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El secreto que rodea la pena de muerte en Bielorrusia

Por Amnistía Internacional,

Bielorrusia es gobernada desde 1994 por el presidente Alyaksandr Lukashenko, antiguo director de una granja colectiva. A diferencia de muchos países postsoviéticos, Bielorrusia ha mantenido en gran medida una forma de gobierno de estilo comunista que confiere poderes desproporcionados al presidente y ejerce severas restricciones sobre los derechos civiles y políticos de la población.
Desde el hundimiento de la Unión Soviética, la pena de muerte ha sido abolida en la ley o en la práctica por casi todos los antiguos Estados soviéticos.

En octubre de 2018, se tiene constancia de que al menos cuatro presos están en espera de ejecución en Bielorrusia. Todos corren peligro inminente de ejecución. Las condiciones de su encarcelamiento son muy precarias y sus derechos se violan con frecuencia.

El secreto que rodea la pena de muerte en Bielorrusia

El secreto que rodea la pena de muerte en Bielorrusia es causa de angustia y trauma extremos para los presos y sus familias.

Todos los presos condenados a muerte están recluidos en el Centro de Detención Preventiva núm. 1 de Minsk. Las condenas a muerte se imponen a menudo en juicios injustos, en los que se utilizan “confesiones” forzadas; las ejecuciones se llevan a cabo en estricto secreto y sin el debido aviso a la persona condenada ni a sus familiares o representantes legales. Un ex director de la prisión y jefe del pelotón de fusilamiento dijo a Amnistía Internacional que primero se lleva a los presos a una sala donde, en presencia de funcionarios, se les dice que su petición de indulto ha sido denegada y que se cumplirá la sentencia. Luego se lleva a los presos a una dependencia cercana, donde se les vendan los ojos, se les ponen las esposas, se les obliga a arrodillarse y se les dispara en la nuca. El ex director agregó: “Un disparo desafortunado no impacta en el cerebelo y pasa a un lado. Naturalmente, el reo está inconsciente pero todavía vivo; respira, resuella”. En esos casos, se dispara de nuevo al preso.

Los familiares no reciben confirmación oficial de la ejecución de sus seres queridos hasta semanas o meses más tarde. En unos casos esta comunicación se hace por carta, y en otros las familias sólo reciben el uniforme carcelario y las pertenencias de la persona ejecutada. No se les permite un último encuentro.

De acuerdo con la legislación de Bielorrusia, las autoridades se niegan a devolver los cuerpos de las personas ejecutadas a sus familiares y a revelar el lugar de enterramiento, disposiciones que constituyen un legado de la época soviética. Naturalmente, esto es causa de angustia extrema para las familias, que no tienen un lugar para su duelo y son vulnerables a rumores acerca de dónde pueden hallarse las tumbas de sus seres queridos.

Acabemos con la pena de muerte

Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en todos los casos sin excepción, con independencia del carácter o las circunstancias del delito, de las características y la culpabilidad o inocencia del acusado y del método utilizado por el Estado para llevar a cabo la ejecución. La pena de muerte viola el derecho a la vida, proclamado en la Declaración Universal de Derechos Humanos.

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