estamos tolerando que las grandes tecnológicas se enriquezcan a costa de la salud mental de nuestros chavales y chavalas.
¿Por qué crees que siguen creciendo entre algunos adolescentes los discursos machistas y homófobos en redes sociales?
Pues yo creo que tiene que ver y va muy de la mano con este sistema capitalista que nos tiene cada vez más individualizados y en esa individualidad permea la soledad y la falta de sentido de pertenencia. Todos necesitamos sentir que formamos parte de una manada o de un grupo que es mayor que nosotros. Nos ayuda a darle sentido y a colocarnos en un lugar en el mundo.
Esta cosa de adicción a los teléfonos y de comprar, gastar, te individualiza cada vez más. Hay una pérdida de sentido de pertenencia a tu comunidad, a tu barrio, a tu entorno. Son los que realmente van a estar ahí cuando el día de mañana te pase algo –como pudimos ver en el COVID– pero desde la pantalla de tu teléfono móvil parece que no existen. Esa falta de sentido de pertenencia nos lleva a buscarnos a nosotros mismos en los teléfonos móviles y es ahí donde una vez más están estas empresas tecnológicas que hacen de nuestra mente lo que les da la gana.
Realmente ya sabemos desde hace muchos años que, sobre todo a edades tempranas, el uso de pantallas, redes sociales y algoritmos genera una dependencia, una adicción, como podría ser la cocaína. Y en ese momento en el que estás formando tu visión del mundo, se está formando tu cerebro, estos inputs y estos vídeos cortos con este contenido dominado por el algoritmo también manipula tu propia forma de pensar. Manipula tus deseos, manipula lo que quieres ser, manipula tu idea del mundo. En esa manipulación estamos y ahí evidentemente la regla no son los valores sociales, ahí las reglas son los valores capitalistas.
Creo que la tecnología ha sido un cambio antropológico brutal y que tenemos que reaccionar porque evidentemente tiene algo de progreso pero estamos viendo que tiene también una cara oscura que tenemos que controlar y con la inteligencia artificial todavía más.

Pubertat explora cómo la pornografía, los algoritmos y la presión social influyen en la adolescencia.
¿Qué puede hacer una familia cuando descubre que su hijo ha participado en una agresión sexual?
Pues al final es hablar. La comunicación es clave en esto y yo creo que llamar a profesionales. En la serie se plantea la medida de la justicia restaurativa, pero antes también hay centros de atención en el caso de ser una víctima de violencia sexual.
Yo creo que incluso si tú eres un padre y crees que tu hijo ha hecho algo así, también puedes llamar tú. Es hacerse cargo, como todo en esta vida... Hacerse cargo sin que ese “hacerse cargo” pase por, una vez más, mandar a ese niño a la trinchera, al ostracismo social, y sin intentar comprender cómo un niño, como un menor de edad puede llegar a participar de una agresión sexual.
¿Qué es la justicia restaurativa y por qué puede ser útil en casos de violencia sexual?
Me llamaron la atención muchas cosas. Como te digo, el poder transformador que pone a la víctima en el centro y que no se centra solamente en el punitivismo, sino que se centra también en reparar. La gran palabra es la reparación. Reparar a la víctima, averiguar qué necesita esa víctima, porque a lo mejor no solamente necesita que su agresor vaya a la cárcel, a lo mejor necesita otro tipo de acompañamiento o de resolución.
Y también reparar al entorno, porque cuando sucede un caso así, el entorno también se ve dañado. Y eso a veces también pesa mucho sobre la propia víctima o sobre los propios agresores para ser capaces de reconocer lo que han hecho. La justicia restaurativa es un sistema que incluye a la comunidad, a la familia, al entorno que se ha visto afectado por estos hechos. Y también hay una parte donde los agresores tienen la opción de pedir perdón, la opción de hacerse cargo de lo que han hecho y de ser conscientes del dolor causado. Y eso puede ser mucho más sanador, tanto para la víctima como para que el propio agresor en un futuro no sea reincidente.

En Pubertat, los castellers simbolizan la fuerza de la comunidad y cómo la participación de las mujeres permite llegar más alto.
Por último, en la serie se establece una relación entre los castells y la sociedad. En un momento dado se muestra cómo cuando entran a participar las mujeres y las niñas la formación llega más alto. ¿Qué papel tienen la educación y la cultura para avanzar en igualdad entre mujeres y hombres?
No te hablaría de quiénes en concreto. Creo que todavía estamos viviendo en una sociedad no solo capitalista sino patriarcal. Y tenemos, evidentemente, dejes machistas y para eso están las leyes, para compensar todas esas violencias, esas opresiones o discriminaciones que sufrimos las mujeres.
La educación y la cultura son claves para avanzar en igualdad. Es lo que al final va a generar tu visión del mundo y te va a interpelar de una manera muy profunda. Y ahí es donde tus propios valores y tu propio pensamiento crítico se va a poder desarrollar.
Para mí no es tanto señalar a los culpables, sino pensar en las soluciones. Como una educación igualitaria realmente, o sea, que las mujeres no estemos invisibilizadas en los libros de texto; que no pasa por dar una charla sobre igualdad porque eso genera mucho rechazo en la chavalería. Sino que realmente la igualdad ya forme parte del currículum educativo, que ya los libros de texto estén sin sesgo de género, que la historia no silencie a las mujeres en los libros de historia, en los libros de arte.
Y en el mundo de la cultura incentivar de alguna forma que no solo sean las miradas masculinas las que cuentan el mundo, sino que también sean las miradas femeninas. Si somos la mitad de la humanidad, somos la mitad de la imaginación y la mitad de las ideas. Y durante mucho tiempo eso no ha sido así.
En ese sentido, habría que hacer una colaboración con el Ministerio de Cultura y el de Educación y llevar a los institutos al cine. Los cines están cerrados por las mañanas. Ostras, ¿por qué no aprovechamos eso? Realmente la cultura es una gran herramienta de transformación social, a través de películas puedes entender muchas cosas a un nivel muy profundo.
