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Manifestación a favor de las personas refugiadas. © Francisco Ruano

#SoyRefugio de canciones

El 26 de septiembre concluye el plazo para que el Gobierno español cumpla su compromiso con la Unión Europa de acoger a 17.337 personas refugiadas. El pasado 5 de mayo apenas había recibido a 1.304, menos del 8% de esa cifra. A ese ritmo, tardaría 23 años en alcanzarla.

El incumplimiento del Gobierno (denunciado por casi 70.000 firmas recogidas por Amnistía Internacional en las últimas tres semanas) adquiere especial gravedad en este 20 de junio, Día Mundial de las Personas Refugiadas. Una fecha clave para aumentar la sensibilización social sobre un problema que afecta a más de 21 millones de personas en todo el mundo. El 86%  reciben acogida en países de ingresos bajos y medios, en contraste con el egoísmo y la racanería de los países ricos, que no hace sino empeorar su situación.

Ponemos música y voz a la protesta contra esa realidad, llenamos de canciones la campaña #SoyRefugio de Amnistía Internacional España.

Porque "Imagina", como John Lennon, "que no hay países". Imagina "a todo el mundo viviendo el día a día", "viviendo la vida en paz", "compartiendo el mundo"... Y escucha su mensaje de esperanza: "Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros, y el mundo será uno solo", "vivirá como uno solo".

No será fácil, como retrata el grupo Reincidentes en "Refugiados", porque "los hijos de la guerra, los dueños del vacío, ya ni llaman la atención" en nuestro acomodado mundo de "sillón" y "alta definición". Para las personas refugiadas, tratadas muchas veces como "las sobras de la humanidad", "todo es provisional". Y si "cada enfermo y cada muerte les recuerdan a los que no están", en medio de "nuestra apatía", la necesidad anima a aferrarse "al clavo ardiendo de la solidaridad".

No será fácil, como describe Chambao en "Papeles mojados", porque "miles de sombras, cada noche, trae la marea", miles de seres humanos que "navegan 'cargaos' de ilusiones que en la orilla se quedan". Y además, "muchos no llegan, se hunden sus sueños: papeles 'mojaos', papeles sin dueño". Al ver el miedo reflejado en sus ojos, "la mar se echó a llorar".

La mar, el mar. Como ese doloroso Mediterráneo que el año pasado se cobró más de 5.000 vidas. Como ese sensible "Mediterráneo" de Joan Manuel Serrat, un tesoro musical que desborda el alma de quienes nacieron a sus orillas: "Llevo tu luz y tu olor / por donde quiera que vaya, / y amontonado en tu arena / guardo amor, juegos y penas. / Yo, que en la piel tengo el sabor /  amargo del llanto eterno / que han vertido en ti cien pueblos, / de Algeciras a Estambul..."

De Algeciras a Estambul, de Estambul a Algeciras, el Mediterráneo dibuja ciertas señas culturales por encima de las indudables diferencias políticas y religiosas. Incluido un espíritu de intercambio que también comparten otros pueblos y otros mares más allá de las fronteras mediterráneas. Como el grupo portorriqueño Calle 13, empeñado en dar "La vuelta al mundo" con esta canción y con "las ganas de vivir, las ganas de cruzar, las ganas de conocer lo que hay después del mar".

Y como el grupo catalán Txarango, que "Resiste y grita" porque cree que otro mundo es posible y que hay que abrir fronteras. Como dice su canción, lo primero es resistir: "Alma libre, resiste; resiste la vida; si te quieren callar, canta con rebeldía". Después "contraatacar, con tanques de canciones; desalambrar vallas y corazones". Y, finalmente, armarse "de futuro", porque  "habrá un camino contra el muro; levantaremos un mundo mejor".



Hacer un mundo mejor, aunque sea, toc-toc, "Llamando a la puerta del cielo" como Guns N' Roses en su exitosa versión de la canción "Knockin' on heavens's door" de Bob Dylan.

Hacer un mundo mejor, aunque sea cantando "Coplas de exilio", como Lluís Llach al musicar el poema "Corrandes d'exili" de Pere Quart, que el día de su forzosa partida de Cataluña dejó "media vida adormecida", pero "me llevé la otra mitad, para no quedar sin vida".

La vida sigue, aunque a veces duelan "los pañuelos y las pupilas borrosas de los que dejamos lejos", como escribió Rafael Amor y también cantaron Alberto Cortez y Facundo Cabral en "No me llames extranjero". Un alegato contra la xenofobia y a favor de la igualdad de cualquier persona, aunque "haya nacido lejos" o "tenga otro nombre la tierra de donde vengo". Y un llamamiento a la solidaridad de igual a igual: "No me llames extranjero porque tu pan y tu fuego / calmen mi hambre y mi frío, y me cobije tu techo. / No me llames extranjero, tu trigo es como mi trigo, / tu mano como la mía, tu fuego como mi fuego, / y el hambre no avisa nunca, vive cambiando de dueño".

No, no llames a nadie "extranjero, que es una palabra triste" y "helada" que "huele a olvido y a destierro". Una palabra desconocida "cuando no existían fronteras", y que inventaron "los que dividen y matan, / los que roban, los que mienten, los que venden nuestros sueños". No, "no me llames extranjero, mírame bien a los ojos, / mucho más allá del odio, del egoísmo y el miedo, / y verás que soy un hombre: no puedo ser extranjero".

"Imagina", entonces, a todas las personas "compartiendo el mundo", que será y "vivirá como uno solo". Ya nadie será extranjero.