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'Apoyas el aborto, así que mereces morir'

Por Pamela Merrit, activista estadounidense antirracista y de los derechos del colectivo LGBTQ,

Como bloguera, he hecho frente a todo tipo de cosas. He recibido amenazas de muerte, comentarios racistas, comentarios que son homofóbicos o sexistas, y mucha oposición antiabortista, pero de una forma hostil y violenta, como: “Apoyas el aborto, así que mereces morir”.

Me pasé al lado de las redes sociales del activismo cuando empecé el blog “Angry Black Bitch”, en 2005. Empleo las redes sociales para comunicar oportunidades de activismo y para combatir la desinformación y las mentiras sobre los ámbitos de mi activismo, ya sean la justicia racial, las cuestiones de la comunidad LGBTQ o los derechos reproductivos.

Soy un poco adicta a Twitter. Me despierto, consulto Twitter, me tomo dos cafés y vuelvo a consultarlo. Estar en línea es importante para mi labor. Quiero saber lo que pasa, quiero saber lo que dice la gente y quiero opinar, así que estoy todo el día en Twitter.

Durante cinco años fui la responsable de las redes sociales de los y las activistas de Planned Parenthood en Misuri, grupo que trabaja a nivel estatal sobre políticas de planificación familiar. Gestionaba sus redes sociales en Facebook, Twitter y su sitio web. Si publicábamos una entrada sobre un mal proyecto de ley, recibíamos 50 comentarios en los que nos decían que merecíamos ser pobres, que nos violaran, hostigaran o asesinaran. Hay muchos paralelismos entre cómo me trataban en línea como mujer negra y el tipo de rechazo que trata de paralizarte, de aterrorizarte hasta lograr que seas más cauta. Es algo sistemático. Descubrí que había un patrón. Yo publicaba una entrada sobre abusos sexuales o racismo y recibía un comentario o una respuesta que contenía una ofensa racista o que afirmaba que las mujeres víctimas de abusos se lo tenían merecido. Si yo no reaccionaba a ese contenido, esa persona muchas veces regresaba y se burlaba de mí. Empecé a pensar en esos comentarios antes de publicar entradas, y eso me molestaba. Es lo que querían esas personas, que dejara de expresarme.

En mi siguiente empleo fui directora de comunicaciones de Progress Missouri, un centro de comunicación progresista. Casi la mitad de nuestras actividades se realizaban en línea. Si hablábamos sobre cuestiones laborales o ambientales, sólo nos llamaban estúpidos. Pero si hablábamos sobre razas, la comunidad LGBTQ o el aborto, entonces merecíamos morir o éramos estúpidos y además merecíamos que nos violaran. Es como un torrente inagotable.

De los abusos en línea a los abusos fuera de Internet

Cuando escribí una serie de entradas de blog sobre las muertes de personas negras a manos de la policía, recibí tuits y comentarios que decían que yo era una “perra negra fea y gorda” y que merecía morir: “No te enfadarías con la policía si te violara un gigante negro”. Si escribes sobre el aborto o sobre la violencia sexual, recibes amenazas de violación del tipo “Deberían violarte” o “A mí no me molestaría que te violaran”. Escribí una entrada sobre mujeres negras queer y recibí un montón de comentarios como “Deberían follarte hasta que dejes de ser queer” y “Lo que te pasa es que no te han follado bien”. Es previsible y extraño al mismo tiempo.

También me han hostigado hombres negros que no creen que me comporte como deberían comportarse las mujeres negras, y mujeres blancas que quieren que sepa que las mujeres negras siempre van a ser personas de segunda categoría, feas, gordas o máquinas de hacer bebés. Se asume, simplemente porque soy una mujer negra, que soy promiscua y que eso es malo. Que contagio enfermedades de transmisión sexual, que me drogo, que recibo subsidios, que nunca fui a la universidad. Es una inmersión increíble en cómo ve la sociedad a las mujeres negras.

En una ocasión recibí un correo electrónico del FBI: necesitaban hablar conmigo sobre algún tipo de actividad relacionada con mi blog. Había un defensor de la supremacía de la raza blanca que estaba intentando averiguar dónde vivo. Eso llevó las cosas a otro nivel. Tuve que revisar todos mis sitios de redes sociales para asegurarme de que no publicaba si iba a ir a una fiesta o a tomar algo con amigos. A partir de entonces, tuve que ser muy consciente de lo que publicaba durante un año.

Mecanismos de afrontamiento

Está claro que los abusos me obligan a reflexionar antes de opinar sobre las cosas. Hacen que tema por mis seres queridos. He tenido que mantener conversaciones intensas con mi familia sobre seguridad, sobre mi perfil público y mi implicación con la comunidad. He desarrollado mecanismos de afrontamiento, tanto en mi labor profesional como personal. No reviso los comentarios más de una vez al día. Trato de ser consciente y prudente sobre cómo enfrento esta situación.

Cuando puedo, denuncio. Por poder me refiero a si tengo tiempo y margen emocional para la frustración que puede generar esa denuncia. Según mi experiencia, Twitter muy pocas veces toma medidas. Solo una vez me ha pasado que se tome en serio una denuncia. He denunciado amenazas a la policía. Tomaron nota, pero básicamente me dio la impresión de que sería útil para su investigación si yo me moría, que no era algo que fueran a utilizar para prevenir nada. Tras cinco años de hostigamiento en línea, combinado con actos de hostigamiento en la vida real, básicamente he aceptado el hecho de que estoy dispuesta a morir por el trabajo que hago. Eso podría suceder. Si recibes 200 amenazas, solo hace falta una persona que realmente te quiera matar.

Necesidad de un espacio seguro en línea

Por un lado, creo fervientemente que las personas tienen derecho a la libertad de expresión, pero que no tienen derecho a hostigar. Es una frontera difusa, pero de enorme importancia. Considerado en su conjunto, ese bombardeo incesante muestra bastante a las claras la visión de la sociedad sobre las mujeres negras, que se resume en que somos la definición de todo lo malo. Las mujeres negras son estúpidas, ruidosas, ignorantes, putas, gordas, su estado físico es malo, son malas madres... todo lo malo. Y llega desde todos los rincones. Sería muy innovador que las políticas de Twitter en línea reflejaran lo que sospecho que deben de ser sus políticas laborales de empresa. Estoy bastante segura de que quien trabaja en Twitter no puede decir las cosas que muchas personas dicen a través de Twitter.

Creo que es muy importante que las mujeres, y en particular las mujeres de color, sigan en Internet. Es importante que creemos nuestros propios espacios, en los que podamos estar seguras e intercambiar ideas. Deberíamos tomar este acoso como lo que es: una extensión del patriarcado y de la opresión. El objetivo del hostigamiento en línea es borrar del diálogo público a las mujeres y a las mujeres de color. Por lo tanto, Internet es un espacio en el cual claramente tenemos impacto, y ahí es donde quieren silenciarnos los acosadores.

Tenemos que cuidarnos en el plano emocional, pero estamos en primera línea y no debemos ceder ese espacio.

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