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La tragedia de las inundaciones en Gaza, “totalmente evitable”, debe movilizar la actuación global para poner fin al genocidio de Israel

©Abed Rahim Khatib/Anadolu via Getty Images

La devastación causada por las recientes lluvias torrenciales en la Franja de Gaza ocupada, que provocaron la inundación de miles de tiendas de campaña y refugios improvisados, y el derrumbamiento de edificios, se vio agravada por las restricciones que continúa aplicando Israel a la entrada de suministros fundamentales para la reparación de infraestructuras vitales, ha dicho hoy Amnistía Internacional.

Han transcurrido más de dos meses desde el alto el fuego y, a pesar de las numerosas órdenes vinculantes de la Corte Internacional de Justicia y su opinión consultiva de octubre de 2025 sobre la obligación de Israel como potencia ocupante de garantizar el acceso a suministros esenciales y facilitar el trabajo del UNRWA y otros organismos de la ONU, así como de la reciente resolución de la Asamblea General de la ONU que reafirma dicha opinión y exige a Israel que cumpla con sus obligaciones legales en materia de ayuda humanitaria en Gaza, las autoridades israelíes sólo han permitido que llegue una cantidad sumamente limitada de suministros a una población que carece prácticamente de todo y vive en condiciones de privación extrema y en medio de una total destrucción. Esta es otra señal de que las autoridades israelíes siguen imponiendo deliberadamente a la población palestina de Gaza unas condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física, algo que prohíbe la Convención sobre el Genocidio.

“Se veía venir, no ha sido un accidente, sino una tragedia totalmente evitable. Las terribles imágenes de tiendas de campaña inundadas y edificios derrumbados en Gaza que hemos visto recientemente no pueden atribuirse únicamente al ‘mal tiempo’. Son una consecuencia previsible del genocidio que continúa perpetrando Israel y de su política deliberada de bloqueo de la entrada de materiales para refugios y reparaciones con destino a las personas desplazadas”, ha declarado Erika Guevara Rosas, directora general de Investigación, Incidencia, Política y Campañas de Amnistía Internacional.

“Las devastadoras tormentas de los últimos días han infligido aún más dolor a una población ya traumatizada y ha agravado el sufrimiento de los palestinos y palestinas, aún conmocionados tras dos años de bombardeos implacables y desplazamientos forzados. Saber que podría haberse evitado un desastre de esta magnitud si las autoridades israelíes hubieran permitido la entrada de materiales para refugios y otros materiales esenciales para la reparación de infraestructuras vitales es profundamente desolador. Israel debe levantar de inmediato su cruel bloqueo sobre Gaza y garantizar el acceso sin trabas a bienes esenciales, material de reparación y suministros humanitarios.”

Tras numerosos desplazamientos, con al menos el 81% de las estructuras destruidas o dañadas y con zonas de acceso restringido que ocupan casi el 58% de la extensión total de Gaza, la abrumadora mayoría de los palestinos y palestinas viven ahora en tiendas deterioradas o en refugios dañados, con las aguas residuales y las que provocaron las inundaciones desbordadas, expuestos al frío y a fuertes vientos, sin la atención médica adecuada ni los materiales necesarios para soportar el invierno.

Amnistía Internacional visitó la ubicación de tres edificios con daños que se derrumbaron tras las tormentas de la última semana en Bir al Naaja, el campo de personas refugiadas de Yabalia; Rimal y Sheij Radwan, dos barrios de Ciudad de Gaza, y habló con familiares de personas que fallecieron a consecuencia del derrumbamiento de edificios. En total, nueve personas fallecieron entre los escombros de tres edificios que se derrumbaron el 12 de diciembre. Según el Ministerio de Salud de Gaza, un día antes había muerto otra persona en el derrumbe de un edificio del campo de personas refugiadas de Al Shati. La organización también habló con siete personas desplazadas que viven en diversos campamentos improvisados de la Ciudad de Gaza, que se preparaban para otra semana de tormentas e inundaciones.

Obstáculos para la entrada de ayuda fundamental y suministros esenciales

Según un informe de urgencia publicado por una coalición de organizaciones humanitarias que trabajan en Gaza, desde el inicio del alto el fuego se ha bloqueado la entrada a Gaza de ayuda y otros suministros esenciales por valor de casi 50 millones de dólares estadounidenses, y se han rechazado al menos 124 solicitudes de ONG para llevar ayuda a la zona.

Según el UNRWA, las autoridades israelíes siguen impidiendo que este organismo lleve materiales para refugios y otros suministros esenciales para las personas desplazadas en Gaza. El 9 de diciembre, el UNRWA informó que tenía paquetes de alimentos suficientes para 1,1 millones de personas, y suministros para refugios para hasta 1,3 millones de personas en espera de que les autorizaran su entrada en Gaza, a lo cual las autoridades israelíes se negaban, violando con ello sus obligaciones con arreglo al derecho internacional. La necesidad de este tipo de suministros ha aumentado drásticamente tras las recientes inundaciones y el comienzo de la estación de lluvias.

