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Un niño palestino espera comida con una olla vacía

Un niño palestino espera con una olla vacía mientras organizaciones distribuyen comida caliente a los palestinos del campo de refugiados de Nuseirat, quienes padecen hambre debido a los ataques israelíes contra Gaza y al cierre de fronteras en Deir al-Balah, Gaza, el 2 de junio de 2025. (Foto de Moiz Salhi/Anadolu vía Getty Images)

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Trabajador sobre el terreno en Gaza: “Nos destroza ver pasar hambre a nuestros hijos”

Hace más de 21 meses que el mundo es testigo de un grado inconcebible de muerte y destrucción en la Franja de Gaza ocupada. El brutal ataque de Israel contra la población palestina de Gaza ha matado a decenas de miles de personas, borrado de la faz de la tierra a familias enteras, arrasado barrios residenciales, destruido infraestructuras críticas y desplazado forzosamente a casi la totalidad de la población de Gaza, causando una catástrofe humanitaria sin precedentes.

Amnistía Internacional trabaja en Gaza con profesionales sobre el terreno de confianza, personas excepcionalmente profesionales y dedicadas. A pesar de todas las adversidades, estas personas han seguido documentando violaciones de derechos humanos, visitando lugares donde se han producido ataques, recopilando pruebas y compartiendo historias, y todo ello mientras intentan proteger a sus familias y aferrarse a lo que queda de su vida bajo el genocidio que Israel sigue perpetrando.

En este relato conmovedor, nuestro trabajador sobre el terreno cuenta con valentía que sus esperanzas de un alto el fuego se han desvanecido. La realidad en la que vive es verdaderamente insoportable. Han destruido su casa, él y su familia se enfrentan una vez más al desplazamiento y los escasos alimentos disponibles no alcanzan. Tiene hambre, preocupación y miedo de lo que vendrá después.

Cuando se anunció el alto el fuego en Gaza, sentimos una gran alegría por poder volver por fin a nuestra casa en el norte. Regresamos el 8 de febrero, pero estábamos más asustados que felices, temiendo que nuestra vivienda hubiera quedado completamente destruida. Afortunadamente, seguía en pie, aunque algunos proyectiles habían impactado en la parte delantera y había marcas de fuego en las paredes.

Pero dentro no estaban los muebles, ni la ropa que habíamos dejado cuando nos desplazaron en octubre de 2023, y ni siquiera quedaban utensilios de cocina. La casa había sido saqueada. Aun así, nos quedamos. La limpiamos y reparamos, compramos algunos muebles básicos, nos adaptamos a la situación y vivimos allí durante tres meses. Conseguir agua potable era complicado, pero al menos durante el alto el fuego no estábamos esperando a que nos mataran. La tregua se rompió y la guerra regresó para llevarse lo que quedaba de nuestras almas. Para entonces, los pasos fronterizos estaban cerrados, los precios se dispararon y los productos comenzaron a desaparecer poco a poco.

Planté algunas verduras detrás de la casa, como menta, calabaza, chiles, berenjenas y albahaca, para tener algo a mano. Pero volvimos a la lucha más importante: el hambre. No había harina, ni comida. De la noche a la mañana, nuestra vida se convirtió en un infierno.

Las fuerzas armadas israelíes irrumpieron en nuestro barrio

El 15 de mayo, las fuerzas armadas israelíes irrumpieron en nuestro barrio y comenzaron a bombardear indiscriminadamente la zona. Huimos de nuestra casa bajo las bombas y los disparos, dejando todo atrás. Salimos corriendo a la calle y vagamos sin rumbo por un camino desconocido. Nos dimos cuenta de que habíamos vuelto al peor de los sufrimientos: el desplazamiento.

Nos refugiamos en la casa de mi hija en la ciudad de Gaza. Es una vivienda pequeña: dos habitaciones, una pequeña sala de estar y una cocina. Ella, su marido y sus dos hijos se quedaron en una habitación, y nosotros en la otra.

Después de tres meses con los pasos fronterizos cerrados, aunque se pudiera encontrar harina no podía pagarse. La comisión por retirar dinero en efectivo es de hasta un 45%. Una familia numerosa como la mía tiene bastantes gastos, y en los mercados faltaba toda clase de alimentos. Ansiábamos numerosos de ellos, y llevábamos meses sin probar la carne, el pollo ni los dulces. Vivimos en una situación de hambruna intensa.

Nos destroza ver pasar hambre a nuestros hijos. No tenemos nada con lo que sostener la vida. La vida en Gaza se ha vuelto insoportable. Vivimos en la humillación y la degradación.

Nos están matando de hambre

Sí, en la Franja entra algo de ayuda, pero no la suficiente para cubrir la enorme necesidad, y además lo poco que entra llega a muy poca gente.

No me da vergüenza decirlo en público: Yo, al igual que mi familia y mis hijos, paso hambre.

Cuento la verdad tal y como es. El dolor del hambre es insoportable.

No somos débiles, pero la guerra nos ha partido los huesos y el asedio nos ha vaciado el estómago.

No somos mendigos. Somos personas con derechos humanos. Somos gente de esta tierra.

Estamos siendo asediados. Nos están matando de hambre.

He dicho lo que siento, lo que siente cada hogar de Gaza. Nuestros hijos pasan hambre y luchamos por sobrevivir. Por conseguir aunque sea un bocado de comida. Por la vida.

Soy un ser humano. Padre, hermano, vecino.

Conozco el sufrimiento de la gente porque lo vivo a cada momento.

Después de haber sido desplazados de nuestra casa en el norte durante la última incursión, las fuerzas israelíes hicieron una breve incursión en nuestro barrio y destruyeron todas las viviendas. La nuestra también. Fue derribada brutalmente. Destruyeron nuestros recuerdos en esa casa, cada momento que habíamos vivido allí durante nueve años.

Ya no queda nada

Teníamos una casa preciosa y cálida, llena de paz. Delante había un pequeño terreno donde plantamos hortalizas, olivos y tomillo. Teníamos un corral y un lugar donde sentarnos al final de la jornada. Ya no queda nada. Ni la casa ni la tierra para sembrar.

No sólo morimos por las bombas. También morimos de hambre.

El hambre ha destruido hogares, ha hecho llorar a los ancianos como si fueran niños y ha convertido el pan en un bien inalcanzable.

Antes criticábamos el lanzamiento de ayuda humanitaria desde el aire. Era peligroso e ineficaz. En algunas ocasiones las latas habían provocado víctimas mortales al caer. Pero resulta que era más compasivo que el método actual de distribución, que cada día se cobra decenas de vidas.

Humillación. Ignominia. Homicidio. Vandalismo. Sangre. Tristeza. Duelo.

Somos muertos vivientes envueltos en nuestros sudarios.

No estamos bien.

 

Se ha omitido el nombre del autor por motivos de seguridad.

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