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Bajo la lluvia, más de 100.000 personas acompañaron el cortejo fúnebre de las 146 víctimas del incendio de Triangle Shirtwaist en Nueva York, marzo de 1911. © Kheel Center

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Triangle Shirtwaist: el incendio que mató a 146 personas e impulsó los derechos laborales

Juan Ignacio Cortés, Colaborador de Amnistía Internacional,

El 25 de marzo de 1911, un incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist de Nueva York mató a 146 personas, la mayoría mujeres jóvenes inmigrantes, atrapadas por puertas cerradas, escaleras en mal estado y equipos de seguridad inoperantes. 

El incendio de Triangle Shirtwaist de 1911 fue el mayor desastre industrial de la historia de la ciudad, pero no fue un accidente sino el resultado de condiciones laborales abusivas, salarios de miseria y un desprecio total por la seguridad

Más de un siglo después, las trabajadoras de la industria textil global siguen enfrentándose a salarios por debajo del mínimo vital, jornadas extenuantes, violencia de género y represión sindical. La tragedia de Triangle Shirtwaist no es solo historia: es el origen de una lucha que continúa en las fábricas de Bangladesh, India, Pakistán y otros países productores donde las mujeres siguen enfrentándose a discriminación sistemática.

Este es el relato de cómo murieron 146 personas, de por qué sus muertes no fueron en vano, y de por qué la exigencia de "pan y rosas" sigue resonando cada 8 de marzo en las calles de todo el mundo. Un relato que recorre las causas del incendio, la impunidad de sus responsables, los avances que provocó y su legado vigente en la lucha feminista actual.

Cómo empezó el incendio: condiciones peligrosas y puertas cerradas

El incendio en la fábrica Triangle Shirtwaist comenzó a media tarde. Distintas versiones lo atribuyen a una colilla mal apagada en una papelera (las empleadas no tenían derecho a ningún tipo de descanso y fumaban a escondidas en cualquier rincón fuera de la vista de sus supervisores) o a una chispa provocada por una máquina. Algunos relatos consideran más que probable que detrás del fuego estuviese la intención de los dueños de la fábrica de cobrar la indemnización del seguro.

En cualquier caso, las llamas se propagaron rápidamente por un lugar lleno de material inflamable (telas, tintes, productos químicos...). Además, instalada en los últimos pisos de un edificio, la fábrica Triangle Shirtwaist era una verdadera ratonera. La deficiente conservación de los equipos de seguridad hizo el resto.

Uno de los dos montacargas que servían de nexo de unión entre la fábrica Triangle Shirtwaist y la calle pronto quedó inoperante. La manguera de la planta en la que se originó el fuego estaba podrida y resultaba inservible, además de que no existía una alarma en condiciones y muchas trabajadoras solo supieron del incendio al ver las llamas. Las escaleras de evacuación también estaban en deficiente estado de conservación.

Además de todo ello, una de las puertas de evacuación estaba cerrada para evitar que las trabajadoras se tomasen descansos no permitidos, robos de material y el acceso a las instalaciones de sindicalistas que pudieran fomentar la conciencia sindical de las trabajadoras.

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Más de 100.000 personas acompañaron el cortejo fúnebre de las víctimas del incendio de Triangle Shirtwaist por las calles de Nueva York en marzo de 1911. © Kheel Center

El desastre que pudo evitarse: 146 víctimas atrapadas en Triangle Shirtwaist

Los bomberos no tardaron en llegar, pero las escaleras de la fábrica textil Triangle Shirtwaist eran demasiado cortas y sus mangueras no tenían la suficiente potencia. El fuego transformó el montacargas y las escaleras en callejones sin salida. El aire era irrespirable y el calor insoportable. Decenas de trabajadoras se acercaron a las ventanas y saltaron.

En poco más de media hora, el fuego había consumido las tres plantas de la fábrica Triangle Shirtwaist y se extinguió, dejando tras de sí un rastro de dolor y muerte. En total, 146 personas (123 mujeres y 23 hombres) perdieron la vida. La mayoría eran inmigrantes jóvenes de Italia y Europa del Este, con edades entre 14 y 43 años.

Impunidad: los dueños absueltos de homicidio, 75 dólares por víctima

El incendio en esta fábrica téxtil fue el mayor desastre industrial sucedido en Nueva York y causó una profunda impresión en la opinión pública. Más de 100.000 personas (algunos cálculos elevan la cifra hasta las 400.000) acompañaron el cortejo fúnebre por las calles de Nueva York.

