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Roghul Khairzad, senadora en Afganistán. © AI

La mujer más valiente de Afganistán

Por Ben Beaumont, Amnistía Internacional, 

Roghul Khairzad, senadora en Afganistán, no dejará de luchar por los derechos de las mujeres en su país, pese a los terribles ataques que han sufrido ella y su familia.

 

¿Quieres aportar tu granito de arena? Firma nuestra petición para que el gobierno afgano tome medidas para proteger a defensoras de los derechos de las mujeres. ¡Ayúdanos a conseguirlo!

 

El 4 de agosto de 2013, dos días antes de la fiesta musulmana de Eid, los talibanes atacaron mi vehículo cuando llevaba a casa a mi familia. Mataron a mi hija Dunya, de nueve años, y a mi hermano Ghulam Jailani. La hermana gemela de Dunya quedó paralizada a causa de las heridas que sufrió. Yo recibí nueve disparos, algunos en el hígado, un pulmón y una pierna.

El 8 de enero de 2015 me atacaron de nuevo: cuatro hombres armados abrieron fuego contra mi automóvil. Estuve en coma dos semanas y faltó poco para morir. Lucho por mi recuperación desde entonces y he tenido que salir del país para recibir tratamiento. Mi hijo sufre el trauma de haber presenciado el ataque.

Cuando salí del hospital después del primer ataque, volví directamente al trabajo. Todo el mundo dijo: “¿Cómo puedes volver con las amenazas que se ciernen sobre ti?” Pero yo quería mostrarles que puedo seguir trabajando. Y quería motivar a otras mujeres para que continúen también con su trabajo. El Ministerio de Asuntos de la Mujer me concedió un premio por ser la mujer más valiente de Afganistán.

Mi lucha ha tenido un precio

 

No encuentro suficientes palabras para agradecer a Amnistía todo el apoyo que nos ha brindado a mí y a otras mujeres afganas en situaciones muy difíciles. Han estado a mi lado y no han dejado de apoyarme en diferentes fases de mi vida. Ustedes me dan poder. Me dan energía. Sin ustedes no podría ver con tanta pasión mi futuro.

Pero no estoy sola. Los talibanes no tienen piedad de nadie, sobre todo si se trata de mujeres que trabajan por los derechos de las mujeres o de mujeres que quieren estar en puestos de toma de decisiones. Quieren sembrar el miedo y poner fin a nuestras actividades.

Por supuesto, mi lucha ha tenido un precio. Mi familia vive con miedo constante. A veces siento vergüenza porque todo lo que les ha ocurrido ha sido por mi trabajo y por aquello en lo que creo. Me dicen: “Mira lo que nos has hecho. No tenemos vida por culpa de lo que tú haces”.

Siempre he pensado que sería inquebrantable, pero ahora creo que estoy destrozada. Ahora estoy en otro país y estoy segura y protegida, pero para mí esto es también como una derrota. Quiero estar en Afganistán y quiero luchar por los derechos del pueblo afgano.

Pero tengo mucho miedo de que vuelvan a atacar a mi familia. Me siento como un gato, llevando a mis hijos de un lugar a otro, sin poder dejarlos en un lugar y acomodarlos en condiciones de seguridad.

Somos más fuertes

He mantenido informados a los servicios de inteligencia de las amenazas que he recibido, pero la respuesta oficial ha sido casi inexistente. Y sigo sin tener respuesta sobre quiénes fueron los responsables de la muerte de mi hija y mi hermano.

El gobierno afgano no hace nada por las mujeres. Si hubiera suficiente apoyo, habría tenido más protección. Si un político hombre hubiera sufrido las amenazas y los ataques que yo sufrí, habría estado rodeado de escoltas. Pero cuando se trata de mujeres, el gobierno mira hacia otro lado.

Mi mensaje a los defensores y las defensoras de los derechos humanos de las mujeres afganas es que somos más fuertes y más poderosas que los hombres. No creo que debamos pensar en tener igualdad con los hombres en Afganistán, porque son hombres que han destruido nuestro país, que han violado a nuestros hijos e hijas, que han hecho tantas cosas malas. Somos mucho mejores que ellos, y debemos luchar por esa mejora, para identificar nuestras fortalezas y hacer avanzar la situación.

Ustedes me dan poder

No encuentro suficientes palabras para agradecer a Amnistía todo el apoyo que nos ha brindado a mí y a otras mujeres afganas en situaciones muy difíciles. Han estado a mi lado y no han dejado de apoyarme en diferentes fases de mi vida. Ustedes me dan poder. Me dan energía. Sin ustedes no podría ver con tanta pasión mi futuro.

Me gustaría pedirles a ustedes y a sus simpatizantes que sigan apoyando a las mujeres afganas, incluidas las mujeres que están en la política, la administración pública y otras áreas de la vida que intentan llevar el cambio a las vidas de otras mujeres.

No voy a abandonar la política. Seguiré luchando, seguiré defendiendo los derechos del pueblo afgano. Cuando se tiene una misión superior en la vida, puede ser lo bastante importante para continuar.

Mi intención es trabajar con suficiente empeño para construir un futuro mejor para todas las mujeres vulnerables de mi país que se encuentran en una situación de grave necesidad. La política es mi pasión, es lo que he elegido hacer y es lo que seguiré haciendo.