El 8 de marzo se ha consolidado en España como una fecha clave para denunciar las desigualdades de género y recordar una larga historia de lucha por los derechos de las mujeres. Cada año, miles de personas salen a las calles en esta jornada internacional para exigir igualdad real y el fin de todas las formas de discriminación y violencia machista.
Durante el franquismo, las mujeres se encontraron en una posición subordinada, con tan pocos derechos que ni siquiera podían trabajar o abrir una cuenta corriente sin el consentimiento de sus maridos. Fue en 1975, apenas meses antes de la muerte del dictador Franco, cuando se produjo una tímida apertura hacia la igualdad de género con la reforma del Código Civil. La eliminación de la licencia marital en ese año permitió que las mujeres casadas accedieran libremente al mercado laboral, marcando un hito en la emancipación femenina.

Manifestación convocada por la Plataforma de Organizaciones Feministas de Madrid, 1978. © EFE
¿Qué es el 8M y qué significa en España?
En España, como en muchos otros países, el 8 de marzo es una jornada de reivindicación feminista en la que se visibilizan desigualdades y violencias que siguen afectando a las mujeres. Cada año, manifestaciones, concentraciones, huelgas y actos simbólicos recorren las calles para denunciar la brecha salarial, la precariedad laboral, la violencia de género, la sobrecarga de los cuidados no remunerados, la escasa presencia de mujeres en los espacios de poder y otras muchas razones por las que el mundo necesita el feminismo.
Más que una simple efeméride, el Día de la Mujer en España se ha consolidado como un termómetro del movimiento feminista y del compromiso de la sociedad con la igualdad. En esta fecha se ponen en el centro las voces de las mujeres que sufren múltiples discriminaciones (mujeres racializadas, migrantes, con discapacidad, lesbianas y mujeres trans) y se recuerda que la igualdad formal en las leyes no siempre se traduce en igualdad real en la vida cotidiana.
Pero para entender qué significa hoy el 8M en España, es necesario mirar atrás y reconstruir cómo se ha llegado hasta aquí: de un contexto de casi ausencia total de derechos a movilizaciones masivas que marcaron la agenda política y social.

Numerosas personas participaron en la manifestación celebrada para conmemorar el Día Internacional de la Mujer, 8 de marzo de 1999. © EFE/Alberto Martín
Orígenes del 8M en España: del franquismo a la Transición
A mediados de los años setenta, en los últimos compases de la dictadura franquista, la sociedad española comenzaba a vislumbrar la posibilidad de liberarse de las restricciones impuestas durante décadas y de abrir una nueva etapa de derechos y oportunidades para las mujeres. Ese cambio, lento y lleno de resistencias, tuvo uno de sus hitos en 1978, con la primera manifestación autorizada en España por el 8 de marzo, Día de la Mujer Trabajadora.
Bajo el lema “Por un puesto de trabajo sin discriminación”, la plataforma de organizaciones feministas de Madrid exigió igualdad salarial, acceso a todas las categorías profesionales y formativas y la eliminación de la discriminación laboral. Las mujeres denunciaban el elevado desempleo femenino y se oponían al trabajo eventual, realidades que las afectaban de manera desproporcionada. En 1978, la tasa de actividad femenina era del 28%, frente al 75% de los hombres, según el Instituto Nacional de Estadística. Sin embargo, el 52% de la población española eran mujeres: nueve millones estaban dedicadas al hogar, unas 300.000 trabajaban en el servicio doméstico y un millón en la agricultura. Solo el 11% de las mujeres casadas tenía un empleo fuera de casa, un dato que evidenciaba la profundidad de las desigualdades estructurales que atravesaban el mercado laboral y la sociedad en su conjunto.
La respuesta de las autoridades a esta manifestación fue contundente. La Policía disolvió la protesta con botes de humo y balas de goma cuando las manifestantes intentaron continuar con ella, pero ni la resistencia policial de ese día ni la tensión de la época pudieron sofocar el creciente deseo de las mujeres españolas de luchar por sus derechos.
En estos primeros años de reivindicación feminista se fueron consiguiendo los primeros grandes cambios en la sociedad española a través de la despenalización del aborto, la libertad y educación sexual, la legalización de anticonceptivos y el divorcio. Con la instauración de los primeros gobiernos democráticos, comenzaron a llegar también las primeras victorias a nivel institucional. Una de las más importantes fue la creación del Instituto de la Mujer mediante la Ley 16/1983, fruto de la presión del movimiento feminista y de los debates de la Transición.

