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Siria: Nuevo ataque químico contra Alepo, un crimen de guerra

Un grupo de voluntarios realiza una simulación sobre cómo responder a un ataque químico en el norte de Alepo en septiembre de 2013. © JM LOPEZ/AFP/Getty Images.

La ciudad siria de Alepo ha sufrido un presunto ataque con gas de cloro, lo que constituye un crimen de guerra si se confirma, además de una alarmante señal de que las fuerzas gubernamentales sirias están intensificando el uso de armas químicas contra civiles, manifestó Amnistía Internacional el jueves.

El ataque, efectuado contra un barrio residencial de la parte de Alepo controlada por los grupos armados, es el tercero en que se registra el uso de armas químicas en el norte de Siria en sólo dos semanas, y, según la información disponible, mató a cuatro personas. Amnistía Internacional ha confirmado que al menos 60 más, en su mayoría niños y niñas, solicitaron atención médica con síntomas característicos de un ataque con gas de cloro.

 

“Este ataque de Alepo es una flagrante violación más del derecho internacional humanitario y un alarmante indicativo del uso continuado de armas químicas por parte de las fuerzas del régimen”, ha señalado Magdalena Mughrabi, directora adjunta del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y el Norte de África.

Este último ataque se produce cuando Rusia ha anunciado un alto al fuego de tres horas diarias en la ciudad, pues en algunas zonas se necesita desesperadamente ayuda humanitaria.

“Pedimos el cese de los ataques aéreos contra objetivos civiles en Alepo. Es imperativo poner fin de inmediato a los ataques químicos y demás crímenes de guerra. Pedimos también la libre circulación y sin restricciones de la ayuda humanitaria, para que llegue a las decenas de miles de civiles atrapados en el este de la ciudad”, ha añadido Magdalena Mughrabi.

“Tres horas al día para hacer llegar la ayuda es un tiempo claramente insuficiente dada la magnitud de la crisis humanitaria del este de Alepo y lo mucho que se tarda en realizar este tipo de peligrosas operaciones".

Amnistía Internacional ha hablado con un médico de Alepo que afirma que 40 de las 60 personas heridas en el último ataque son niños y niñas.

“Todas presentaban los mismos síntomas, principalmente tos y dificultad para respirar. Olía perfectamente el gas de cloro en la ropa de la gente”, dijo. “Nos quedaremos en seguida sin material médico si la frecuencia de los ataques continúa así".

En julio, las fuerzas armadas sirias rodearon, con respaldo aéreo ruso, el este de Alepo, que está controlado por grupos armados desde 2012. El sitio del gobierno dejó prácticamente aisladas a unas 250.000 personas, privándolas de alimentos y medicinas básicos y del combustible necesario para las ambulancias y los generadores de los hospitales.

Rusia efectúa ataques aéreos sobre Siria desde septiembre del año pasado para apoyar a las fuerzas gubernamentales.

El ataque de ayer se produjo en al barrio de Al Zibdiye de Alepo, situado a un kilómetro del frente.

Esta semana, los grupos armados han roto el sitio de las fuerzas gubernamentales, pero tras ello se han intensificado los bombardeos rusos y del gobierno contra la ciudad.

El 1 de agosto cayeron dos bombas de barril, que contenían presuntamente gas de cloro, en sendos barrios residenciales de la ciudad de Saraqeb, provincia de Idleb, donde según los informes resultaron heridos al menos 28 civiles.

Este ataque se produce casi exactamente un año después de que el Consejo de Seguridad de la ONU aprobara una resolución sobre el establecimiento de un mecanismo para investigar los ataques químicos en Siria e identificar a sus autores. Si se confirma que las bombas arrojadas ayer contenían gas de cloro se pondrá de manifiesto hasta qué punto las fuerzas del gobierno, así como otras partes en el conflicto, continúan violando de manera flagrante y con impunidad el derecho internacional humanitario.

Según información publicada por los medios de comunicación el 2 de agosto, se ha llevado a cabo otro ataque químico en Alepo. La Convención sobre las Armas Químicas prohíbe el desarrollo, producción, almacenamiento, transferencia y uso de armas químicas y obliga a los Estados Partes en ella a destruir los arsenales químicos. El uso de armas prohibidas, como las armas químicas, es un crimen de guerra según el derecho internacional consuetudinario.

Las fuerzas del gobierno sirio son sospechosas de haber llevado a cabo decenas de terribles ataques con gas de cloro y otras armas químicas contra zonas controladas por la oposición desde 2012, matando a centenares de personas y causando espantosas heridas a muchas otras. El derecho internacional humanitario prohíbe tales ataques.

En septiembre de 2013, tras la muerte de centenares de personas en presuntos ataques con gas sarín en Guta, a las afueras de Damasco, Siria se adhirió a la Convención sobre las Armas Químicas y el presidente Al Asad prometió destruir los agentes químicos prohibidos almacenados en el país.

Sin embargo, un año después, en septiembre de 2014, la misión de investigación de la Organización para la Prohibición de las Armas Químicas (OPAQ) encontró convincentes indicios del empleo sistemático y reiterado de una substancia química tóxica como arma en pueblos del norte de Siria.

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