Amnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsAmnesty IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid IconsCovid Icons
Actuamos por los derechos humanos
en todo el mundo
Kike Vázquez, activista mexicano por los derechos de las personas con discapacidad, durante una actuación.

Kike Vázquez, conocido en redes como Kike Bien Parado, combina el humor y la divulgación para combatir el capacitismo desde una perspectiva de derechos humanos. © Cedida por Kike Vázquez.

Blog

Kike Vázquez explica qué es el capacitismo y cómo combatirlo

Alberto Senante, Colaborador de Amnistía Internacional,

Activista mexicano por los derechos de las personas con discapacidad, psicólogo, humorista, youtuber y conferenciante. Conversamos con Kike Vázquez, conocido en redes como "Kike Bien Parado", sobre discriminación, piropos que esconden prejuicios y, sobre todo, sobre cómo combatir las ideas capacitistas con las que hemos crecido.

En tus videos y charlas hablas del capacitismo, ¿cómo explicarías este concepto?

Es el prejuicio que existe hacia los cuerpos que no encajan en lo que socialmente consideramos normal. Ese prejuicio da lugar a múltiples prácticas de marginación. Todos hemos sido educados en esa forma de entender el cuerpo, en esa diferenciación, en esa frontera rígida entre lo que se considera normal y lo que no.

¿Qué recomiendas para poco a poco ir saliendo de esos prejuicios?

Creo que una de las principales recomendaciones que podría hacer es empezar a mirar a la comunidad con discapacidad como eso, como una comunidad perteneciente a una sociedad en un sentido más amplio; pero que tiene su propia historia, sus propias tradiciones, sus propias luchas, sus propios aportes hacia la comunidad. 

Y empezar a separarnos del discurso médico que siempre está rondando alrededor de la discapacidad. Porque digamos que los médicos me pueden decir qué tengo, que es la parálisis cerebral, pero los médicos no me van a defender cuando una escuela no me deje estudiar en algún lugar, no me van a defender cuando yo vaya a buscar un trabajo y no me lo den porque no estén listos para recibirme…

Tenemos que empezar a entender que la discapacidad no depende solo de la configuración física de una persona, sino también de las barreras con las que se encuentra en su entorno. Y esas barreras no son únicamente arquitectónicas, como una rampa o unas escaleras; también pueden ser actitudinales, jurídicas, relacionales y de muchos otros tipos.

Y empezar a entender la discapacidad desde este enfoque va reduciendo poco a poco el capacitismo porque nos hace entender que enfrente de mí hay una persona que se está enfrentando a barreras, al igual que yo. Quizá no en el mismo nivel ni del mismo tipo, pero al emparentarnos en este entendimiento de que todas las personas en algún momento de nuestra vida enfrentamos alguna barrera, nos es más fácil, digamos, hacer de lado el discurso médico y empezar a involucrarnos desde un aspecto más social. 

Creo que cualquiera tenemos mucho más claras cuáles son esas barreras físicas, pero mucho menos las invisibles, las sutiles. ¿Cuáles son?

Por ejemplo, a la comunidad sorda se le vulneran sus derechos lingüísticos. Es una barrera del lenguaje, una barrera idiomática, que las personas oyentes no aprendan lengua de signos. Allá en España es la lengua de signos, acá en México es lengua de señas, pero la mayoría de las personas oyentes no conocemos la lengua de señas. Entonces, el simple hecho de brincarte un derecho lingüístico, ya vulnera la capacidad de entrar a un trabajo, de ir a una escuela, de tener un servicio médico decente, hay un montón de derechos que van concatenados.

Hay algo que he estado estudiando un poco, y es el derecho a cometer una estupidez, el derecho a equivocarse. Los hegemónicos tienen el derecho a equivocarse, pero una persona con discapacidad, como es vista bajo la lupa, tiene que estar en constante optimización para poder pertenecer a la sociedad. En cuanto se equivoca no es que cometió un error, es que como está malito no puede hacerlo, y entonces se le pone un techo de cristal. Hay que pagar una factura de funcionalidad para ser considerado como un igual. 