Se ve a una joven mostrando un cartel con el texto "Yo sí te creo". © Paco Freire/SOPA Images/LightRocket via Getty Images
Del Instituto de la Mujer a las grandes manifestaciones del 8M
En los años 90 y principios de los 2000, las reivindicaciones feministas se centraron en la erradicación de la violencia y los malos tratos contra las mujeres. Con la aprobación de la Ley Integral contra la Violencia de Género y un pacto de Estado, la sociedad española se movilizó en una lucha constante contra esta lacra, combinando medidas penales con acciones de sensibilización, prevención, detección, asistencia social y jurídica, así como tutela institucional y judicial.
Desde el año 2000 hasta 2016, las manifestaciones del 8 de marzo en Madrid mantuvieron una participación modesta: la cifra habitual se situó entre las 1.000 y las 5.000 personas, según datos de la Delegación del Gobierno. Solo en ocasiones puntuales se registraron cifras fuera de ese rango, como las 800 asistentes de 2002 (el mínimo del periodo) o las 9.000 de 2015 (el máximo). Incluso durante los años de agitación marcados por el Movimiento 15M y consignas como «la revolución será feminista o no será», las manifestaciones del 8 de marzo no lograron despegar.
Este panorama cambió de forma radical en 2017, cuando la cifra se disparó a 40.000 manifestantes, ocho veces más que el año anterior. En 2018, la participación volvió a crecer hasta las 170.000 personas, según la Delegación del Gobierno. El clima de indignación social generado por el juicio del caso de La Manada, cuya sentencia (que calificó la agresión grupal como abuso sexual y no como violación) se conocería semanas después del 8M, actuó como catalizador de la movilización feminista. Fue en este contexto cuando surgió la consigna “Hermana, yo sí te creo” y se popularizaron otras consignas feministas.
Un año después, en 2019, la asistencia alcanzó niveles aún más masivos, con entre 350.000 y 375.000 personas participando en las manifestaciones de Madrid, según datos de la Delegación del Gobierno. En 2018, las movilizaciones se habían complementado con una huelga feminista de 24 horas (la primera en España), en la que participaron más de 5 millones de personas según los sindicatos convocantes. En 2019, aunque no se repitió la huelga general, sí se convocaron paros parciales y estudiantiles que acompañaron unas manifestaciones históricas. Tras la pandemia, en 2023, se conmemoraron cinco años de aquella huelga pionera. Ese año, las diferencias en torno a la ley trans, la prostitución y la ley del «solo sí es sí» dividieron al movimiento feminista en Madrid y otras ciudades en dos manifestaciones distintas, aunque ambas convocatorias volvieron a llenar las calles en el primer 8M plenamente sin restricciones.

Manifestación por el Día Internacional de la Mujer en Madrid, 8 de marzo de 2019. © Adolfo Luján
¿Por qué sigue siendo necesario el 8M en España hoy?
Cada 8 de marzo, el movimiento feminista en España vuelve a situar en el centro del debate público la persistencia de desigualdades de género que atraviesan la sociedad. Los avances logrados en las últimas décadas, fruto de años de movilización y presión social, conviven con resistencias, retrocesos y nuevos desafíos que hacen imprescindible seguir ocupando el espacio público.
En pleno siglo XXI, las mujeres siguen enfrentándose a barreras sistemáticas que limitan su participación plena y equitativa en todos los ámbitos. Desde la discriminación en el mercado laboral y la brecha salarial hasta la violencia de género física, psicológica y sexual, pasando por la falta de representación en los espacios de toma de decisiones, los obstáculos siguen siendo estructurales.
Estas desigualdades no afectan a todas por igual. Las mujeres racializadas, las mujeres migrantes, las mujeres con discapacidad, las lesbianas y las mujeres trans enfrentan formas múltiples y cruzadas de discriminación, con mayores niveles de exclusión y violencia, lo que refuerza la necesidad de un enfoque feminista interseccional.
En este contexto, el 8M en España no es solo una fecha para conmemorar los derechos conquistados, sino una jornada de movilización para defenderlos y ampliarlos. También es un espacio para reconocer el legado de las mujeres que han impulsado el cambio social y para reafirmar el compromiso colectivo con una sociedad más justa e igualitaria, basada en los derechos humanos.
