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Apartheid de género: la opresión extrema que sigue impune. © Kiana Hayeri / Amnesty International

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Apartheid de género: la brutal opresión contra las mujeres que sigue sin condena internacional

Por Amnistía Internacional,

Si existiera un sistema que prohibiera a la mitad de la población estudiar, trabajar o tomar decisiones sobre su propia vida, ¿cómo lo llamarías? Eso es exactamente lo que sufren millones de mujeres y niñas en el mundo bajo el apartheid de género, un crimen aún no reconocido por la justicia internacional.

El apartheid de género hace referencia a un sistema institucionalizado de discriminación y opresión basado en el género, impuesto por el Estado o estructuras de poder para perpetuar la dominación de un grupo sobre otro. Este concepto engloba la segregación y exclusión sistemáticas que sufren mujeres, niñas y personas LGBTIQ+ en distintos contextos del mundo.

Actualmente, el apartheid de género se ha denunciado en regímenes donde el Estado impone restricciones sistemáticas que limitan derechos básicos como la educación, el trabajo, la libertad de movimiento y la participación en la vida pública.

A pesar de su brutalidad, el apartheid de género aún no ha sido reconocido como un crimen de derecho internacional. Actualmente, el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional contempla la persecución por motivos de género como un crimen de lesa humanidad, pero no recoge el carácter sistemático e institucionalizado de la opresión que define el apartheid de género. Este vacío legal deja sin una respuesta contundente a millones de mujeres y niñas que viven bajo sistemas de discriminación extrema y perpetúa la impunidad de los regímenes que los imponen. Reconocerlo permitiría visibilizar y abordar con más contundencia estos sistemas de opresión, brindando herramientas legales para investigar, enjuiciar y sancionar a quienes lo perpetúan. En palabras de la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, "el mundo no ha reconocido ni abordado adecuadamente la dominación y opresión sistemáticas de las mujeres, y es hora de que esto cambie".

Una mujer mira a través de una ventana

El apartheid de género: una forma extrema de opresión que debe ser reconocida. © Kiana Hayeri / Amnesty International

Origen del concepto “apartheid de género” y su evolución

El concepto de apartheid de género fue articulado por primera vez en la década de 1990 por defensoras afganas de los derechos humanos y movimientos feministas. Surgió como respuesta a la brutal represión impuesta por los talibanes cuando tomaron el poder en Afganistán en 1996. Durante su primer régimen (1996-2001), los talibanes prohibieron la educación y el empleo a las mujeres, restringieron su libertad de movimiento y las obligaron a cumplir normas de vestimenta extremadamente estrictas bajo amenaza de castigo. Ante esta realidad, activistas feministas denunciaron que las políticas talibanas no eran meros actos de discriminación, sino que constituían un sistema de segregación institucionalizada.

Tras la caída del primer régimen talibán en 2001, el término dejó de utilizarse con tanta frecuencia en el discurso internacional. Sin embargo, su relevancia resurgió con fuerza en 2021, cuando los talibanes retomaron el control de Afganistán y restablecieron políticas aún más draconianas contra mujeres y niñas. Líderes feministas afganas como Mahbouba Seraj y Zarqa Yaftali, junto con organizaciones internacionales de derechos humanos, volvieron a impulsar el término "apartheid de género" para describir la opresión sistemática que sufren las mujeres. De manera paralela, activistas y defensoras de los derechos de las mujeres en otros países comenzaron a emplear este concepto para denunciar sistemas de segregación y control que restringen severamente sus derechos, especialmente en contextos donde las leyes y normas impuestas refuerzan su subordinación y limitan su participación en la sociedad.

Varias galardonadas con el Premio Nobel de la Paz, incluidas Malala Yousafzai y Shirin Ebadi, han apoyado la idea de reconocer el apartheid de género en el derecho internacional. También, Richard Bennett, Relator Especial sobre la situación de los derechos humanos en Afganistán, y Dorothy Estrada-Tanck, presidenta del Grupo de Trabajo sobre la discriminación contra las mujeres y las niñas, afirmaron en su informe conjunto al Consejo de Derechos Humanos de la ONU que las mujeres y niñas afganas están sufriendo una discriminación severa que podría denominarse apartheid de género.

Malala Yousafzai y Fawzia Koofi

Malala Yousafzai (izquierda) con Fawzia Koofi, política afgana y activista de los derechos de las mujeres (derecha). © Imageplotter / Avalon

Diferencia entre persecución de género y apartheid de género

El Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) reconoce la persecución por motivos de género como un crimen de lesa humanidad. Esto implica que los responsables de violaciones graves de derechos humanos por razones de género pueden ser procesados. Sin embargo, este concepto no abarca por completo la magnitud de la opresión sistemática e institucionalizada que define el apartheid de género.

Mientras que la persecución de género se centra en actos concretos de violencia y discriminación contra individuos o grupos, el apartheid de género va más allá: es un sistema estructural de exclusión y dominación con una intención ideológica clara. No se trata solo de políticas represivas aisladas, sino de un marco de opresión sostenido en el tiempo, basado en la supremacía masculina y diseñado para justificar y perpetuar la subordinación de un grupo sobre otro.

Esta distinción es clave para comprender la gravedad del apartheid de género y la necesidad de reconocerlo explícitamente en el derecho internacional. Es necesario que las mujeres que sufren este tipo de opresión tengan mecanismos efectivos de protección y que los regímenes que las oprimen dejen de actuar con total impunidad.

Si el apartheid de género fuera reconocido como crimen internacional:

  • Se podría enjuiciar a los responsables de estos regímenes por su papel en la segregación de las mujeres.
  • La comunidad internacional tendría mayor presión para actuar y tomar medidas contundentes.
  • Se establecerían precedentes jurídicos para evitar que este tipo de sistemas se mantengan impunes.
  • Se facilitaría la concesión de asilo y protección internacional para mujeres que huyen de estos regímenes, evitando que sean devueltas a países donde enfrentarán opresión sistemática.
  • Habría un mayor reconocimiento de la violencia estructural: Actualmente, muchas violaciones de derechos se abordan de forma aislada (como el uso forzado del velo o la prohibición de educación), pero reconocer el apartheid de género permitiría tratarlas como parte de un sistema organizado de opresión.

El reconocimiento del apartheid de género como un crimen internacional tendría un impacto crucial en la protección de las mujeres y en la rendición de cuentas de los Estados que lo practican. Sin él, se seguirá oprimiendo a millones de mujeres con total impunidad.

 

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