Actuamos por los derechos humanos
en todo el mundo

Buscar
  • Blog
Una inmensa mayoría mujeres gritan consignas durante la manifestación del Día Internacional de la Mujer en Madrid, el jueves 8 de marzo de 2018. © AP Photo/Francisco Seco

#Cumplimos40

"No nos metamos en eso"

Carmen López (@lacarmenlolo), responsable de Medios en Amnistía Internacional, 

En enero de 2018, sí, este mismo año, Mariano Rajoy solventaba una pregunta sobre discriminación salarial entre hombres y mujeres con un "no nos metamos en eso".

Al más puro estilo de "lo-que-no-se-nombra-no-existe", el presidente del Gobierno con una tranquilidad pasmosa recordaba que de las cosas de mujeres no se habla. ¡Cómo Dios manda, cómo siempre ha sido! ¡Cómo se ha hecho durante décadas con la violencia machista, por poner un ejemplo!

En estos 40 años, sin duda, España ha avanzado en el reconocimiento de los derechos de las mujeres, pero estos avances se produjeron gracias a que fueron ellas las que alzaron la voz, denunciaron discriminación, desigualdad de oportunidades y contaron en primera persona las agresiones que vivían día tras día dentro y fuera de casa.

Ana y la violencia de género

Captura de vídeo de Ana Orantes

Ana Orantes fue asesinada por la espalda el 17 de diciembre de 1997. Su asesino, José Parejo, le echó gasolina y la quemó viva. La última agresión, tras 40 años de malos tratos, palizas y once hijos en común. Ana Orantes le había denunciado en numerosas ocasiones, pero las autoridades no tomaron ninguna media para protegerla. Ni a ella, ni a sus hijos. Se divorció y la casa familiar se tuvo que dividir en dos pisos. Ana y su asesino vivían puerta con puerta.

Durante los más de 16.400 días que duró su matrimonio, Ana escuchó que no valía nada. Pero tuvo la valentía de ser una de las primeras mujeres que contara públicamente su historia de malos tratos. Pensó que a lo mejor así alguien la ayudaría. Fue la estocada final. Su historia y su brutal asesinato, la convirtieron en un símbolo de la lucha contra la violencia de género.

He vuelto a escuchar la entrevista de Ana 20 años después. Impresiona su fuerza y su potencia para relatar una historia de malos tratos que empezó cuando tenía 19 años. Pero lo que más duele es cómo detrás de su relato se esconde el saber y callar colectivo. El padre que dice: "hija, este hombre no es para ti". El primo que pide permiso a su marido para poder bailar media canción con ella. La suegra que después de una cara amoratada dice "no haber bailado". El vecino que sólo amenaza con llamar a la Guardia Civil si vuelve a pegarla. En eso, la sociedad no se metía.

Las mujeres españolas venían de 40 años educadas en la ideología de la Sección Femenina, con mensajes tipo "La vida de toda mujer, a pesar de cuanto ella quiera simular, no es más que un eterno deseo de encontrar a quien someterse". Una ideología plasmada en leyes como las recogidas en el Código Penal español, donde hasta 1963 el adulterio de las mujeres se castigaba con penas de prisión menor. Una sociedad educada y legislada en la tolerancia al maltratador, al crimen pasional, al "la maté porque era mía". Una sociedad acostumbrada a callar por todo, y sobre todo por lo que pasaba de puertas para adentro. 

Avances con freno y marcha atrás

La presión de organizaciones feministas consiguió que en el artículo 14 de la Constitución de 1978 se recogiera que las españolas y los españoles son iguales ante la ley, sin discriminación por razón de sexo.

Las mujeres empezaron a ocupar el mercado laboral. Se las equiparó jurídicamente a los hombres en el matrimonio, podían abrir sus cuentas bancarias sin el permiso de sus maridos. Se despenalizaron el adulterio, las relaciones prematrimoniales, el uso de anticonceptivos, se igualó la patria potestad de hijas e hijos, se legalizó el aborto en algunos supuestos y también el divorcio.

Y, además, Ana Orantes sacó la violencia de género de la casa para llevarla a un plató de televisión. Porque Ana decidió entrar en eso. Tras su asesinato, se produjeron avances legales que endurecieron las condenas de los agresores. Dos años después de su muerte se celebraba en España el primer Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. Y, en 2005, se aprobaba la Ley Integral contra la Violencia de Género.

Sin embargo, más de 20 años después de su asesinato, siguen muriendo mujeres a manos de sus parejas o ex parejas (49 en 2017), siguen asesinando a sus hijos e hijas (8 en 2017) para hacerlas daño, siguen obligando a menores a visitar a sus padres aunque haya indicios de malos tratos o agresiones sexuales. Veinte años después sigue cuestionándose la versión de las víctimas, también de las de violencia sexual sobre quienes, además, pesa el "¿se-resistió-lo-suficiente?". Y que ambas, tal y como Amnistía Internacional denuncia, siguen sufriendo un maltrato mayor, en este caso por las instituciones, desde el momento en que deciden poner una denuncia.

Estas cifras nos recuerdan que no se puede bajar la guardia. Aunque hay avances importantes como el Pacto de Estado contra la Violencia de Género, aprobado a finales de 2017, Amnistía Internacional seguirá pendiente de que las medidas que anuncia cuentan con presupuesto para hacerlas eficaces y sirven realmente para proteger a las víctimas de la violencia machista.

El tiempo de las soluciones


Manifestación contra la reforma de la Ley del Aborto, sábado 1 de febrero de 2014. © GTRESONLINE /Andres Kudacki

España se enfrenta en estos momentos a numerosos retos para convertir los derechos de las mujeres en una realidad. Las mujeres y las organizaciones feministas no están dispuestas a que se sigan recortando sus derechos. Millones de mujeres salieron a las calles españolas el pasado8 de marzo para demostrar que se han metido en esto hasta el fondo. La desigualdad sigue estando en la base de la violencia contra las mujeres, y quieren que se tomen medidas para poner fin a esa desigualdad. Por poner un ejemplo del ámbito laboral, sólo un 46'6 por ciento de las mujeres forman parte del mercado laboral, frente al 53'4 por ciento de los hombres. Sólo en el 26 por ciento de los casos ocupan cargos directivos. Las mujeres cobran el 23 por ciento menos que los hombres. El 75 por ciento de los contratos parciales o el 67 por ciento de los precarios estén en manos de mujer.

Y lo que es un rotundo fracaso como sociedad, es que después de tantos años de lucha por los derechos de las mujeres, en nuestra sociedad todavía 1 de cada 4 (el 27,4 por ciento) de los y las jóvenes vea "normal" la violencia de género. Sigue quedando mucho por hacer por la igualdad. Y las mujeres y las organizaciones feministas quieren que los partidos políticos y el Gobierno se metan en eso. A día de hoy, las mujeres ya no esperan respuestas, quieren soluciones.