Otra cosa que sucede mucho en la comunidad con discapacidad es la condescendencia, en el sentido de que los esfuerzos, los recursos o las artes que provienen de personas con discapacidad no son igualmente valoradas que si las hiciera una persona sin discapacidad. 

Sea en el arte o en una propuesta de ley, si proviene directamente de las personas con discapacidad son tomadas en cuenta como de juguete, o como ejercicios para las personas con discapacidad. Y eso nos hace caer en un paternalismo, en una condescendencia que resta poder social, cultural, comunitario, incluso jurídico a la comunidad con discapacidad.

Hay además una falsa igualdad, en el sentido de que todos tenemos derecho a una relación, pero socialmente cuando un hegemónico establece una relación con una persona con discapacidad suele pensarse que el hegemónico le hace el favor de ser su amigo. Entonces no hay una amistad genuina. Porque somos incapaces de reconocer que una persona con discapacidad contribuye en sus relaciones, contribuye a sus familias y contribuye directamente a su comunidad.

Kike Pérez sostiene un micrófono y una tortilla de maíz durante una actuación de humor.

Kike Vázquez utiliza el humor para cuestionar los prejuicios sobre la discapacidad y acercar el debate sobre el capacitismo al público. © Foto cedida por Kike Vázquez

En tu caso, la discapacidad que tienes es parálisis cerebral, ¿en qué se diferencia la realidad con los prejuicios que solemos tener sobre ella?

Lo más común que me he encontrado, y que he escuchado incluso de profesionales de la salud, es la idea de que tener parálisis cerebral significa tener el cerebro paralizado. Según ese prejuicio, eso implica no entender lo que ocurre a mi alrededor o no tener la capacidad de aprender, recordar o actuar. Sin embargo, la parálisis cerebral debería entenderse como lo que realmente es: un trastorno neuromotor.

El hecho de que la gente piense que yo vivo con el cerebro paralizado hace que mucha gente inmediatamente entre en esta actitud en la que, como yo no entiendo, entonces ya no me hablan directamente a mí, le hablan a la persona que me está acompañando, o asumen que yo no voy a poder hacer ciertas cosas. Entonces ya no me preguntan o me aíslan de ciertas situaciones sin preguntarme, sin hacerme participar, solo asumen que yo no lo voy a entender o no lo voy a hacer.

Tambiénes muy común en personas con discapacidad la infantilización, que muchas veces viene de la misma familia. El pensar que no tiene inquietudes de adulto, que no va desarrollando intereses o actitudes conforme a su edad. Y eso obviamente impide que aprendamos más habilidades, que conozcamos, que satisfagamos diferentes curiosidades, que aprendamos distintas cosas.

Algo muy común que pasa cuando la gente me ve y no me conoce pero sabe que tengo parálisis también es la de pensar que soy un enfermo irremediable. Entonces no importa lo que diga, no importa lo que haga, no importa si doy una ponencia justo hablando de cómo este tipo de prejuicios hacen daño a la comunidad con discapacidad, siempre hay alguien que tuerce mi discurso hacia el ‘eres un ejemplo de vida para todos nosotros que nos decimos normales’.

¿Cómo nace tu labor de divulgación en redes sociales? ¿Qué objetivos persigues con ella?

Nace de la proliferación de charlatanes y de gente vendiendo desinformación, sin el más mínimo conocimiento de lo que habla pero con una seguridad increíble para decir las tonterías que dicen. Nace de esta onda de decir ‘no es cierto, no es así’. De alguna manera creo que la comedia también me ha ayudado mucho, porque la comedia es una especie de foco que me permite ir cazando absurdos y no hay nada más absurdo que estos discursos, porque no representan la vida real de las personas con discapacidad.