El mes pasado, Amnistía Internacional puso de manifiesto que, aunque ha habido una limitada mejoría desde el inicio del alto el fuego, las autoridades israelíes continúan cometiendo genocidio contra la población Palestina de Gaza, pues siguen imponiéndole deliberadamente unas condiciones de vida calculadas para provocar su destrucción física. La organización documentó cómo las autoridades israelíes siguen prohibiendo la entrada de materiales necesarios para la reparación de infraestructuras vitales, como equipos esenciales para el tratamiento de las aguas residuales, el mantenimiento y la reparación de la infraestructura hídrica y de saneamiento, y advirtió del temor a que en invierno se produjera una catástrofe causada por el desbordamiento de aguas residuales.

Israel persiste en no levantar las restricciones que afectan a los suministros de ayuda esenciales y en incumplir las órdenes provisionales vinculantes de la Corte Internacional de Justicia respecto a proporcionar acceso sin trabas a la ayuda humanitaria, así como la opinión consultiva de la Corte sobre la obligación de facilitar el trabajo de la ONU en todo el TPO, todo lo cual indica que no se ha modificado su intención genocida en Gaza.

Un desastre previsible y evitable

Un hombre de 46 años, padre de siete hijos, contó cómo la tienda donde vivía con su familia en Tal al Hawa (Ciudad de Gaza) se había inundado completamente la semana pasada:

“Desde que supimos que se acercaba una tormenta intenté por todos los medios proteger de su impacto a mis hijos, uno de los cuales, de 12 años, tiene una discapacidad; Traté de reforzar mi tienda con nailon y añadiéndole más columnas de madera, pero se inundó totalmente [...] No tenemos adónde regresar; unas personas generosas nos donaron una tienda, pero esta semana va a haber otra tormenta y no sé qué voy a hacer. Estoy totalmente desesperado. Ver a tus hijos temblando de frío y no poder hacer nada por ellos es lo peor para un padre; me siento completamente impotente.”

Las restricciones sobre la entrada de ayuda humanitaria también han provocado una grave escasez de suministros para refugios, permitiendo que un reducido número de comerciantes autorizados por Israel a introducir mercancías se aprovechen de la crisis inflando los precios de artículos esenciales, como alimentos y tiendas.

Amnistía Internacional habló con Mohammed Nassar, cuyos dos hijos, Lina, de 18 años, y Ghazi, de 15, murieron el 12 de diciembre en Sheij Radwan al derrumbarse su casa, muy deteriorada, a consecuencia de las tormentas. Nos contó que la familia había huido en dos ocasiones al sur de Gaza para escapar de los bombardeos de Israel y mantener a sus hijos a salvo, pero que había regresado a Sheij Radwan después del alto el fuego. Vivían en la planta baja de un edificio dañado.

“Pensábamos que tener un techo significaba protección, privacidad y dignidad, sobre todo porque ya habíamos vivido en tiendas [...] Yo me sentía más afortunado que el resto. Para prepararme para la tormenta intenté cubrir las ventanas, que estaban rotas e hice algunas reparaciones”.

Según contó, había salido a buscar comida en la calle Al Jalaa y al regresar a casa vio a su esposa gritando delante del edificio de cinco plantas donde vivían, que se había derrumbado. Sus dos hijos, Lina, de 18 años, y Ghazi, de 15, estaban en la misma habitación cuando los pisos superiores se derrumbaron sobre ellos.

“Su madre pedía a gritos ayuda para rescatarlos, pero cuando los encontramos entre los escombros estaban totalmente destrozados. Lina acababa de aprobar los exámenes para matricularse en enseñanza superior (Tawjihi); Ghazi esperaba volver a la escuela. Ninguno de los dos pudo cumplir sus sueños. He mandado a mis otros tres hijos a casa de sus abuelos mientras busco un nuevo lugar donde refugiarme. Todavía no puedo asimilar que hayamos sobrevivido a los bombardeos y después mis hijos hayan muerto aplastados por culpa de la tormenta”, concluyó.

Los dos hermanos de Shadi Hannouna, Khalil, de 24 años, y Khader, de 18, murieron al derrumbarse un edificio sobre su tienda de campaña en el barrio de Rimal (Ciudad de Gaza) al amanecer del 12 de diciembre. La familia había instalado tres tiendas en la parcela de tierra donde había estado su casa, destrozada: una para él, su esposa y sus hijos, otra para sus dos hermanos y otra para sus padres.

“Sabíamos que se avecinaba una tormenta, así que intentamos asegurar todo lo posible las tiendas, pero ¿cómo aseguras una tienda? Nuestro mayor temor —rememoró— era que hubiera una inundación y nos ahogáramos. Temíamos especialmente por mis padres, que ya tienen una edad y no pueden aguantar tanto frío.

A eso de las 5 de la mañana del viernes, una casa cercana, ya deteriorada, se derrumbó sobre la tienda [de mis hermanos] [...] lo peor es que ahora no sabemos adónde ir; no tenemos futuro, ni horizonte [...] el invierno acaba de empezar y de repente hemos perdido a mis dos hermanos.”

“La devastación y las muertes provocadas por la tormenta en Gaza es una llamada de atención más a la comunidad internacional que han pagado con su vida personas que habían conseguido sobrevivir a dos años de genocidio de Israel. Los gobiernos de todo el mundo deben hacer posible urgentemente que Gaza se prepare para afrontar las duras condiciones invernales, presionando a Israel para que ponga fin al bloqueo sobre Gaza y levante todas las restricciones sobre la entrada de suministros vitales, como materiales para refugios, alimentos nutritivos y ayuda médica”, ha declarado Erika Guevara Rosas.

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