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Virginia Chimodzi. © Private

Virginia Chimodzi: “Me gusta servir de ejemplo para la gente joven”

Virginia Chimodzi es profesora y tiene albinismo. Ha superado algunos de los obstáculos a los que se enfrentan muchas personas con este trastorno en Malawi, y ahora trabaja como profesora para mejorar las vidas de los niños y niñas con albinismo.

En nuestra familia somos tres hijas, dos de las cuales tenemos albinismo (mi hermana pequeña y yo misma). Me enteré de que mi madre tenía un hermano con albinismo. No llegué a conocerlo. Murió antes de que yo naciera.

Miles de personas con albinismo viven con miedo en Malawi porque, en este país, creen que sus huesos son mágicos y que con ellos pueden hacerse ricos. Este mito hace que exista un espantoso comercio de huesos humanos.

AYÚDANOS A PROTEGER A LAS PERSONAS CON ALBINISMO EN MALAWI.

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Cassim Jaffalie, de 3 años, con sus amigos en su casa de Malawi. Su padre tuvo que dejar su trabajo para proteger a su hijo de los ataques con personas albinos. © AP Photo/Tsvangirayi Mukwazhi

Algunas personas nos tratan como si no fuéramos seres humanos. Aunque hablemos con ellas, nos siguen discriminando. Piensan que no podemos conseguir nada en la vida. A las personas con albinismo nos atacan y matan. Dondequiera que vamos, sentimos miedo. Incluso he dejado de confiar en las personas y en los amigos porque, en la mayoría de los casos, quienes planean los ataques son amigos cercanos.

El acceso a la educación es otro reto al que nos enfrentamos. Ahora me hace gracia entender lo que pasaba en la escuela. Al principio, creía que todo el mundo veía como yo. Cuando el profesor escribía algo en la pizarra y yo no veía lo que ponía, creía que a todo el mundo le ocurría lo mismo. Me sentía totalmente fracasada. Repetí un curso porque el profesor pensaba que yo no sabía nada. De hecho, sabía; pero como no veía, me quedaba callada y no escribía nada.

Mi padre era profesor. En mi etapa escolar, él explicaba a los profesores mis dificultades (como los problemas de vista) y así podían ayudarme. Como tenía miopía, me dejaban los cuadernos en los que escribían las preguntas en lugar de obligarme a intentar leer la pizarra. Los otros niños decían que yo aprobaba porque el cuaderno tenía las respuestas, y que los profesores sencillamente me daban las respuestas en vez de las preguntas.

Un día, cierto profesor puso fin a ese rumor dejando que todos los niños contestaran las preguntas del mismo cuaderno. Otros profesores también eran conscientes y me dejaban más tiempo en los exámenes escritos, puesto que tardaba más en leer.


Un niño albino marcha por las calles de Harare, Zimbabue, en el día internacional de sensibilización sobre el albinismo. © Tsvangirayi Mukwazhi

“Si perdemos la vida, malogramos el desarrollo del país”

Ahora soy profesora. Quise ser profesora principalmente para ayudar a mis amigos y a otras personas con albinismo, cuyas experiencias comparto y entiendo. Ahora me reúno con otros docentes y les enseño la forma de trabajar en sus escuelas con niños que tienen albinismo.
Me gusta servir de ejemplo para los jóvenes. He encontrado niños con albinismo, y les ayudo animándolos a que se esfuercen.

También les conciencio sobre quiénes son y cómo pueden protegerse a sí mismos. Por ejemplo, siempre deben llevar ropa de manga larga para protegerse del sol. Si no lo hacen, deben resguardarse bajo una sombrilla. También les aconsejo que vayan al centro médico a por crema de protección solar, y les doy de la mía. La mayoría de ellos son de zonas rurales pobres.
Se puede apoyar a las personas con albinismo difundiendo información sobre protección, mediante la educación inclusiva y evitando la discriminación. Si perdemos la vida, malogramos el desarrollo del país. Cuando recibimos educación, contribuimos al desarrollo de Malawi. Matarnos es matar el desarrollo de Malawi.