Los dueños de la fábrica, Max Blanck e Isaac Harris, conocidos por sus prácticas laborales extremadamente abusivas y su falta de consideración por los derechos y la seguridad de sus trabajadoras, fueron sometidos a juicio el año siguiente. Sus conexiones y un sistema judicial no especialmente preocupado por la justicia permitieron que fueran absueltos en el juicio penal del cargo de homicidio.

En el juicio civil por el incendio de Triangle Shirtwaist fueron encontrados culpables de muerte por negligencia y condenados a pagar una indemnización de 75 dólares a las familias de cada una de las víctimas. Aun así salieron ganando dinero, pues la compañía de seguros les abonó una compensación de 400 dólares por cada persona fallecida. 

Esta impunidad judicial no es historia antigua. El 24 de abril de 2013, el edificio Rana Plaza en Bangladesh colapsó, matando a 1.134 trabajadores. Trece años después, el juicio por los cargos de homicidio sigue sin concluir, a pesar de órdenes de la Corte Suprema para acelerarlo. Las personas que sobrevivieron siguen sin acceso a tratamiento médico y muchas marcas internacionales no han asumido una responsabilidad a la altura de los abusos documentados. Las condiciones de explotación que causaron Rana Plaza persisten en muchas fábricas, especialmente para las mujeres trabajadoras textiles; una realidad documentada en los derechos laborales de estas mujeres.

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Trabajadoras del ILGWU en huelga en los años 50, continuando la lucha iniciada tras el incendio de Triangle Shirtwaist. © Kheel Center

Después del incendio: nuevas leyes, sindicatos y resistencia

La muerte de 146 personas en el incendio de la fábrica Triangle Shirtwaist no fue en vano. Entre 1911 y 1915, el estado de Nueva York aprobó decenas de normas regulando condiciones de seguridad en el trabajo, horarios laborales, descansos y protección infantil. Fue uno de los mayores avances regulatorios en seguridad laboral de la época.

Pero la verdadera resistencia vino del sindicalismo. El Sindicato Internacional de las Mujeres Trabajadoras Textiles (ILGWU), aunque existía desde 1900, experimentó un crecimiento exponencial tras Triangle Shirtwaist. Sus huelgas previas (el levantamiento de las 20.000 en 1909 y la Gran Revuelta en 1910) ya habían puesto en el mapa la lucha de las trabajadoras textiles. 

Rose Schneiderman: el discurso que cambió la historia

Rose Schneiderman, activista socialista y feminista que lideró la organización de trabajadoras textiles, pronunció un discurso en el funeral que se haría legendario. Aquí sus palabras:

"Esta no es la primera vez que unas niñas mueren quemadas vivas en esta ciudad. Cada semana me entero de la prematura muerte de una de mis hermanas trabajadoras. Cada año, miles de nosotras quedamos mutiladas. La vida de los hombres y las mujeres es tan barata y la propiedad es tan sagrada... Somos tantas personas optando a un trabajo que importa poco si 146 trabajadoras mueren abrasadas".

En los años 20 y 30, el ILGWU sumaría decenas de miles de miembros y contribuiría de forma poderosa a conseguir mejoras salariales y de condiciones laborales para las trabajadoras textiles estadounidenses. Su labor demuestra que la libertad sindical sigue siendo fundamental para proteger los derechos humanos en el trabajo, especialmente en sectores feminizados como el textil.

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Rose Schneiderman, activista socialista y feminista que lideró la organización de trabajadoras textiles y pronunció un discurso legendario tras el incendio de Triangle Shirtwaist. © Kheel Center

Pan y rosas: el legado que sigue resonando cada 8 de marzo

Un año después del incendio, en enero de 1912, los trabajadores y trabajadoras textiles de Lawrence, en Massachusetts, fueron a la huelga para protestar por sus precarias condiciones laborales. Como en Triangle, muchas de las personas que trabajaban en la industria textil eran mujeres, la mayoría inmigrantes de Europa del Este.

La movilización pasaría a la historia como huelga de pan y rosas, nombre que viene de Bread and Roses, el himno que se popularizó durante las protestas. Más que una simple canción fue un manifiesto que reclamaba el sustento básico (el pan) y también la dignidad, belleza y humanidad (las rosas). Fue una declaración revolucionaria que decía que las trabajadoras merecían vivir, no solo sobrevivir. 

Ese clamor por la belleza, el pan y la solidaridad es el que sigue resonando en las calles de miles de ciudades alrededor del mundo cada 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer. En él vive la memoria de las 146 personas que murieron en el incendio de Triangle Shirtwaist y de tantas otras mujeres que, a lo largo de la historia, han arriesgado e incluso perdido la vida luchando por los derechos y la dignidad de las trabajadoras.

 

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