Persigo que la gente se interese y que el cuestionamiento al capacitismo es un paso a favor de todas las personas, porque en realidad, en mayor o menor medida, a todas nos afecta esta fantasía de la integridad física obligatoria. A todas nos afecta la infantilización, a todas nos afecta la patologización en mayor o menor medida. Pero para mí la discapacidad es como la última frontera, es el ejemplo máximo de los efectos que este tipo de discursos pueden tener. Entonces para mí se trata de ir informando, pero sobre todo ir señalando los absurdos e ir permitiendo un diálogo con la gente.

Muchas veces, en los temas de discapacidad el discurso siempre fue manipulado y manejado por personas sin discapacidad que nos hablan de lo que ellos piensan que es vivir con discapacidad. Al hablarlo desde la comedia, desde lo que conozco, dando autoras, autores y permitiendo el diálogo también, voy abriendo la puerta a que a la gente le dé más curiosidad y tenga más ganas de conocer otras perspectivas, más allá de la que nos han contado.

Kike Vázquez de espaldas sobre un escenario durante una charla ante un auditorio lleno de público.

Kike Vázquez ofrece conferencias y monólogos en los que reflexiona sobre discapacidad, capacitismo y derechos humanos desde el humor y la experiencia personal. © Kike Vázquez / X

En muchas ocasiones la cuestión de la discapacidad se habla en términos de “inclusión” o de “ayuda”, pero no como una cuestión de derechos humanos. ¿De qué forma crees que podemos unir estos dos conceptos?

Sí, es algo de lo que he conversado mucho. Las asociaciones de derechos humanos no aparecen cuando todo está bien, aparecen cuando un derecho está siendo vulnerado.

Creo que la visión de la inclusión es fantasiosa o es un espejismo, porque pensar en la inclusión es asumir que ya tenemos todo eso [los derechos] garantizados, y no más hace falta que nos abran la puerta. Y no estamos ahí, no estamos en este mundo en donde nuestros derechos están garantizados, al contrario, estamos en un mundo en donde la comunidad con discapacidad está en resistencia todo el tiempo.

Entonces creo que donde conviven o se tocan el panorama de los derechos humanos y el tema de la inclusión es en la exclusión. Estamos muy preocupados por cómo incluimos, pero no nos hemos preguntado cuántas de nuestras prácticas o nuestros entendimientos excluyen, cuánto de lo que hago impide que alguien acceda a algo. Las personas que dejan encerradas en sus casas a las personas con discapacidad no piensan que les están quitando la oportunidad de conocer gente, la oportunidad del ocio, la oportunidad del aprendizaje, la oportunidad de tener una identidad. No piensan en eso, piensan en que es por su bien, porque él no puede…

Entonces, creo que el panorama irá cambiando cuando nos enfoquemos más en la exclusión. Todo mundo dice hay que lograr la inclusión, pero si estamos hablando de la inclusión, quiere decir que hay un capataz que tiene la llave que abre la puerta de los que están afuera y de los que están adentro. ¿Quién tiene esa llave? ¿Quién dice quién sí y quién no? ¿Cuáles son las prácticas que abren y cierran esa puerta para decir que uno está incluido y que otro está excluido? Cuando metemos la exclusión a la pregunta nos vamos dando cuenta de que uno ha podido ser el villano de esta historia. Incluso sin quererlo, incluso suponiendo que lo hacía ‘por su bien’.

Contigo somos independientes

Amnistía Internacional lo forman personas que defienden una humanidad justa y libre alrededor del mundo. Personas como tú, que creen en nuestro trabajo. Por eso, si tú también defiendes los derechos humanos, te necesitamos para seguir siendo independientes. Puedes hacerlo desde aquí en menos de un minuto, con cuotas a partir de 4 € al mes.

Nos mantenemos firmes con nuestros principios: no aceptamos ni una sola subvención de ningún gobierno, ni donaciones de partidos políticos.

Haz posible nuestra independencia.